Perla (Sergio Castilla, 2015)

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Hay veces que es bueno comenzar por el principio. A primera vista, una premisa potencialmente interesante: una película chilena protagonizada por una perrita quiltra, de nombre Perla, que en sus andanzas callejeras pretende ofrecer una mirada autóctona sobre un Santiago poblado de abandonos. Hasta ahí, todo bien. El resto de la sinopsis despierta los primeros temores: Perla anda en busca de alguien que cuente su historia y se topa con Samuel, un solitario guionista y director de cine, interpretado por el a la vez guionista y director del film, Sergio Castilla, quien encuentra solución a sus trabas creativas en su nueva y canina compañía. Empieza la película y acontece una primera decepción: la perrita habla. O más bien, oímos sus pensamientos. Una humanización innecesaria, que a ratos colabora con la comedia ligera, pero que en su gran mayoría se hace redundante y predecible, sin más que repetir lo que la acción ya nos muestra. El relato avanza unos minutos y nos golpea una segunda decepción: el personaje de Samuel sufre, en escenas en extremo literales, del odio de su hija y la indiferencia de su madre, justo cuando debe presentar un nuevo guión a unos productores, por lo que debe encontrar rápida solución a sus bloqueos y ponerse a escribir para, imaginemos, sobrevivir. Entonces, el resto se vuelve bastante predecible, perrita y escritor se reúnen para salvarse mutuamente, lo que también va sucediendo con una obviedad a veces impactante.

Lo que Castilla propone, si se me permite las reiteraciones, es contar la historia verídica de cómo se encontraron él y su perrita, llevando a la pantalla la historia de un director de cine (él mismo) que se encuentra una perrita (su propia perrita) y que en la misma diégesis aquel personaje empieza a escribir un guión sobre tal encuentro. El director, que retoma su filmografía tras Gringuito (1998) y Te Amo (Made in Chile) (2001), intenta destacar el rol que pueden jugar los animales en nuestras vidas, como amigos o acompañantes. Sin embargo, esto se percibe de manera muy inocente y poco profunda. Como decíamos, Perla le cuenta a Samuel sus aventuras por la ciudad, en distintos episodios que intentan reflejar Santiago en sus ambigüedades y desavenencias. De la madre sacrificada que hace sopaipillas hasta el adolescente adinerado, estereotipado y vacío, estos momentos no logran superar la anécdota y son en su mayoría bastante olvidables. En términos visuales el contraste se hace evidente pero no se desarrolla, como si para hablar de idiosincrasia nacional bastara con recorrer la población y el barrio alto, sin un contenido concreto sobre ambos espacios y sus intermedios. El problema con la superficialidad es que suele ser irreflexiva, carente de matices, desde la que poco puede extraerse. No quiero decir con esto que toda película deba otorgar luces sobre el sentido de la vida o la razón de la existencia, solamente que cuando las proposiciones son en exceso limitadas, se quedan ahí, no superan su presentación y se van tan rápido como vienen.

La distinción se hace necesaria; no todo lo sencillo es superficial, y ejemplos de ello hay por montones. Ya en los mismos términos que propone Perla, por un lado, en el ejercicio del cineasta que se retrata a sí mismo en la simbiosis entre ficción y realidad, basta recordar la llamada Trilogía Koker (Dónde está la casa de mi amigo (1987), La Vida Continúa (1992) y A través de los Olivos (1994)) del cineasta iraní Abbas Kiarostami, donde la imagen del realizador se desdobla en un entrecruce de ambos registros, a partir de premisas en extremo sencillas y gestos y acciones profundamente simples. Por otro lado, es imposible no recordar la plañidera Hachiko (2009), película de Lasse Hallström, también basada en hechos reales, donde la lealtad de un perro llamado Hachi se pone a toda prueba cuando este espera por casi 10 años a que su amo fallecido vuelva por él. Si bien Perla navega por otras aguas dramáticas, la comparación con Hachiko hace evidente lo poco necesario de sobrehumanizar a los animales, siendo que solo con la mediación cinematográfica es posible empatizar emocionalmente con la criatura.

Ahora bien, el recurso utilizado por Castilla puede salvarse en cuanto atendemos que esta voz en off de la cachorra no es más que un producto de la imaginación medio esquizofrénica de Samuel, quien inventa sus conversaciones con Perla en su búsqueda por inspiración. Sin embargo, una vez más, esto no termina de dibujarse y no se esboza con precisión ni se explota como propuesta. En definitiva, este es quizás el principal problema del film, un despliegue más bien monótono de una serie de elementos, tal vez demasiado preocupado por responder a una expectativa individual en términos de la historia original.

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Hay cinco palabras que son siempre riesgosas para una película de ficción. “Inspirada en una historia real”, frase a toda hora sospechosa, puede hacer que fijaciones y motivaciones individuales prevalezcan por sobre elementos fundamentales de la narración. No parece justificarse el seguir la recursividad propia de la narración tan al pie de la letra. El propio Castilla ofrece una interpretación demasiado rígida de sí mismo -más allá de que él pueda ser así o no como ser humano, como personaje no colabora con la historia-, aquellos productores a los que Samuel debe presentar su nuevo proyecto son -como ya imaginarán- los verdaderos productores del film, quienes evidentemente no son actores y restan más que lo que aportan. Solo se salva Perla, la que con su carisma logra transformarse a ratos propiamente en un personaje. Sin embargo, estos momentos son más bien escasos y esa necesidad de traducir elementos de la realidad “tal cual fueron” a la ficción sin duda que satisfacen un deseo personal por contar una historia importante para sus protagonistas, pero su puesta en obra choca con una serie de obstáculos autoimpuestos, los que terminan por deteriorar notoriamente el resultado.

José Parra

Comentarista 3/10

Perla // País: Chile. // Año: 2015. // Duración: 80 min. // Dirección: Sergio Castilla. // Guión: Sergio Castilla. // Fotografía: Benito Caro, Rodrigo Fernández, David Bravo. // Reparto: Sergio Castilla, Macarena Berthelon, Delfina Guzmán, Daniela Ropert (voz Perla), Linda (Perla).

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