Impresiones del Festival de Cine Recobrado de Valparaíso

Entre los días 3 y 8 de noviembre, tuvo lugar la décima sexta versióndel Cine Recobrado de Valparaíso cuyas líneas temáticas fueron: Simposio internacional sobre Raúl Ruiz, Retrospectiva de Harun Farocki, La Belleza del 35mm, Ventana documental Patrimonial, Muestra del Archivo Nacional y Funciones Especiales. Mi primera vez en esta hermosa y necesaria muestra, que busca restaurar la memoria a través de la recuperación de creaciones cinematográficas antiguas y de reconstrucción de historias pasadas, utilizando los medios tecnológicos y cinematográficos contemporáneos. Es así como dialogan películas en formatos análogos (35mm) y películas en formato digital, con un fin común: construir y recuperar el patrimonio audiovisual y cultural.

Un festival que hace eco en vidas pasadas, en historias ya ocurridas que calan en los recovecos del cine como un espejo incómodo de la realidad, me lleva a cuestionarme sobre el posible trazo conexo entre las películas que pude ver. Y no es más que eso y lo grandioso de eso: pensamos que los 100 y más años de vida de las imágenes en movimiento han tenido variadas transformaciones que se condicen con los cambios de la misma historia de la humanidad. Pero es ahí donde las películas nos provocan, incomodan, estremecen y conflictúan, ya que independiente a la data éstas siempre nos interpelan, nos hacen dialogar con nosotros mismos y sobre nuestro lugar en el mundo, en la historia. Moralmente, tecnológicamente, económicamente, en el lugar que ocupamos en la eterna cadena de producción y consumo.

Razones de sobra encontré para las muchas recomendaciones sobre el destacado cineasta Harun Farocki, me sorprendió la lucidez y provocadora osadía del director al ofrecer analogías entre la tecnología (avances) y la guerra (armas bélicas) en Reconocer y perseguir (2003) y, entre los presos y los consumidores en Imágenes de una prisión (2000). Quizás peco de simplista, pero creo que detrás de una no fácil ni accesible narración, el mensaje es sencillo y directo, no en un sentido fatalista, todo lo contrario, un llamado de atención a la aparente bondad de la ciencia y la tecnología,  cuestionando hasta qué punto crea lo que necesitamos, o crea lo que ella misma ha hecho que necesitemos. Inevitablemente me recordó a la Escuela de Frankfurt (Marcuse, Habermas, Adorno y Horkheimer, etc.) y sus cuestionamientos respecto al avance de una técnica aparentemente desideologizada.

Es posible relacionar Imágenes de una prisión (Harun Farocki) con Reformatorio de niños – película restaurada perteneciente a Pathé Films que data de 1907, también presente en el Festival – ya que en ambas se retrata algo de la vida dentro de dichas entidades. Aunque distintas en cuanto a los cuerpos a disciplinar, se trata de instituciones de individuos a normalizar y limitar, personas inadaptadas socialmente a un sistema perverso que las necesita inadaptadas. En este sentido, pienso en Ervin Goffman (en su libro Internados) y en el cine en tanto institución; hasta qué punto puede ser un potencial instrumento hegemónico, totalitario, o una herramienta para develar los mecanismos del poder.

Con respecto a películas que reflexionan y se esfuerzan por rescatar parte del patrimonio de Chile, el documental Los Jaivas, la vorágine (Marcelo Tapia, 2011) retrata el proceso artístico del grupo Los Javias, previo a su reconocimiento como tales. Destaco que son los originarios de la banda quienes cuentan su historia: Eduardo Parra, Mario Mutis, Claudio Parra, el fotógrafo y amigo Erich Jara y Pirincho Cárcamo, amigo y musicólogo. Hay un delicado tratamiento de los tiempos, de los silencios y las pausas, que considero un aporte. Aún así, se extrañó más agudeza e hincapié en lo que no conocemos de Los Jaivas, los archivos utilizados en la película muchas veces han sido expuestos en televisión: festival de vanguardia, concierto en Sala La Reforma, el paso de High Bass a Los Jaivas, etc. Un documental preciso en términos formales, pero escueto en información y contenido. Para quienes no conocen la historia de Los Jaivas, puede ser un buen acercamiento.

En Sin mirar (Patricio Muñoz, 2009) película sobre el poeta y fotógrafo Claudio Bertoni, considero que si no fuera por este atractivo protagonista, se trataría de un documental aburrido y mediocre, incluso insoportable a momentos por las descuidadas decisiones en cuanto al sonido, el corte de los planos, etc. No obstante, un personaje como Bertoni, tan atrevido y provocador, sin siquiera hablar, hace que el verlo en pantalla sea una experiencia entretenida y fresca – tal como él- pero sin duda, se debería haber aprovechado más.

La función especial de Campeonato Sudamericano de Box, Vicentini versus Fernández (1923), un hermoso y aportador registro sobre el Chile de los años 20, la importancia del box como el deporte más relevante de la época, en términos de lo que representaba cultural y políticamente: las relaciones diplomáticas con los países vecinos, la incipiente importancia de la publicidad, la sociedad masculina como la única autorizada para hablar y para “ser” socialmente en esa época, la ironía, casi “chaqueteo” como carácter intrínseco del “chileno”. Un documental muy característico del cine silente, cargado de intertextos, explícitos e irónicos, acompañado con la brillante musicalización en vivo a cargo del pianista Martín Joseph, hicieron de la proyección restaurada una experiencia muy vívida, probablemente no muy distante a la de su original presentación.

Por último, el documental Población Obrera (Rodrigo Fernández, 2011), una verdadera etnografía visual sobre el largo y complejo proceso de restauración de un edificio patrimonial ubicado en el cerro Cordillera en Valparaíso, de gran peso histórico por ser la primera vivienda social de Chile inaugurada en 1898, pero notoriamente deteriorada y en condición de informalidad e insalubridad. Un film delicado, dedicado, profesional y cuidadoso desde el primer hasta el último plano, sin fisuras, ni quiebres, coherente en forma y contenido y con una excelente fotografía, que narra la lucha de los residentes por transformarse en propietarios legítimos de este inmueble. Es una película que todos pueden disfrutar y un necesario reconocimiento a la organización de las y los pobladores en la lucha por mantener el sentido de comunidad y derribar los prejuicios que la han convertido en una zona estigmatizada.

Un festival particular, en el que están en constante relación el patrimonio, la memoria, el archivo, los testimonios, el patrimonio pasado restaurado, testimonios de patrimonio por preservar, en un edificio de contradicciones, donde se pone en juego la restauración y la modernización y todos las dilemas que esto supone.

Por: Carla Olivares

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