Mia Madre (Nanni Moretti, 2015)

MIAMADRE

Ya desde su título, la película de Nanni Moretti se advierte frágil e insondable. Desde este mismo hay una pregunta, un estremecimiento, una verdad que se lanza a mansalva, sin simulacros  y que nos ubica en ese lugar entre el arte y la vida, en que nos encontramos indefensos y desmantelados, en que la ficción, a veces inasible, se nos cruza con la intimidad más resguardada y negada, para traernos de vuelta un hibrido, una emoción bífida que no hubiese surgido sin la combustión, sin la primera llama de la creación.

Mia Madre es la historia de Margherita, una directora de cine que debe enfrentarse a una dura crisis existencial, donde el proceso de rodaje de su propia película, el fin de una relación amorosa y el vínculo cuestionador con una hija adolescente, se ven potenciados por el inminente deterioro de su madre tras una larga neumonía que la tiene al borde de la muerte.

De esta manera, Moretti coloca en el núcleo de la narración a una mujer extremadamente contenida, cuyos vínculos primordiales desconfigurados la obligan a realizar una cartografía de su dinámica relacional, a escenificar, -igual  como hace con el rodaje de su película- una realidad que sólo es comprensible en la medida en que se toma distancia del objeto; misma praxis que Margherita solicita a sus actores, ser ellos y el personaje, no indistintos, sino que distinguibles. Con tales consideraciones se hace gráfica una duplicidad que se multiplica en todo el film: la capacidad de ser uno, sin dejar de advertir la coexistencia de ámbitos discernibles, confluencia del drama y la comedia, la interacción de la vida y la obra, el arte y la biografía confundiéndose, pero resurgiendo incólumes, de algo indefinible que se logra cuando actúan juntos en la narración. Mucho se ha comentado sobre la representación de un momento de la vida de Moretti en la propia película, y sobre la posibilidad que este mismo hubiese construido su alter ego en el personaje de Margherita, un director de cine enfrascado en los avatares de una creación polisémica, confusa, llena de matices. Pero más allá de la especulación, más allá incluso de lo que Moretti afirme como falso o verdadero en la trastienda, esta co-habitabilidad de lo biográfico y lo ficcional en donde con más fuerza sucede es en el espectador, y en la posibilidad de sentirse profundamente implicado en algo que lo rebasa, como una obra de arte llena de recursos que desconoce, y que lo solicita, como la profesión de fe de la ficción, que lo requiere en ese acto colectivo de creer en algo que sabe ficticio, pero que sin embargo, en este caso lo sacude, lo cuestiona, lo interpela.

Shots from "Mia Madre"

Hablábamos de esa cierta previsibilidad del título. Sabemos que andaremos por terreno pantanoso. Todos tenemos una madre, y ese adjetivo posesivo en el inicio de este título-consigna, nos advierte que se hablará desde una interioridad que no versa sobre el paradigma. La mayor coherencia se da cuando a poco andar entendemos que el drama de la pérdida, similar a la vida, profundamente real -tanto que no se detiene ante los avatares prácticos y cotidianos de la vida de hospital de la madre de Margherita-, es tamizado por la sensibilidad de un autor que transita por el extravío de la muerte de la madre con la rúbrica que sólo el propio dolor puede tener; con la narratividad de los recuerdos y la ilogicidad que opera sobre ellos a causa del tiempo, hasta deformarlos, o que los muestra como inserts sin aparente contenido. O bien esos momentos indescifrables en que la madre camina en camisa de dormir por la calle, aparentemente emplazada en algo parecido a un sueño o a la materialización de un temor de Margherita. Todo aquello que sucede en el interior de este camino anunciado hacia la muerte, formulado por todo lo que constituye a ese otro ser humano que debe enfrentarse a la pérdida, es transformado en arte, sublimado a través de recursos que el espectador puede ignorar, pero que intuirá con algo profundo y fundacional, que malamente logra ser interpelado de manera honesta en el cine: la conmoción, o algo que hasta incluso puede parecerse al propio dolor.

Luna Ceballo

Nota 8/10. Título: Mia madre. Dirección: Nanni Moretti. Guión: Nanni Moretti, Francesco Piccolo, Valia Santella. Dirección de fotografía: Arnaldo Citinari. Reparto: Margherita Buy, John Turturro, Giulia Lazzarini, Nanni Moretti. Duración: 106 min. País: Italia-Francia.

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