Informe XXI Ficvaldivia (2): Turist (Ruben Östlund, 2014)

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Muchas de las críticas que hacen referencia a esta película hablan sobre cómo esta palidece cuando se le compara a otra con una trama y aparentemente un conflicto mucho más interesante, The Loneliest Planet (2011), que cuenta con la actuación de Gael García Bernal. Pese a no haber visto esa cinta pero sí esta versión sueca, puedo decir que si logra poner en escena un par de temas muy interesantes, y aunque su resolución final no es lo mejor que tiene, sí logra presentar un grupo de actuaciones y personajes que determinan una nueva manera de entender la masculinidad moderna.

También es un nuevo paradigma, una película con una atmósfera completamente cerrada, pero en un ambiente abierto, mayoritariamente al aire libre: en un campo de esquí en Francia una familia de origen sueco viene a pasar una semana de vacaciones, aprovechando los días libres del padre de familia. Rápidamente las grandes tomas de la nieve, las máquinas aplanando el terreno, las explosiones programadas para causar avalanchas controladas, dan la idea de un espacio enorme, frío y a la vez muy abierto, pero que al mismo tiempo está concentrado en un solo espacio: la pieza donde se está quedando la familia.

A la distancia en varias tomas podemos ver cómo la de ellos pareciera ser la única pieza habitada, donde ellos parecieran ser los únicos en la pista de esquí, para luego verse rodeados por seres humanos en los espacios comunes, una dicotomía interesante a analizar. Sin embargo hay elementos que aún no he logrado solucionar del todo, como la constante presencia de un auxiliar de aseo, que pareciera estar siempre presente en los momentos más tensos de la historia, observando y juzgando en silencio.

La cinta produce mucha tensión en varios momentos, pero principalmente en la escena de lo que se ha denominado “el momento”, que provoca todo el conflicto, cuando una avalancha programada parece acercarse a la familia mientras almuerza, provocando que el padre de la familia salga arrancando, dejando atrás a su mujer y dos hijos. Durante el resto de la cinta toda conversación, toda mirada y conflicto se basará en esos breves segundos, tensos, y que vienen a reiterarse en lágrimas simples, lágrimas histéricas, risas desesperadas e insomnio.

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La precisa fotografía y el posicionamiento de la cámara habla de un perfeccionismo preciso, relacionado con este mundo de clase elevada, pero que se ve enterrado en esta discusión sobre sobrevivencia, sobre el rol del padre, el rol de “el hombre”, teniendo en la misma película una discusión filosófica/sicológica/sociológica sobre el concepto de “héroe” y lo que ha determinado en el actuar de los hombres y lo que pensamos como sociedad de quienes se sacrifican por el resto.

Así la cinta se revuelve en ese ámbito de la caída y la vuelta de la masculinidad, de cómo el padre termina, por unos días, con su propia figura masculina frente a su esposa, sus hijos y sus amigos. Es una persona que termina dañada en su ego, una persona eminentemente desagradable, pero que a su vez revela que el resto es tanto o más desagradable que él. Todos están equivocados, no existe lo masculino, y ese exterior, fumador y autodenominado héroe es sólo una máscara, una que nadie se atreve a quitar por miedo a descubrir el horror de la realidad, de esas lágrimas lastimeras que son el suicidio del yo.

Jaime Grijalba

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