Ciclo UC Dirigido por mujeres: Lazos de sangre (Debra Granik, 2010)

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La búsqueda del padre ha sido fuente constante en la imaginería de la literatura universal. Tan sólo basta recordar La Odisea, en donde Telémaco va en busca de Ulises tras largos años de ausencia por mares y costas peligrosas; o Pedro Páramo, en donde Juan Preciado le promete a su madre en el lecho de muerte que buscará a su padre en un pueblo fantasma para reclamar lo que les pertenece. Tal vez la alusión al clásico libro de Juan Rulfo no sea del todo aleatoria, si pensamos que lo que busca Ree Dolly, la protagonista de Lazos de Sangre, es algo bastante parecido a un alma en pena, un fantasma que no deja descansar en paz a sus congéneres.

La historia es, a grandes rasgos, la siguiente: Ree Dolly (Jennifer Lawrence, en su mejor papel hasta el momento que escribo estas líneas) es una chica de 17 años. Vive junto a sus dos hermanos menores y su madre, una mujer con rasgos cercanos a locura, en un pequeño pueblo de Missouri. En medio de un lugar inhóspito y frío, habitan en condiciones cercanas a la inopia: apenas un caballo que no pueden alimentar, una pequeña cabaña de madera, y las privaciones generales que los hace vivir el día a día sin otro afán que matar conejos en el bosque con los cuales poder alimentarse y cortar leña para guarecerse del frío.

¿Las cosas pueden ir peor? Sí. Reciben la visita del sheriff que les informa que su padre, un hombre drogadicto y ausente, ha sido acusado de trafico de “crack” por el tribunal del condado, saliendo bajo fianza bajo la garantía de la casa como forma de pago en caso de que desaparezca. Ante esta dramática situación, Ree decide, no sin dificultades, ir en busca de su padre para evitar el embargo del hogar que cobija a su disfuncional familia. En medio de esa búsqueda comenzará a conocer el lado más oscuro del pueblo en el que habita: todos conocen al hombre que ella busca, pero nadie admite haberlo visto o, definitivamente, sugieren que ha muerto. Ella no se deja abatir y advierte los engaños, las mentiras y la violencia de la que es víctima como una forma de amedrentar el descubrimiento de la verdad de los hechos.

Todo esto haría pensar que estamos ante un thriller policial o de suspenso, pero en realidad la película se adentra en una zona bastante más turbia: se trata de poner en evidencia la recóndita forma de vida que se halla en esa “Norteamérica oculta”, sacar a la luz esas comunidades interiores que habitan no ya en el “sueño americano” sino en ciertos crímenes silenciados por la propia comunidad. Son pueblos que han vivido alejados de la Historia actual, un tanto desfasados, perdidos en un tiempo pretérito en donde la ley es un estorbo para el correcto funcionar de sus habitantes. Lugares anclados en una suerte de western de fin de siglo, en donde la ley del más fuerte es la única ley posible.

En ese ambiente Ree Dolly se abre paso para evitar la inminente desgracia que significaría perder su casa debido a la huida (o el extravío, o el asesinato, nadie sabe) de su padre. Conocerá los móviles que definen a sus parientes y vecinos, llevará hasta el límite las pesquisas de búsqueda y la adversidad verá peligrar su vida. Mientras tanto, su padre es un fantasma que molesta las conciencias de la comunidad, un espectro que es necesario dejar en paz para evitar descubrir algunas realidades que necesariamente deben permanecer ocultas. A pesar de toda esta “jauría humana” que envuelve al film, Ree podrá encontrar un oasis de valores permanentes que le permitirá sobrevivir como una excepción siempre dispuesta a alterar la realidad de su mundo, aún a cuestas de futuras incertidumbres. Lazos de sangre es una película que pasó desapercibida en el momento de su estreno. Ahora que Lawrence es una estrella del firmamento fílmico, no es mala idea regresar a los orígenes de su carrera y descubrir que, detrás de ese rostro y ese cuerpo que se empeña en sagas juveniles, hay una actriz de carácter amplio y variado, habilidosa tanto en la tragedia, el drama o la comedia. Esta película, dura pero extrañamente fascinante, lo confirma.

Marco Antonio Allende

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