El Destapador: transgresión y vanguardia política

La dupla de realizadores José Luis Sepúlveda y Carolina Adriazola a la fecha tiene la filmografía más transgresora de la última década del cine chileno. Sepúlveda el 2007 sorprendió con su opera prima El Pejesapo, obra de culto extraña, delirante, imperfecta que recogía elementos del cine social de los años sesentas y una búsqueda personal en los márgenes antisociales. Carolina Adriazola, con tres cortometrajes -dos de ellos a destacar, Vasnia y Atzlan– construye un obra tan potente como la de su pareja, irónica y mordaz en la profundidad de los discursos de género y discriminación social. El 2009 co-dirigen Mitómana, película con un sentido del humor hilarante que extrema en los límites de la representación demostrando la gran habilidad de la pareja para dirigir actores. De este modo, El Destapador es la segunda co-dirección por parte de la dupla, grabada el año 2010 en Valparaíso y finalizada en 2012, en la cual los autores nos enfrentan a ideología y realidad, sus contradicciones y nuevos campos de batalla.

El Destapador introduce al espectador hacia el submundo de cuatro habitantes de una casa okupa: Lisette cuenta una relación lésbica a Ginesa, la habitante más vieja del hogar, quien demuestra sus rasgos homofóbicos frente al relato de su compañera. Alejo, el nuevo residente, discute y se cuestiona la falta de horizontalidad en el lugar mientras Fucsia o-kee-pa y street punk, manifiesta sus formas de protesta frente a la sociedad burguesa. La cotidianidad de estos cuatro personajes se expone en sus acciones, lo que genera contradicciones entre ellos.

La película contiene elementos que presentan una puesta en escena que juega con el híbrido, en lo que respecta al tratamiento documental en la ficción, límites cada vez más desdibujados en el cine de Sepúlveda-Adriazola. Rompiendo con clasificaciones, El Destapador  se resiste al igual que sus autores frente al discurso que intenta comprenderlo y definirlo.

Extrema en lo verosímil de la puesta en  escena, el no–guión alcanza su máximo nivel de desarrollo en las situaciones a las que se enfrentan sus personajes, improvisación no entendida como acto malogrado sino muy por el contrario, como una libertad construida, no exenta de tensiones e ira contenida. Entrevistas a cámara que pueden ser monólogos distanciados de carácter brechtiano, locaciones reales, el museo decadente de esta casa okupa, una colección estética que se contamina y corrompe, no actores que se representan a sí mismos con ciertas variantes, luz natural, planos secuencias, una dirección de arte que altera elementos mínimos de esta realidad okupa, los pensamientos del algún personaje sobre las acciones directas del otro. Absurdas situaciones que bordean el delirio y que estremecen por su crudeza, como el actuar de los personajes al ir a vender las sangre extraída de Fucsia para obtener dinero. Barroco estético que consolida un lenguaje  propio de un cine que se construye en los márgenes anti-sociales.

Sepúlveda-Adriazola exponen los individualismos, dudas y contradicciones de cada uno de sus personajes frente a su comunidad, plantean preguntas, cuestionan la realidad espiada por el cine. ¿Qué hay de transversal y revolucionario en esta forma de organización social? ¿Hasta dónde funciona la horizontalidad? ¿La forma de protesta es a puerta cerrada y en el propio cuerpo? ¿En los límites del sadismo y el placer subyace la libertad personal y comunitaria?

Pareciere que la corporalidad es la territorialidad donde se genera la transgresión. La recarga de lo físico y sus límites en lo performático, sádico y pornográfico, es el ángulo de la nueva resistencia.

La respuesta cultural de los márgenes

El Destapador apunta directo a  la mierda, los fluidos, los escombros y la sangre. La concepción cinematográfica de Sepúlveda-Adriazola es asumida como un proyecto de vida, el cine como respuesta a una relación dialéctica entre lenguaje, ideología y realidad, a una dimensión técnica de la construcción artística y la dimensión ideológica del significado. El cuerpo como intermedio entre pensamiento y acción. La realidad como lenguaje y experiencia, la acción de realidad como proceso semiótico.

Por Susana Díaz Berrios

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