Polvo de Estrellas (David Cronenberg, 2014)

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Esta película comienza con unos títulos de créditos que se difuminan en un espacio astral. Es la bienvenida a  una dimensión extrañamente desencantada y mágicamente perniciosa. Es el universo de las colinas de Hollywood y de las personas que habita sus recovecos, sus arquitecturas sin identidad, el calor constante que se posa sobre las superficies de un mundo endogámico, atrapado en las alucinaciones de una fama suicida, grotesca y farsante. Es el mundo de David Cronenberg, un hombre que nunca le tuvo miedo a las disecciones clínicas, con un talento único en transformar sus frías observaciones en versiones traumáticas, cercanas al horror más amenazante, de las torcidas formas que definen la condición humana.

El cine de Cronenberg es inquietante, incómodo y molesto porque, más allá de que compartamos o no una cierta ética de la fatalidad biológica que define su obra, la realidad en descomposición que filma es concebida desde la mirada impasible del que se niega a intervenir emocionalmente en ellas. O, al menos, la emoción que alberga los films de Cronenberg es cercana a ver la mano brutal de un cirujano que abre un cuerpo descompuesto. Eso hace que su cine nunca convierta a las formas encarnadas de la violencia en un discurso de la prevención o los peligros de la perversión; tampoco se solaza en la morbosidad de sus descubrimientos visuales. Su mirada distanciada más bien ingresa en ese mundo de oscura negatividad, lo habita y lo lleva a sus consecuencias últimas, sin intervenir ni asimilarlo a reducciones morales.

Polvo de estrellas es la historia de una venganza irrisoria en sus alcances prácticos, pero de una magnitud que repercute en cada uno de los personajes que residen en el espectáculo de horror que significa la permanente búsqueda de la fama. Aghata  (Mia Wasikowska, en el mejor papel de su carrera) es una joven que porta un doloroso pasado con el que quiere saldar cuentas. Para eso llega a Beverly Hills, después de siete años encerrada en un hospital siquiátrico, a reencontrarse con su familia y realizar una promesa personal que irá en directa colisión con los secretos íntimos y los deseos de su padre (John Cusack), un charlatán que embauca a millonarios con supercherías de segunda; su madre (Olivia Williams), encargada de manipularla ascendente carrera de su hijo (Evan Bird), un chico de 13 años que viene de una clínica de desintoxicación por drogas. Gracias a la ayuda de Carrie Fisher (haciendo de sí misma) Aghata consigue trabajo como asistente de Havana Segrand (Julianne Moore, magnífica), una neurótica y denigrante actriz que busca el reconocimiento intentando hacer el remake de una película que su madre realizó antes de morir.

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Esta es propiamente la historia de Polvo de estrellas, la edición ·denotativa” de la película. Sin embargo, el potencial fílmico de ella no está en esta suma de incidentes personales. Por detrás de ellos, hay una conjunción de historias en la que todos estos personajes (y otros más aquí no mencionados) forman parte de una urdimbre que poco a poco va formando un mapa ficticio, fantasmagórico, un territorio en donde las debilidades y perturbaciones son expresiones de una alteración síquica que va apropiándose de todos los personajes, raramente hermanados por una incitación autodestructiva. Aquí es donde aparecen fantasmas de madres incestuosas, espectros de seres incapaces de descansar en paz, todas ellas versiones degradadas de las pesadillas circulares de Polanski o Lynch.

A no perderse. La mano calma de Cronenberg no busca golpes de efecto, evita las grandes metáforas y elude cualquier lectura alegórica. Esto es Hollywood, estas son las calles de Los Ángeles, delirantes y míseras. He aquí los sórdidos secretos que se esconden detrás de las alfombras rojas y los vestidos de gala. Tal vez ese desafecto en recrear esta suma de historias banales y repugnantes, hace que Cronenberg active en nosotros esa mirada voyerista que disfruta de la intimidad ominosa de las estrellas. Ellas, que parecen tan lejanas a nuestras desgracias cotidianas. Pero no hay que ser muy perspicaz para percibir que de esa miseria nos alimentamos todos nosotros, y que ellos a la vez se alimentan de la nuestra. Día a día.

Marco Allende

Nota: 9/10

Promedio del blog: 8/10

Título: Maps to the Stars, Año: 2014, País: Canadá, Director: David Cronenberg, Guión: Bruce Wagner, Reparto: Julianne Moore, Mia Wasikowska, Robert Pattinson, John Cusack, Olivia Williams.

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