Memorias, rescates (2): Good Bye Allende

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El documental Good Bye Allende, de la directora chilena Marianela Fuenzalida, acaba de estrenarse, tras cuatro años de producción. En medio de la conmemoración de los 40 años del golpe de Estado y como una más de las muchas y variadas formas de hablar de ese acontecimiento desde la vereda del homenaje, surge este trabajo que se inicia y concluye con la voz de Allende en su último discurso aquel 11 de septiembre, y ese hilo de voz, será el factor unificador de las escenas que lo componen. Sin duda, para cualquier cinéfilo -e incluso para quien no lo sea tanto-  el título de este filme es una inevitable evocación de aquella película alemana del año 2003, dirigida por Wolfgang Becker, “Good Bye Lenin”, con la diferencia no menor que en este último caso se trataba de una ficción.

Este documental chileno se sitúa desde el presente y relata ciertos acontecimientos ocurridos en el Chile de los últimos tres años. Los primeros relatos que expone este trabajo, se asocian a muertes emblemáticas del Golpe y de la Dictadura que le siguió. Una cámara respetuosa en medio de la ceremonia de entrega de los restos de algunos miembros del GAP a sus familiares, atestigua cómo, pasados 40 años, el dolor es el mismo. Otro tanto se hace con las víctimas de Lonquen, asesinadas el mismo año 1973 y finalmente aborda el caso de Natino, Guerrero y Parada asesinados en 1985 y de cómo hoy se les recuerda con una velatón en el lugar en el que fueron secuestrados, en una de las secuencias más bonitas y emotivas del filme, con la vibrante música de Luis LeBert. En todos estos casos, y en lo que será la tónica del resto del documento, el registro es sin intervención, la cámara  es un asistente más de los eventos públicos en los que ella pasa inadvertida…

Una vez removida la conciencia por el penetrante impacto presente de estos hechos del pasado, el documental cambia su aparente curso y de simples testigos nos lleva, como espectadores, a otro tipo de trinchera. Y la directora decide dejar de lado la evocación, para centrarse en algunos eventos políticos y sociales de absoluta actualidad, de esos en que nos cabe a todos un papel protagónico, querámoslo o no. Los testimonios que se recogen son pocos y provienen en general de los mismos protagonistas de cada hecho o manifestación pública que se documenta, sea un paro de profesores, la toma de un colegio, una protesta en la calle. Se escuchan declamaciones contra el neoliberalismo de personas comunes y corrientes que viven día a día la necesidad un sistema más justo.

El análisis de un trabajo como este puede dar lugar a muchos y no pacíficos debates. Siendo este un foro de y para el cine, habrá que estarse a esta mirada. En ese sentido, la realidad que se documenta no es tanto la protesta, la marcha, la huelga de hambre, la toma de un colegio ni la represión sino el que todos estos acontecimientos obedecen a un mismo origen: la necesidad de una manifestación social. En otras palabras, no se trata de la exposición de sucesos que ignoremos o que nos sean desconocidos y cuya revelación le debamos a este trabajo. Lo que hay es una recopilación de sucesos ordenados en base a su común denominador: la aparente crisis de un sistema. Una suerte de diagnóstico de lo que como país nos estaría pasando, esa aparente terminal crisis del sistema en que crecimos. Sin embargo, en esta narrativa no hay análisis, no hay información, no parece haber más investigación que saber dónde y cuándo ocurrirán las cosas       -ciertas cosas que interesan- y asegurarse de estar allí. Hay una exaltación de la denuncia, de la queja, de la ira incluso. Sin que se trate de un verdadero contrapunto, puestas ambas partes en igualdad de condiciones, las veces que se da tribuna al sector opuesto se le hace ver ridículo y las risas no surgen precisamente con esfuerzo.

Desde el punto de vista estrictamente cinematográfico, el aporte de este trabajo es más bien pobre y limitado; su mérito está en ser una pieza que puede encajarse en la filmografía dedicada a la temática política de los últimos 40 años, sin recurrir a la memoria efectiva del registro de una época, es decir, no es otra pieza más de archivo, sino que registra desde las calles y entre las gentes del hoy. Es un documental del tiempo presente, un documental sobre la utilidad de la memoria, haciendo del recuerdo una proyección para el futuro. Pero este mismo rasgo es a la vez su debilidad, porque mucho de lo valioso que puede tener se diluye inevitablemente cuando pasa de ser un documental a un documento de propaganda, restándole valor y credibilidad al medio en pro de un contenido superficial, inclinado sin ningún disimulo. El recuerdo es puesto al servicio de una proclama. Una cosa es evidente, ese pasado cuya imagen sepia se omite, nos afecta y divide aún hoy, por eso este documental no les sirve a todos, porque no amplia ni expande la mirada ni el conocimiento, ni abre nuevos enfoques a la discusión.

Por último, hay una doble ironía en el título de este trabajo: Por un lado porque ciertamente, desde la perspectiva del filme, nadie está siendo engañado ni a nadie se le trata de mantener tras el velo de una mentira, para disfrazar un fracaso como ocurre en Good Bye Lenin, por el contrario, el mismo régimen que en este último filme está claramente perdido, aquí se plantea como volviendo de las cenizas. La otra ironía, tal vez más deliberada, se da en que la figura de Allende en el Chile de hoy, para muchos está lejos de haberse ido o estar camino al olvido, y entonces el discurso cinematográfico termina siendo un verdadero anuncio. Más que Good Bye Allende, es evidente que la frase que palpita debajo y el título que mejor explicaría el real sentido del filme, sería más bien Welcome back…Allende.

Por: Elena Valderas

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