Vacaciones en familia (Ricardo Carrasco, 2015)

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En un país donde a ratos importa más la operática televisiva del rescate de mineros atrapados que sus paupérrimas condiciones laborales, el endeudarse para adquirir lo último en tecnología antes que otras necesidades básicas, o donde el físico de ministras de Estado es destacado más que sus condiciones políticas u operativas, una película que trabaja el arribismo y la radicalidad para mantener las apariencias tiene un terreno fértil desde donde levantarse. Vacaciones en Familia, en clave de comedia, cuenta la historia de la familia Kelly, integrada por los padres Juan (Julio Milostich) y Sofía (María Izquierdo) y los niños Camila (Alicia Rodríguez) y Beto (Felipe Herrera), habitantes de un sector pudiente de Santiago pero sumidos en una profunda crisis económica. Dirigida por Ricardo Carrasco, la acción comienza al llegar el caluroso febrero y, como todos los años, la familia debe salir a vacacionar a un exclusivo balneario de la quinta región. El problema es que a los Kelly no les queda un solo peso debido a la cesantía de Juan, y para guardar las apariencias frente a su inescrupulosa vecina (Maricarmen Arrigorriaga), inventan un viaje fantasma al Brasil por un mes. El plan implica una puesta en escena con maletas y taxis, un regreso clandestino por la noche y vivir encerrados en su casa durante las supuestas vacaciones. Sin salir, sin llamar por teléfono, sin hacer ruidos para que nadie se entere, porque la vergüenza que implicaría que el vecindario se entere de sus miserias amerita hasta el más extremo de los sacrificios.

Entonces, la comedia surge cuando esta familia disfuncional se ve obligada a convivir a toda hora, todas las horas del día. Mientras la vecina chismosa vigila y sospecha, los Kelly comen todos los días lo mismo, acumulan basura en magnitudes industriales y se asan de calor al no poder abrir puertas o ventanas. Así, la reclusión empuja a los personajes a reunirse de una forma antes imposible, cuando la familia habitaba su reiterativa y mecanizada cotidianidad, evidenciando la a ratos invisible contradicción de nuestro sistema, donde la búsqueda del éxito personal mediante la exacerbación del trabajo decanta en el ensimismamiento de los sujetos, aunque compartan un mismo techo. Esta temática, de suyo interesante, no obtiene un rendimiento muy nítido, en parte debido a que la configuración familiar redunda en el estereotipo: padre apocado que le debe su posición social a su suegro, madre proveniente de una moribunda aristocracia y eterna víctima de la inoperancia del marido, niño antisocial y adicto a los videojuegos que se expresa en código computacional, hija adolescente y atractiva, popular pero infantil emocionalmente. En otras palabras, una familia que hemos visto más de una vez en los cines del mundo. En este sentido, las relaciones intrafamiliares se vuelven un tanto predecibles y si bien las actuaciones se mantienen en un nivel de aceptable para arriba, el guión sufre de baches de extrema obviedad y literalidad. Los giros de la trama son anunciados por los personajes con bombos y platillos y abundan las confesiones de una densidad emocional inactuable.

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La situación que da pie a la acción está cargada con un grado evidente de absurdo. El mundo presentado por Carrasco es atractivo en sus posibilidades para la comedia negra, particularmente en la pregunta por cuán lejos puede llegar una familia para mantener su vacío estatus. Con el personaje de Sofía siendo la principal portaestandarte de ésta causa perdida y el resto de la familia intentando hacerle ver razón, también emerge un curioso ángulo de interpretación por parte del espectador ajeno a esta realidad. Si bien la película intenta describir un fenómeno específico de una clase social nacional, también aboga por esa profunda satisfacción que produce observar al rico caído en desgracia. Sin duda es uno de los placeres culpables de nuestra sociedad, el ver cómo aquel al que todo le había resultado fácil -a diferencia del resto de nosotros- ahora sufre como quien más. En este horizonte, tal vez hubiera sido más interesante explotar no los arrebatos de sinceridad en exceso explícita, sino que más bien ahondar en las incoherencias de la ficción construida, con acontecimientos cada vez más envolventes, los que obligaran a los protagonistas a hundirse más y más en el remolino de su propia mascarada.

Si bien el punto de vista del film es nítido y su tratamiento eficiente, no se deja de extrañar una mirada más completa del fenómeno retratado, que nos permita vincular esta enfermedad a una situación más amplia y no solamente propia de la psicosis de una familia, o más concretamente de una madre, en particular. ¿En qué sentido los Kelly nos hablan de Chile y la chilenidad tal como los Hoover, protagonistas de Little Miss Sunshine (Jonathan Dayton y Valerie Faris, 2006) reflejan a los Estados Unidos y sus contradicciones? Resguardando las proporciones, la comparación es válida en tanto que ambas familias aprenden a valorarse en la adversidad. Donde en Little Miss Sunshine la dinámica familiar funciona como metonimia para una complejidad social más extensa, pareciera que Vacaciones de Familia no termina de plantear un discurso sobre nuestra sociedad, las razones que le dan forma o los valores que la sostienen. La ideología se anuncia tibiamente en el relato, solo con declaraciones que bordean el cliché de la derecha chilena (exclamaciones del tipo “por qué tenemos que pagarle la educación a los pobres”) sin proponer una visión clara, ya sea de crítica o de afirmación, sobre los fundamentos del liberalismo.

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No obstante lo anterior, la película logra poner en evidencia elementos contingentes para cierta cotidianidad nacional, a la vez que propone ideas llamativas, como la metáfora de la casa adinerada como prisión, donde la valorización de lo inmediato revela la falta de verdadera libertad en un mundo gobernado por el consumo y las apariencias. Sin embargo, una proposición de esta naturaleza adolece de un correlato en términos cinematográficos a lo largo del film. En términos visuales, la casa no logra sentirse enteramente como una cárcel, no está filmada como si la propia opulencia que permite su existencia fuese un peso imposible de levantar. En este desequilibrio transita Vacaciones de Familia, apuntando claramente a una diana de índole social, pero errando de cuando en vez sus intentos por dar en el blanco.

José Parra

Nota comentarista: 5/10. Vacaciones en familia // País: Chile // Duración: 90 min. // Dirección: Ricardo Carrasco // Guión: Rodrigo Antonio Norero // Reparto: María Izquierdo, Julio Milostich, Maricarmen Arrigorriaga, Alicia Rodríguez, Felipe Herrera, Sergio Hernández.

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