Informe XI In-Edit Nescafé (7): Temas, tratamientos y balances

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Paseo por algunos filmes vistos en el XI In-Edit Nescafé. Intento de balance de temas y tratamientos.

Retrospectiva  Matt O ´Casey: Tubular Bells (2013) +Blondie, one way or another (2006)

O´Casey tiene oficio y cierta llegada y fluidez con sus entrevistados. Ambos documentales “cumplen” con el repaso melómano de trastienda, así como el abordaje de cierto contexto en que surgen sus respectivas propuestas. El caso de Mike Oldfield y Tubular Bells se trata de un disco único en la historia de la música al ser un disco instrumental, complejo y progresivo de temas de 30 minutos y más que logró entrar en la lista de discos más vendidos de la década del setenta. Una época más abierta, donde el disco de Oldfield podía estar cerca de uno de Pink Floyd en los charts de BillBoard. El documental registra la personalidad introvertida y completamente ajena a las declaraciones del autor. Así también la presión discográfica por sacar un segundo disco a la altura, cosa que fue más bien imposible para Oldfield, debido a que Tubular Bells concentraba años de trabajo, y por otro, la perdida de rumbo del artista al “cambiar” de giro en dos ocasiones en su carrera. Algunos aciertos:  encontrarlo hoy, por un lado, reconfortado con su pasado y reconocido incluso p en la inauguración de los Juegos Olímpicos, otro acierto es el momento en que recrea parte del disco para la cámara.

En el caso de Blondie… es más bien un repaso por la historia de la banda, el lugar de Debbie Harrie como iconoclasta frontwoman, “rubia deseada” pero a la vez transgresora y agresiva, poniendo el lugar del deseo femenino en las letras. Habla también de la estafa por parte de discográficas que según el documental los tuvo en la ruina y es lo que los motivó a regresar hacia la década del noventa. Un acierto: el registro de los músicos no incluidos en el retorno, picados en el momento del Hall of fame.

Lo que me pasa con O ´Casey es que es televisión, y hay que preguntarse por el estatuto del lenguaje televisivo en el abordaje de estos materiales, a veces de demasiada rápida y funcional edición que no permite profundizar en aristas, llegando a ser una especie de “un poco de todo” con tratamiento “cabeza parlante” (No siendo el caso el de su documental sobre Queen, otra cosa, como vimos en la entrevista que le hicimos).

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Tenía expectativas con We don´t wanna make you dance (Lucy Kostelanetz, 2013), que pondríamos en el ya clásico género de “banda rescatada del olvido” en este caso Miller, Miller, Miller & Sloan, chicos adolescentes blancos fanáticos del funk, creativos geniecillos que nunca se compraron “el cuento” y más bien se juntaban por diversión aunque lograron presentarse en CBGB, hicieron sus propios videoclips y existieron por más de 15 años, pasando por diversas etapas, incluso una más R&B media hip hop. Los primeros 50 minutos son fascinantes y es todo mérito de la directora: registros en 16 mm de sus primeros años y dos entrevistas, una en los ochenta y otra en los noventa sobre sus expectativas y deseos de la banda, aire melancólico y adolescente que luego llega a su época contemporánea, señores cuarentones y ya con familias, que han abandonado la idea, cada uno en momentos distintos, entre negocio informático, pequeña productora audiovisual y uno subsistiendo como cantante soul electrónico en páginas de internet. El documental sería el registro del sueño de la banda adolescente, sueño que logran cumplir muy pocos. Aqueja de ritmo y también de resolución hacia el final.

Spandau Ballet: soul boys of the western world (George Hencken, 2014). Excelente y divertido trabajo de montaje, narrado por los propios Spandau Ballet, un repaso de sus primeros años, y diversos intentos por “pegarla” en escenas diversas (punk, new wave, glam), hasta que con la aparición del disco, las influencias previas y su gusto por la moda chic, instalan el llamado “new romantic” un pop frívolo que logrará durante años ser el gusto de masas de la era Thatcher. Con cierta reivindicación de clase (los chicos son de origen obrero, y ellos definen su música desde ese origen), y nunca explicación de “fondo” de su estilo, lo cierto es que el film termina como muchos de estos documentales con el “esperado regreso”.

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Nas: time is illmatic (One9, 2014). Para quienes vimos el año pasado el documental de A Tribe called Quest, este podría ser un contrapunto obscuro, marginal y menos festivo. El disco es considerado uno de los álbumes punteros de la década del noventa, de clima más denso, aire jazzy y letras filosas y profundamente arraigadas en la experiencia de la calle y  el barrio de Queens, lo emocionante del documental es la “toma de voz” para narrar la historia, o en nombre de la historia de aquellos cuya única salida parece ser la droga o la delincuencia sustentado en una sociedad norteamericana aún racista, discriminadora y desigual en su base (para ello ver solamente la historia de Queens como barrio). El documental narra la historia de este disco y muestra el talento de Nas inscrito en esta experiencia, y es desde ahí desde donde surge su forma y estilo de rapeo, su novedad es nada más que la precisión con que intenta expresar cierto “sentimiento” marginal a la vez dar a reflexionar sobre sus motivos y rabia contenida. Cierra con un emotivo rescate por parte de la universidad de Harvard, creando una beca para jóvenes de barrio con talento para el rap. Todo un logro para alguien que tempranamente dejó la escuela.

Slint: Breadcrumb trail (Lance Bangs, 2014). Documental de un “fan” de Slint y de su disco “Spiderland”, como he comentado, un disco que surge hacia la década del noventa que se mantendrá como el secreto mejor guardado del indie hasta el surgimiento del llamado “post-rock”, hacia fines de esa década. Disco de culto, el documental indaga en la historia de como se hizo, las relaciones con Steve Albini (uno de los fans contemporáneos de la banda y amigo), Will Oldham, entre otros, así como el extraño y curioso carácter de sus integrantes. Con poco punto de vista, un alargue de poco interés y algunas secuencias al estilo “Jem Cohen” con las piezas, es un documental de fan y para fans.

Termino con la única ficción que ví, Metalhead (Ragnar Bragason, 2013), película islandesa con un tratamiento visual interesante en torno a una adolescente metalera que vive en un pueblo donde no pasa nada y se refugia en la escucha y estilo de vida del metal. Con el “a priori” del encanto melómano adolescente y el culto del estilo, aún con un acierto en saber leer códigos y vincularlo incluso al Black Metal, todo el relato gira en torno a la “desadaptación” adolescente que se resuelve hacia el lado familiar, sin mucha más vuelta.  Suma a una lista aún pequeña de películas en torno al mundo del metal. Aún creo que puede haber algo más interesante.

Iván Pinto Veas

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