In another country: azar, metaficción

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In another country parece una película hecha para la actriz Isabel Huppert. Recortada en tres historias, las cuales tienen en común el tema de “la extranjera” de visita en un pueblo, con la misma actriz, haciendo tres personajes con el mismo nombre (“Anne”). Huppert puede con eso: cada personaje parece tener un universo propio y una tema a resolver: la directora francesa que prefiere mantener las distancias; la amante que queda en la eterna espera; una mujer recién separada que aún parece estar buscando algún destino. En cada historia una galería de actores y personajes se repiten y encajan como rompecabezas de acuerdo a las necesidades. Hong Sang-soo demuestra maestría en este juego que está entre el azar y las cajas chinas, utilizando y re-utilizando algunos diálogos en cada una de las historias, pero que cambian de sentido y significación. Como Rohmer- sin duda un referente- H. Sang-soo juega con ciertas tipologías, caracteres y situaciones posibles de acuerdo a cada historia, estableciendo variables a nivel de relato sobre un mismo tema. Aquí, el personaje clave, es el de un joven salvavidas, que entre la torpeza y la entrega, se vuelve objeto amoroso. Aquí Sangsoo pone también el tema de la barrera idiomática, y la torpeza de la comunicación, poniendo en prioridad el gesto y el juego /confusión entre lenguas (koreano, inglés). De forma dulce, sutil, se construye una comedia de situaciones en base a estos (des) encuentros, que son siempre en torno a expectativas- de un personaje- y sus impedimentos. H. Sang-soo filma una fábula en un espacio de veraneo pero nublado, el paisaje tiñe de un ambiente estival, aunque haya poco sol,  su tratamiento del plano- y esas duraciones que cortan antes de llegar al tedio y muy al servicio del relato- se ajustan al tono leve, desdramatizado, siempre jovial de sus historias.  Otro recurso usual en sus películas es el uso de un zoom enfático, muchas veces sin sutileza, que recentra sus objetos para luego abrirse al espacio desde un zoom back (esto le ha llevado a tener el apodo de “Hong sangzoom”, de acuerdo a Raúl Camargo), es como si fuese un elemento de contraste que remarca la presencia del aparato fílmico, un artificio que sostiene el clima naturalista del film.

A esto se suma otro nivel, que es algo recurrente en sus películas anteriores, que es el juego con la metaficción. A decir verdad, las tres historias poseen estos elementos, dados no a partir de el guión si no de el juego con elementos, personajes, escenas, diálogos, que van situando una relación “metatextual” con el espectador, una complicidad que pasa de la identificación al juego con el relato, cosa que los “zoom” mencionados subrayan. Es un juego virtualizante, que en el caso de In another country está dado por un relato inicial que es el de un personaje que imagina estas historias, una conciencia imaginante. La fuerza de la diégesis nos sumerge en el universo ficcional que nos propone Hong Sang-soo, lo más bello de todo, es que es la elección del espectador la que funciona como enganche a este mundo cinematográfico.

Iván Pinto

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