Informe: XXIV FICVIÑA. Competencia, muestras

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Cerrando una semana en el  XXIV Festival de cine de Viña del Mar, festival histórico que venía muy de capa caída en los últimos años pero cuya actual versión- encabezada en programación artística por Edgar Doll y en dirección general por Roberto Paulsen- ha dado un giro muy interesante, disminuyendo ambición abarcadora de competencia y ajustando criterios de retrospectivas y muestras a una programación de interés para los tiempos que corren. Las retrospectivas de Pablo Trapero, Albertina Carri y Geraldo Sarno, dos cineastas señeros del Nuevo cine Argentino así como el rescate de un activo cineasta proveniente del Cinema Novo (y cuyo primer filme el documental Viramundo ganó el Festival de Viña del Mar del 67), sumando la visita de teóricos del cine como Jorge La Ferla y Eduardo Russo para presentar el libro “Territorios audiovisuales”, entre otros elementos, nos hablan de un festival que quiere abrirse a los tiempos, el pensamiento y dejar atrás cierto tufillo de falso glamour y grandilocuencia.

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Competencia. Las tres ganadoras fueron una real sorpresa, al menos para quien escribe. El premio para mejor película internacional, Pena de muerte de Tevo Díaz (quien antes había dirigido un documental de culto sobre el poeta Juan Luis Martínez Señales de ruta), se trata de  de un barroco ejercicio de puesta en escena documental, que bordea la crónica policial, el found-footage e incluso la ficción.  El documental gira en torno a uno de los casos policiales más inquietantes que se recuerde en Chile: el caso de los psicópatas de Viña,  ocurrido durante la dictadura en la quinta región, caracterizado por una seguidilla de asesinatos con marcas de psicopatía y complejidad serial. Pero Tevo Díaz, por sobre realizar un documental expositivo e ilustrativo, multiplica la puesta en escena en muchos niveles, desde el registro del testimonio de dos peritos investigadores de clara intencionalidad irónica (con un trabajo de retrato, similar a los programas de televisión, tomando ese discurso para exponer su retórica), a la ficcionalización (que implica secuencias completas con actores, en un tono muy thriller, así como diversos registros en super 8 y 16 mm) hasta el exhaustivo uso de material de archivo que incluye: imágenes de la televisión regional cubriendo el caso, recortes de diarios e incluso archivo sonoro de radio. Díaz utiliza esto como un artista del collage, mezclando discursos, enunciaciones, situaciones por vía del montaje, con un fondo kitsch y barroco. Pena de muerte señala algunas hipótesis ligadas a la impunidad del poder y la relación de estos asesinatos con la dictadura; pero el documental gana fuerza cuando intenta retratar el clima de cierta cultura de los 80s, las calles residenciales de viña, la relación de estos asesinatos con la clase alta, el rumor y temor ciudadano por los asesinatos, así como el tratamiento amarillento del caso por parte de la prensa local. Pena de muerte suma al documental chileno ingenio y creatividad para la puesta en escena, y un tufillo noir que se agradece entre tanta talking head testimonial de buena consciencia.

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El premio especial del jurado y el premio de la crítica (donde participé)  fue para Las cosas como son de Fernando Lavanderos, quien con Y las vacas vuelan (2004) había dejado una estela de frescura con su juego de ficción/documental que muchos extrañamos durante este tiempo de ausencia. Las cosas como son– que, paralelo, gana competencia en Festival de Mar del Plata- confirma un director con talento y frescura al momento de contar una historia,  que sabe usar la improvisación para dar espontaneidad a los actores, así como un sentido del humor singular para imaginar las situaciones y los personajes. Aquí se cuenta la historia de Jerónimo, un estoico y distanciado personaje que vive su vida en un límite entre la apatía y el individualismo, cuidando y arrendando piezas en una casona perteneciente a su padre. Esto, hasta que llega Sanna, una noruega “bien- pensante” y algo ingenua, que viene a pasar un tiempo a Chile ayudando en una escuela de clase social vulnerable vía una ONG. El romance surge y un tercer elemento se interpone entre ellos: un chico de clase baja que trae Sanna sin autorización y que aumenta la desconfianza de Jerónimo, quien busca proteger su hogar y territorio. Esta fábula – de a tres- construye un triángulo de relaciones y tensiones entre los personajes que, sin dejar que ninguno de ellos sea “ideal”,  se mueve en los ejes confianza/desconfianza; seguridad/libertad; individuo/comunidad. Lavanderos convence creando un mundo compuesto de tiempos narrativos justos y reflexivos, con gracia y levedad, pero a la vez cierto aire estival, que también se encontraba en su filme del 2004. Profundiza aquí, una mirada sobre el individualismo del Chile actual, contrastando esto hacia el final con las movilizaciones sociales de los últimos años, y dejando, via Bazin,  que “lo real se cuele en la ficción”.

