Palabras Cruzadas, los amigos de Matta Clark (Matías Cardone, 2014)

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La obra de Gordon Matta Clark sigue siendo desconocida para el gran público en nuestro país, destinada a ser un trabajo de culto dentro de circuitos especializados, eso aunque se han realizado algunas retrospectivas (la última fue el año 2013 en el Museo de Bellas Artes) y que cuenta con el “crédito” de ser hijo del pintor Roberto Matta.  Por cierto, ayuda a este desconocimiento público el hecho que prácticamente residió toda su vida en Nueva York y que su obra se centra en acciones de arte, por  lo que se conoce por ella son siempre registros y no objetos fácilmente estandarizados para el museo, más bien una obra que lo tensiona como institución. Situado en algún lugar entre el happening, el conceptualismo, la arquitectura y la escultura, lo cierto es que la idea de lo “multidisciplinar” de su trabajo conecta en muchos niveles, problematizando transversalmente cuestiones vinculadas al espacio, al urbanismo y la materia. Obra de difícil ubicación, a su vez, potente y expresiva, hacía falta un documental como el que nos presenta Matías Cardone  y que se exhibe por estos días en Cineteca Nacional, para poder  dar a conocer de mejor forma su trabajo y biografía.

El documental recoge  los testimonios de sus amistades y ex parejas (Dennis Oppenheim, Carmen Beuchat,  Les Levin, Richard Nonas, Jane Crawford ) y  va armando una historia que empieza en el Soho de fines del sesenta en un ambiente intelectual inquieto y estimulante a donde llega Gordon buscando un espacio, para luego pasar a su vinculación al restaurante “Food” lugar de experimentación y ampliación de los límites del arte vinculando danza, cocina, filosofía y que sirve como base hasta llegar a  sus primeros “cortes” en edificios y el comienzo del grupo artístico que crean la  “anarquitectura”, un trabajo des-compositivo de los espacios urbanos, que buscaba “abrir” nuevos espacios al interior de la arquitectura convencional y desde donde se formula un potencial emancipatorio del arte. El documental organiza bastante este recorrido pasando por los momentos claves de su obra, así como las inquietud de Matta-Clark por criticar la institución museal y el rol social del artista, incluyendo aquí su paso por Chile en la década del 80 donde realizó una mítica intervención en el MAC.

Otro de los puntos relatados, es el aspecto familiar, por un lado  la ambivalente relación con su padre, quien, en definitiva, nunca lo reconoció artísticamente, cuestión que se muestra en varios momentos. Por otro lado la presencia de su hermano Batán, con quien posee una extraña relación simbiótica, quien fallece y poco después también Gordon de un cáncer a los 35 años, en plena actividad.

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Palabras Cruzadas, por su parte, es un documental de carácter expositivo  cuya función central es mostrar la vida y obra de Gordon Matta Clark… las operaciones cinematográficas están al servicio de esto, pero tienen a su favor un mérito enorme que es el haber contado con los registros cinematográficos del propio Matta Clark.  Parte de estas filmaciones hechas en super8 transportan inmediatamente a otro tiempo y mantienen cierta fisicidad de su trabajo (las performances y los famosos “cutting” sobre edificios y construcciones públicas), destacando la incorporación de estos en un entramado audiovisual entre texto-sonido-imagen.

A diferencia del documental Juan Downey, más allá de estos muros (del 2009, dirigida por Juan Ignacio Sabatini, un documental que en más de un punto cruza nudos de interés con Palabras cruzadas y se sitúa inevitablemente como antecedente), el documental de Cardone logra equilibrar la dimensión biográfica con la artística, lo que en el documental sobre Downey se desequilibraba hacia lo primero. Más allá de esto Downey y Matta Clark se conocieron en Nueva York y desarrollaron obra en conjunto, y es curioso que ninguno de los documentales lo mencione.

El documental sobre arte, es un género que por lo general se asienta en perspectivas biográficas, testimoniales y de archivo, sustentado en gran parte en el “talking head” y/o voz-over que dirige, salvo muy honrosas excepciones como es el documental Señales de ruta (2000) de Tevo Díaz. Es un desafío pensar para el formato no solo con más interés creativo en la forma cinematográfica, si no también, pensar más complejamente las relaciones entre producciones artísticas y marcos sociales, ya que por lo general o se establece en el polo biográfico o se determina desde lo histórico.  Obras como las de Downey, Matta- Clark y Juan Luis Martínez, por citar tres ejemplos, tensionan estas relaciones a un nudo donde inscripción biográfica y marco formulan disyuntivas para pensar críticamente y es un desperdicio cinematográfico desaprovecharlas. Antecedentes sobre esto, por ejemplo, podemos encontrarlos en obras como las tempranas de Resnais, Chris Marker, o más cerca, Luis Ospina (su trabajo con los retratos, y sobre todo el juego con el fake en Un tigre de papel) o volviendo a Francia, los notables trabajos de Jean Louis-Comolli y André S. Labarthe. En definitiva, el documental sobre arte es una forma de mediación cultural (y difusión) pero es también el mismo una forma cinematográfica que debe pensarse de manera creativa e innovadora. Me perece urgente poner esta discusión sobre el tapete, se juega aquí un lugar posible para cuestionar el lugar cristalizado del arte en nuestra sociedad.

Iván Pinto Veas

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