The Punk Singer y Pussy Riot : A punk prayer; Dos documentales sobre Arte y Revolución #ineditnescafe

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The Punk Singer ( Sini Anderson, 2013) es el documental definitivo sobre Kathleen Hanna, vocalista y líder de Bikini Kill, banda feminista pionera en introducir la música punk en una movida de género con claros discursos políticos sobre la libertad de las mujeres, la violencia ejercida sobre ellas y su sexualidad, todo esto dio vida a Riot Grrrl, un movimiento de punk rock feminista que pegó fuerte en los años noventa y que logró convertirse en un fuerte referente para levantar la voz de miles de chicas silenciadas en todo el mundo. Kathleen Hanna no es solo una cantante de música punk, se trata de una artista que llevó a los escenarios activismo, arte y revolución. El movimiento Riot Grrrl fue acompañado de una propuesta de arte radical y revolucionaria, el ruido llevado a lo performático y político de la mano de fanzines que dejaban el testimonio escrito de esta revolución femenina. Revistas hechas con fotocopias expresaban ideas, letras de canciones, pinturas, fotografías, collage y donde fue publicado por primera vez su manifiesto.

 

Punk Singer cuenta con la total entrega de Kathleen Hanna y crea un documental que logra sintetizar su carrera, logros, rupturas, problemáticas y amistades forjadas en el camino. Una larga odisea, ensamblada de manera ágil por medio de un montaje que ha ritmo frenético y de corte retrospectivo en la primera mitad del metraje, deja atónito al espectador siguiendo el tempestuoso y desgarrado ritmo de las interpretaciones de la banda Bikini Kill, encabezadas por la vitalidad de su vocalista, proceso que no da respiro pasando también por sus proyectos Le Tigre y actualmente Julie Ruin. En la segunda parte del metraje el ritmo se torna más pausado, nuestro personaje abre las puertas de su casa y su intimidad para mostrar su matrimonio con uno de los Beastie Boys (Adam Horowitz) y da testimonio de una enfermedad mal diagnosticada que por casi cinco años la tuvo fuera de los escenarios, receso obligado que la llevó a renunciar a lo que musa más amada: la música. En la narrativa también circulan otras legendarias mujeres en la historia la música: Kim Gordon, Joan Jett, Tovi Vail y Sleater Kinney, quienes dan testimonio de la entereza  de la cantante.

 

Punk Singer es una película inspiradora, emotiva, amena y apasionante, da la  profundidad y amplitud necesaria para comprender a una gran mujer, Kathleen Hanna, y a todo una movimiento que, sin tapujos, negó la cultura dominante asignada a lo femenino para concentrarse en lo directo y lo mediato constituyendo un modo radical de acción directa en el campo de la creación y el activismo  político.

 

Pussy Riot: A punk  prayer

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El documental Pussy Riot: A punk prayer ( Mike Lerner, Maxim Pozdorovkin 2012) se concentra en el proceso judicial que experimenta la agrupación  rusa de música  punk feminista Pussy Riot, quienes saltarían a la fama mundial el año 2012 por ingresar a la catedral de Cristo Salvador en Moscú cantando y bailando en el altar una coreografía en contra de Vladimir Putin. Luego de esta acción de casi un minuto, tres de sus integrantes son acusadas de vandalismo y condenadas a dos años de cárcel.

 

La película se inicia con la cita de Bertolt Brecht, “El arte no es un espejo para reflejar el mundo, sino un martillo con el que darle forma”. La vitalidad de la agrupación Pussy Riot se concentra en una canción en contra de Putin, proclamando el desafío que suponía jugar todas las cartas aquí y ahora, la inmediatez es el elemento fundamental de su acción, un golpe rápido y directo; más que una banda feminista de punk es una colectivo de agitación política. Y así también los comprenden los documentalistas que logran registrar la acción de arte más exitosas de los últimos tiempos develando a través de un juicio mediático la irracionalidad de un estado que impone castigos duros y excesivos a quienes se muestren en su contra.

 

El documental toma un punto de vista a favor de la agrupación, recoge momentos clave del proceso judicial de Nadezhda, María y Yekaterina, también perfila a las tres mujeres y sus motivaciones políticas al hacer un seguimiento a otras acciones de arte realizadas por el colectivo y al ensayo de lo que sería su actuación en la catedral. Están los testimonios de los progenitores de las implicadas para brindar un incondicional apoya a sus hijas, se añaden manifestaciones callejeras con adherentes y retractores a la banda. Aparecen también los monjes ortodoxos hablando de la quema de brujas, un todo delirante y absurdo que pone sobre la mesa que más de un siglo de cambios culturales no han servido de nada frente al poder y su impunidad.

 

Esencialmente el punk no surgió realmente como música sino es una actitud, y esto  lo comprenden muy bien Pussy Riot en su negación al conformismo, de la misma manera que el anti-arte fue el arte para los dadaístas.

 

En este sentido, establecer un paralelismo entre estos dos documentales me parece interesante. Si bien Punk Singer se centra en Kathleen Hanna y Pussy Riot: A punk  prayer en el proceso judicial de la agrupación, ambos registros hacen reflexionar sobre los cambios culturales generados por mujeres capaces de escarbar en sus entrañas creando verdaderos explosiones de libertad. 

Susana Díaz

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