Terminator Genisys ( Alan Taylor, 2015)

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Hay pocas franquicias en Hollywood que han sido tan influyentes en la cultura pop como Terminator. La historia del robot que es enviado al pasado para aniquilar a los líderes de una futura rebelión contra las máquinas atesora ya cinco películas, diversas frases incrustadas en nuestro vocabulario y millones de seguidores alrededor del globo. Quien sea que participe de la cultura occidental habrá escuchado hablar alguna vez de John o Sarah Connor o la malvada inteligencia artificial Skynet, y sobre todo, habrá visto a Arnold Schwarzenegger en su inmortal papel del ora sicario, ora protector de un futuro aún no definido. Para quien haya vivido bajo una roca en las últimas tres décadas, podemos resumir la trama a que en el año 2029 una interminable guerra entre máquinas y rebeldes obliga a Skynet a enviar al pasado a un robot con aspecto humano diseñado para infiltración, mejor conocido como Terminator, a eliminar a la resistencia antes que esta se concrete. Como contraparte, los rebeldes envían a sus propios paladines para que protejan la única esperanza para su supervivencia.

A más de tres décadas del estreno de The Terminator (James Cameron, 1984), la exitosa saga de ciencia ficción regresa cual T-800 con una renovada perspectiva en medio de un panorama siempre similar. Terminator Genisys parece a primera vista un re-make de la primera entrega, no solo en el rescate de la música original, sino que empieza del mismo modo, casi replicando plano a plano a la cinta de Cameron. En un futuro apocalíptico, el líder John Connor (Jason Clarke) envía a 1984 a su mano derecha Kyle Reese (Jai Courtney) para que proteja a su madre Sarah (Emilia Clarke) ante la amenaza del Terminator, todo replicado casi a exactitud en relación a la primera película. Hoy en día, en la moda de los eternos retornos y la popularidad de lo vintage, este inicio que apela a la nostalgia a la vez que induce didácticamente a nuevas audiencias parece como el gancho comercial perfecto para asegurar un éxito de taquilla. Mas el pasado ya no es lo que suponíamos, el flujo temporal se ha roto para dar paso a una nueva aventura. Un envejecido T-800 es el nuevo guardian de Sarah, enviado desde algún lugar en el futuro para que la proteja desde que es niña. Por su parte, en vez de toparse con unos simples policías, Kyle Reese se enfrenta nada más y nada menos que al T-1000 –usted lo recuerda, el malvado Terminator hecho de metal líquido, antagonista de la segunda película, Terminator 2: Judgment Day (James Cameron, 1991). De ahí en más, se suceden explosiones, balaceras, nuevos cyborgs y los protagonistas volviendo a nuestro presente para intentar acabar de una vez por todas con Skynet.

Decíamos que Terminator Genisys respondía a los lineamientos clásicos de la saga, esto es, la lógica constante de escapatoria y persecución entre buenos y malos. Decíamos también que buscaba una pizca de originalidad en este horizonte ya naturalizado. Esta intención se materializa en dos aspectos fundamentales. En primer lugar, como viene siendo una tendencia, la película quiere separarse de la clásica imagen del personaje femenino desvalido y en necesidad de rescate. Aquí, Sarah Connor ya no es la muchacha inocente que requiere de un héroe, sino que más bien lo contrario. En este nuevo presente es ella quien salva a Reese del Terminator, toma las riendas de la situación y deja al galán estupefacto ante su inusual liderazgo. Sarah es quien enuncia la clásica frase que da inicio a la huida -“Ven conmigo si quieres vivir”- y Emilia Clarke, actriz mundialmente famosa por su papel también de mujer fuerte en la popular serie de televisión Game of Thrones, hace lo posible por evitar el estereotipo habitual de la damisela en peligro. Ahora, si bien Clarke no se corresponde con la imagen inocente o sobresexualizada que ha tenido característicamente la mujer en el cine de industria, es preciso no exagerar señalando algo así como un cambio de paradigma respecto a la heroína hollywoodense, como algunos lo han apuntado últimamente, con especial interés a partir de la interpretación de Charlize Theron como Imperator Furiosa en la nueva Mad Max: Fury Road (George Miller, 2015). No basta con librar a la mujer de la dependencia masculina un pos de su supervivencia para cortar una larga tradición de objetualización y reduccionismo. Pero es un paso.

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En segundo lugar, la infiltración de Skynet se actualiza ya no como un virus de computador enteramente militar, sino como un sistema operativo multiplataforma. En sintonía con las tendencias actuales de la hiperconectividad hace sentido la metáfora del control computacional a través de la gran cantidad de pantallas con las que nos relacionamos. Genisys no es más que la fachada amigable de Skynet, quien ante la promesa de vincular a toda la humanidad bajo una única red mediante sus aparatos tecnológicos, busca evidentemente mantener bajo el yugo del simulacro digital a toda nuestra raza, cosa que al parecer no va necesitando robots asesinos para concretarse.

Más allá de estas consideraciones, es preciso decir que la película patina en diversos aspectos, partiendo por la manera confusa en que se desarrolla el guión, especialmente en cómo son planteados los viajes temporales y las paradojas causales que dan pie a los hechos. El humor, que si bien ha sido siempre parte de la saga, parece a menudo artificial y forzado. Desde sus inicios, las películas de Terminator sirven como barómetro para medir la acción de la tecnología y los efectos especiales dentro del panorama cinematográfico. Si bien las primeras entregas pueden evidenciar una precariedad en tales recursos, con la perspectiva del tiempo se demuestran aún originales y consecuentes. Hoy por hoy, con un debate abierto sobre la calidad actual del efecto por computadora, Terminator Genisys abusa del CGI, permitiendo secuencias de acción imposibles, pero a la vez evidenciándose notoriamente en su ligereza y falsedad, adoleciendo de ese peso concreto que tenían los llamados practical effects. Fuera de estos defectos, siempre será atractivo para el fanático volver a ver a Schwarzenegger como un T-800 y verlo pelear consigo mismo 30 años más joven (escena que, paradójicamente, solo es posible gracias a los efectos por computadora). Es difícil pensar en un papel más idóneo para su actor, aprovechando su escasa expresividad y excesiva rigidez con un rendimiento pocas veces visto. El problema surge cuando a alguien se le ocurre que es necesario que el Terminator tenga sentimientos, pero es un bache que los fanáticos sabrán perdonar. A fin de cuentas, qué bueno que es el cine para alcanzar la satisfacción melancólica de un pasado hecho presente una y otra vez.

José Parra

Nota: 6/10. Dirección: Alan Taylor. Producción: David Ellison, Dana Goldenberg. Guión: Laeta Kalogridis, Patrick Lussier. Música: Christophe Beck. Fotografía: Kramer Morgenthau. Montaje: Roger Barton. Protagonistas: Arnold Schwarzenegger, Emilia Clarke, Jason Clarke, Jai Courtney- Estados Unidos, 2015

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