Un tercer filme, que sacó  mención honrosa merece destacarse dentro de la competencia, este es El tramo de Juan Hendel. Ascético documental de seguimiento a constructores de vías de tren ambientado enel paisaje del interior argentino con textos y reflexiones personales que se van intercalando entre secuencias. Dejando mucho tiempo a los planos, y con gran rigurosidad en el encuadre, de a poco el filme nos va generando un espacio mental y físico de desarraigo, silencio y soledad de la pampa. Hendel tiene talento para colocar la cámara, no ser redundante y concentrar el espacio fílmico. Hacia el  final, un vértigo nos empieza a recorrer el cuerpo: hemos percibido la duración fílmica.

Retro y rescate.

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Una sorpresa fue para muchos la retrospectiva de Geraldo Sarno, director brasilero, cercano al Cinema Novo, y que anduvo en Chile para el Festival de Viña del 67, donde ganó con su documental Viramundo (1965). La retro incluía el documental mencionado, la ficción Coronel Delmiro Gouveia (1978) y dos documentales más recientes:  Todo esto me parece un sueño (2007) y La última novela de Balzac (2010).  Con más de 15 filmes a su haber, y participación en diversos proyectos, Sarno es un sobreviviente de los 60s que aún tiene mucho para decir. Su inquieta mente parecía, en cada presentación, entregarlo todo y así quedó registrado en una entrevista que pude realizarle. Preocupado por las relaciones entre cine, literatura e historia, ya en Viramundo dejaba claro que su primer acercamiento a la cultura Brasilera era por vía de una comprensión compleja de la cultura del Sertão, al cual dedicó muchos cortometrajes documentales durante fines de los ´60 e inicios de los ´70, refinando aún más este reflexión con  Coronel Delmiro Gouveia ficción histórica sobre la relación entre la elite social, los procesos de producción, el primer capitalismo industrial y la masa campesina, que cierra con un montaje Vertoviano. El salto hacia sus últimos filmes- un salto cuántico- puede ejemplificarse con La última novela de Balzac cinta documental barroquista y creativa, cuyo primer impulso viene dado por el rumor de un psíquico que, conectándose con el espíritu de Balzac, habría escrito una novela dictada con claras referencias a la época, y que obsesiona a un especialista psicólógo y estudioso, que está convencido que es la última novela del autor francés. Por si esto fuera poco: la novela tiene referencias a las pinturas de un tal Potter, pintor de aires Goyanos, que obsesiona a otro imitador. Pastiche, ironía  y misterio se juntan este interesante filme-ensayo de un director tan creativo como fino en sus relaciones y re lecturas de la identidad cultural brasilera.

Por último, la oportunidad de poder ver Los testigos (1971) de Charles Elsesser, filme con una feliz historia de recuperación por parte de Cineteca Nacional. Un filme que tuvo también una complicada post-producción y  que retrasó dos años su estreno, según contaba Ignacio Aliaga durante la presentación. Lo interesante del filme de Elsesser es pensar el aporte en términos del desarrollo de ciertas temáticas y estilos de época- en diálogo directo con El Chacal de Nahueltoro y Valparaíso, mi amor- el de un cine de reflexión social, que, por un lado, establecía una continuidad iconográfica con el realismo, por otro, que indagaba en la exclusión y desigualdad social. Elsesser suma a esto un buen manejo de las tramas narrativas y los tiempos del drama, se dan cita aquí Los olvidados de Buñuel, pero también, el cine clasicista de Emilio Fernández y Elia Kazan. Un filme que deja rondando la pregunta: ¿y si hubiesen existido las condiciones de recepción para este filme en su momento?

Por: Iván Pinto

 

Training & Networks

Asistí a las charlas de la sección Training & Networks del Festival de Cine de Viña del Mar, donde se exhibieron una serie de proyectos de largometraje, donde uno de los que más me sorprendió por la propuesta y que hizo que mi imaginación volara acerca de las posibilidades que tendría cuando tomara forma final es el de Hola Ulises, soy Paulina, de la realizadora Paulina Soto y el colectivo Familia Asp. Proyecto documental a modo de búsqueda, con pinceladas de auto-biografía, la historia trata de la realizadora misma, Paulina, quien es obesa y que no ha tenido mucha suerte en el amor. Ella se enamora por Internet de un tal Ulises Fuentes, arreglan una cita real y ella no asiste, por miedo, por vergüenza a su cuerpo. La idea de Paulina es buscar a su amor virtual en el mundo real, contaba que hay tres Ulises Fuentes en el país y que los visitará con la esperanza de encontrarse y presentarse ante él, pero para entonces, ella habría pasado una serie de pruebas de amor (como las llamó): bajar de peso entre otras cuestiones. En cierta forma me recordó por lo que ella decía a algunas obras como A complete history of my sexual failures de Chris Waitt o algunos de los cortometrajes de (des)amor del español León Siminiani, por lo que me pareció que las capacidades expresivas de la obra permitirán mucho juego con el aspecto audiovisual, y viendo las obras anteriores de ella, creo estar en lo correcto. Ahora, para mi completa sorpresa, el jurado del Training & Networks la designó ganadora, premiándola con US$2.000, por lo que sólo nos queda desearle mucho éxito en los próximos certámenes a los que asistirá como el Laboratorio Experimental del Festival de Cine B o el Taller de Pitching de Documentales de Atlantidoc.

Por: Pablo Molina Guerrero

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