Tiempos malos (Cristián Sánchez) 1/2

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El título tiene un aire a la titulación latina de Pulp fiction, aunque habría que reconocer en el último filme con estreno en salas de Cristián Sánchez una familiaridad más cercana a las escenas de bar, mantel largo o alcoba de Scorsese (Buenos muchachos, Casino) y los ritos familiares de los Padrino de Coppola en versión criolla, pasada por el cedazo ruiziano. Aun así, en el origen de la película se encuentra la obra literaria de Armando Méndez Carrasco Chicago Chico, pero no como adaptación fiel, sino más bien según lo que podría haber sido un reboot de Los deseos concebidos (1982) en el Santiago actual. Un remake donde el escolar Erre no hubiese pasado a la clandestinidad del encierro, sino que hubiera llevado su deambular a los tugurios y vida nocturna de esa novela urbana de bajos fondos.

Aunque el Chile dictatorial ochentero sea distinto al neoliberal globalizado del siglo XXI la matriz mítica sigue idéntica, parece decirnos Sánchez en su incursión oblicua por el cine negro y gansteril. Más que obedecer a las prescripciones de un género dado, Tiempos malos circunscribe los estilemas del director. Narrativa débil, lineal pero con tendencia rizomática, (des)calces entre registro realista y surrealista a la Buñuel, imagen frontal y planos largos que oscilan entre la transparencia baziniana y los tableaux de Jarman, narrador off que contradice o redunda lo visto y actuaciones sin énfasis, dos rasgos bressionanos, y una preocupación por la performática oral chilena en la enunciación de tonos, el léxico, los giros, retruécanos, informalidades y otras formas lingüísticas pragmáticas que dotan de “chilenidad” a los diálogos.

Otra de las reincidencias que el filme hace hincapié respecto a la obra anterior del director es relativa a la puesta a punto cinematográfica de la antigua picaresca literaria. Todos los rasgos anteriormente enumerados han sido elaborados al momento de pensar sus películas de mano de ideas expuestas por Deleuze sobre la imagen-tiempo del cine moderno, incluso el mismo Sánchez opta por esa perspectiva teorética al concebir sus trabajos y lidiar con la exégesis. Pero bien se le puede aplicar el género picaresco a los mismos elementos. Personajes, discursos y acciones desenvueltos en un mundo desacralizado pese a mantener una fuerte ligazón con un ámbito espiritual materializado sin mediaciones institucionales (como podría ser la religión católica), y que entrañan la cercanía de la presencia objetiva de los espíritus y los muertos en el reino de los vivos que aprenden a lidiar con ellos como mala conciencia y como llamado a hacerse cargo de su propia mortandad. Lo mismo para el proceso de aprendizaje que significa dejar la seguridad del hogar materno para ingresar a un espacio público siempre violento, degradado y suciamente material, accediendo también al estado simbólico de la realidad, al conocimiento de la Ley y las formas en que estructuras menos disciplinarias la inscriben a su modo particular (en este caso los códigos delincuenciales). Esto en conjunto con la reconfiguración de la imagen paterna por otra más permisiva y atractiva, aunque al final igualmente autoritaria, de carácter putativo (la figura del viejo capo), con la infatuación de las lealtades masculinas (los miembros de la banda); a lo que por otro lado se suma la suculenta diversidad y problemática relación con el encuentro con la figura femenina sexualizada, tanto de otro tipo de “madres” como de “amantes” (las mujeres de la familia, las prostitutas cabareteras).

De todas formas me gustaría reconocer en este trabajo el acercamiento más pop que idealmente le falta al cine de Sánchez. Si con la presencia de Fernando Farías como Eulalio, una especie de Cabro Carrera; el retrato de mundo del hampa narco, dividido -y enfrentado- entre los flaites poblacionales y la mucho más tradicional “familia criminal” de Eulalio; con la presencia de Ángel, el joven huérfano que deviene malandra, el espacio cabaretero, las mujeres fuertemente sexuadas; junto con los excesos del leguaje chileno al que aludíamos antes y el tono humorístico de muchas situaciones, es posible ponerse a fantasear de Tiempos malos como la película que ojalá se desprendiera de su autor, si ella pudiera encontrar un público que no ha visto sus filmes, si pudiese llegar a ser entendida por alguien distinto a los académicos y los estudiantes universitarios, si solo en una de los cines multisalas se le programara sin fecha límite y, aconsejada por el boca a boca, acabara convirtiéndose en un film de culto.

Pero la verdad me temo que pasará por la sala del Cine UC sin pena ni gloria. La vi con 5 personas más un viernes y creo que ninguno se rió en voz alta como yo. La hubiera disfrutado más, sin aprensiones, en mi casa solo o con algún amigo/a. Esto hace un párrafo dejó de ser una crítica, ahora es sólo y a la vez una súplica y una orden: ¡anda a verla!

Y después hablamos.

Álvaro García Mateluna

Nota comentarista: 8/10. Título: Tiempos Malos. Director: Cristián Sánchez. Guión: Cristián Sánchez. Fotografía: Raúl Heuty. Montaje: Cristián Sánchez, Lucía Pérez. Reparto: Fernando Farías, Diego Bizama, Rodrigo Muñoz, Lorene Prieto, Claudia Pérez, Xaviera Vleugels Ángela Vallejo, Cristian Cottet, Juan Carlos Ramírez, Salvador Soto, Daniel Pérez, Andrés Quintana. Duración: 160  minutos. País: Chile. Año: 2008-2015.

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