Habeas Corpus (Sebastián Moreno y Claudia Barril, 2015)

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Decisiones políticas de un documental

Retratar un acontecimiento con dignidad es una decisión política. No se trata sólo de una ética imperante, sino también de una estética, en donde la técnica se pone al servicio de la obra y el mensaje como un todo. Habeas corpus es un documental que sobresale no sólo por la importancia histórica de los testimonios que recoge, sino también por el cuidado que pone en la utilización de imágenes, audio de las entrevistas, sonido, etc. Nada es al azar. Este riguroso trabajo, muchas veces escasea en Chile, lo que es bastante peligroso.

Para explicar mejor el punto, déjenme utilizar un ejemplo burdo: Un equipo de grabación debe entrevistar a un hombre que duerme bajo el puente del río Mapocho. Lo más lógico es que antes de realizar la entrevista, revisen que la cámara tenga batería suficiente y que el micrófono funcione. Ahora bien, para la misma obra se consiguen una entrevista con un Presidente de la República; lo más probable es que esta vez chequeen veinte veces el audio, que lleven muchas baterías de repuesto, que estudien varias veces las posibilidades de plano, que contraten luces extras para mejorar la imagen, etc. El resultado más probable será una variación en el tratamiento de la imagen de ambos personajes dentro de la misma obra. ¿Cuál sería el acto político de este ficticio equipo de filmación? Dividir a la sociedad en ciudadanos de “primera” y de “segunda” categoría. Algunos podrán decir que no es lo mismo entrevistar al Presidente que a un mendigo, porque para el primero no habrá otra oportunidad, en cambio para el segundo, se puede volver a realizar la entrevista sin problema. Sin embargo, todo director o entrevistador sabe que jamás se puede repetir una entrevista de la misma forma en que se grabó la primera vez. El testimonio depende del estado de ánimo del entrevistado, del contexto en que se dé la entrevista, del momento mismo del registro.  Un documental retrata a sus personajes de la misma forma en que el director los concibe. Es un acto político.

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Los directores Claudia Barril y Sebastián Moreno han comprendido bien esta premisa. Su trabajo es de gran factura y oficio, como se merece un relato tan delicado y sensible como son los aberrantes atropellos a los Derechos Humanos en el pasado reciente de nuestro país. Por ello, Habeas corpus forma una estructura potente e imbatible, lo que lo convierte en un documento muy relevante en la construcción de nuestra memoria como país.

Tanto las entrevistas como las imágenes de archivo están trabajadas con la mayor fineza posible, igualmente el audio, la iluminación y los encuadres. Los entrevistados son puestos en una sala que emula un recinto de interrogación, una oficina, en donde con simples elementos evocan la memoria emotiva, como el uso de la máquina de escribir. El resultado es tal que permite que el espectador navegue por la historia sin detenerse a mirar una costura mal hecha.

Los temas más sensibles y dolorosos de los relatos, en tanto, son enfrentados con la seriedad y mesura que se merecen, dando además espacios de reflexión, pausas emotivas que permiten que el espectador pueda ir digiriendo la gran cantidad de información que se entrega. Eso sí: jamás se queda en el morbo de la tortura o del terror, sino que le entrega el espacio necesario a estas experiencias como para dejar en claro que estos hechos ocurrieron, pero no abusa de ellos para enganchar al público emocionalmente a cualquier costo. Eso también es una decisión política. Sin duda se piensa además en una audiencia amplia, que incluye niños y adolescentes.

Barril y Moreno eligen como protagonista de la historia a la Vicaría de la Solidaridad. Son sus integrantes quienes, de forma coral, retratan el trabajo que realizó la institución desde los inicios de la Dictadura. Nada ni nadie adquiere más protagonismo. Se desarrollan y explican conceptos tan importantes como Recurso de Amparo y Desaparición Forzada, esenciales para entender esta época y lo que significó el terrorismo de Estado.

La recopilación de imágenes de archivo es otra gran labor que se agradece. Hay preocupación por incluir muchas que jamás han sido exhibidas, lo que le entrega un significado distinto. Ver un avión chocando con las torres gemelas ya no tiene hoy el mismo efecto que tuvo el día del impacto, ya que las han mostrado millones de veces desde el mismo ángulo. Lo mismo con los Hawker Hunter que bombardearon La Moneda.

Otro de los recursos para graficar los recuerdos es la utilización de maquetas, soldados de plomo y figuras humanas. Si bien es una apuesta arriesgada, funciona, principalmente por el oficio puesto en la construcción de estas escenas. Se logra así que sea parte de un todo.

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La enorme tarea de los directores fue sin duda encontrar un hilo que no los perdiera en el camino, teniendo en cuenta las miles de historias humanas que encierra la Vicaría. Hay una decisión, por ejemplo, en dejar fuera el testimonio de los familiares de las víctimas y de miembros de la iglesia, que también participaron de esta iniciativa. De esta forma, el documental se estructura a partir de los trabajadores relacionados con construir el archivo de la Vicaría.

En lo personal, hubiese sido interesante escuchar más a fondo lo que significó para las familias de las víctimas encontrar un lugar de apoyo en medio del terror y la soledad. Es ahí donde la labor de la Vicaría adquiere su real significado (sin restar importancia a la recopilación y archivo de los casos). En La Ciudad de los Fotógrafos (Sebastián Moreno, 2006), se entrevista no sólo a los fotógrafos, sino también se incluye la voz de los familiares de las víctimas de Lonquén, sin duda uno de los momentos más conmovedores de la obra.

Otra decisión política importante del documental es cómo tratar a los torturadores, incluso cuando colaboraron con la propia Vicaría. La historia de Andrés Valenzuela queda trunca. No sabemos lo que pasó con él. ¿Es incómodo decir que sobrevivió gracias a las gestiones de la misma Vicaría que lo ayudaron a salir del país? Quizás no, pero esa es una lectura que hago desde el presente, en donde la figura de quienes colaboraron en atropellar los Derechos Humanos no puede ser igualada a la de las víctimas ni quienes trabajaron en la defensa de ellos.

Pilar Rodrigo

Comentarista: 8/10

Promedio del blog: 6/10

Habeas Corpus. // País: Chile. // Año: 2015. // Duración: 83 min. // Dirección: Claudia Barril, Sebastián Moreno. // Guión: Claudia Barril, Sebastián Moreno, Nona Fernández. // Fotografía: Sebastián Moreno. // Montaje: Sebastián Moreno. //Formato: Digital – color.

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