It Follows (David Robert Mitchell, 2014)

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La cinta de terror que más ha dado que hablar en los últimos meses desde su presentación en Cannes el año 2014, ha sido esta norteamericana que ha llegado con algo de atraso a las salas chilenas, pero que viene a reavivar una cartelera de género que se ha mantenido consistentemente pobre y mediocre ya por varios meses. Es sin lugar a duda el mejor estreno de terror de la cartelera chilena en lo que llevamos de año. Pero, en una era donde la hipérbole es tan fácil de encontrar y la sobreabundancia de elogios impide el análisis cauteloso y frío, sobre todo cuando son de este tipo de filmes, lo que me lleva a poner no una nota necesariamente negativa, aunque sí una de distancia, -la misma que la película pone entre el espectador y sus personajes-, y evitar un involucramiento más allá de lo necesario -donde se tienen que ver las cosas como lo que son y no por lo que te hacen sentir-, es lo que me lleva a decir lo siguiente: esta es, esencialmente, una película “derivada”.

Uso el adjetivo “derivada” en el sentido de que esta película bebe de influencias claras del cine de terror norteamericano y que parece obligada a imitar casi a la perfección, como si al hacer mímica de los planos, los temas y la música de cintas muy superiores fuera a acercarse más a la grandeza de esas mismas, o como si buscara provocar la reacción positiva inmediata de los fanáticos, que al reconocer algo se ponen a saltar en sus asientos y a gritar desaforadamente, pidiendo más y más referencias. Ahora, eso no vuelve a la película un ejercicio vacío, pero creo que significa que hace algo de trampa: la posibilidad de imitar un estilo a la perfección es admirable en sí, a la vez le da a la cinta una especie de “piso mínimo” del cual ya no tiene que preocuparse, ya que al imitar una atmósfera pareciera no ser necesaria su construcción original individual. Lo que quiero decir es que It Follows bebe de los manantiales de John Carpenter, particularmente de su cinta Halloween en su ambiente suburbano, sus planos estáticos con sutiles y elegantes movimientos horizontales, además de un ambiente desolado, despoblado de seres humanos, habitado aparentemente sólo por los personajes principales.

También está la premisa de la película, en la cual hay una suerte de “virus”, el cual se representa bajo la figura de una persona que sigue a todos lados a quien lo tiene hasta matarla, pero que puede “traspasar” este “virus” teniendo sexo con otra persona, que ahora tendrá que enfrentarse de manera solitaria a esta figura que sólo camina y sigue constantemente hasta provocar violentas muertes en quienes logra atrapar. Aunque completamente original (y fantasiosa), la película claramente hace así referencia a la regla no escrita de los slashers de los años 80, donde Jason y Michael Myers usaban machetes, cuchillos y otros implementos de tortura para asesinar y descuartizar a adolescentes no muy distintos a los que pueblan este filme, los cuales tienen sexo entre ellos de manera desenfrenada y muchas veces son asesinados queriendo tenerlo, en medio del acto o una vez recién terminado. En esas cintas de los años 80 hay una tensión constante entre Tánatos y Eros que resulta casi absurda en su constante repetición a la hora de relacionar el sexo pre-marital/promiscuo y el asesinato posterior y acá hay una clara identificación de ese tema al revertirlo: el acto sexual salva de la muerte en vez de provocarla. Aunque, claramente, no quiere hacer una valoración moral respecto al acto en sí al mismo tiempo evita cualquier tipo de valoración en absoluto, tornando el acto sexual en casi un juego de supervivencia, lo cual reduce sus capacidades emocionales con el espectador.

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Lo que sí debo aplaudir con tanto fervor como el resto de los fanáticos es la banda sonora, la cual recuerda a las compuestas por John Carpenter, pero al mismo tiempo tiene su propia alma, su propio ritmo y logra escapar de la comparación exclusiva que sí se puede hacer con el resto de la película. También debo decir que la premisa, aunque ridícula en el papel, logra hacerse coherente a lo largo del filme, sigue sus normas claras casi todo el tiempo, donde la figura que persigue siempre es una y puede cambiar de forma y de apariencia en cuanto desaparece de la vista, a fin de cumplir con diferentes “habilidades” u “obstáculos” que tiene que pasar. Esto último se ve reflejado en la mejor escena, cuando la protagonista se ha arrancado a una casa en la playa con sus amigos, y se encierra tras una puerta por la cual la figura no puede pasar por ser muy alta, sólo para desaparecer de la vista y volver a aparecer como un niño que ferozmente logra pasar y tomar furiosamente las piernas de nuestra heroína, logrando un gran momento de tensión.

Plagada de imágenes poderosas, escenas de un grotesco clásico casi elegante, como si fuéramos visitando el museo del gore, desde los primeros minutos prometiendo un crecimiento interior del terror que a lo largo de su extensión busca su escape en los sustos más nimios, pero que al mismo tiempo la tensión absoluta que logra en cada plano y secuencia no se libera en ningún momento de la película, ni siquiera cuando esta termina. Sobre eso mismo, personalmente siento que el final no me convence, pues por mucha de su extensión da la sensación de algo que está recién partiendo, de algo que no logra cerrar completamente porque no fue desarrollado todo lo que podría haber sido, y he ahí creo yo la mayor falta de It Follows. Fuera de la referencia, fuera de los aspectos personales que yo he traído a este texto para poder establecer un diálogo con la misma, creo que finalmente su premisa le queda demasiado grande y no explota todo lo que pudo haber explotado de una mitología que podría haber dado para espectaculares escenas que sólo se traducen en una puesta en escena final que resulta rocambolescamente ridícula.

Sin lugar a dudas que hay que verla en el cine, es una de esas que uno no puede perderse, pero, una vez terminada, puede volver a casa y buscar en internet The Babadook. He ahí la obra maestra de terror del año 2014 y de la última década, una película sobre el terror absoluto y que lamentablemente no llegará a cines chilenos (ya está en Netflix).

Jaime Grijalba

Nota comentarista 8/10 Dirección: David Robert Mitchell. Guión: David Robert Mitchell. Reparto: Maika Monroe, Keir Gilchrist, Daniel Zovatto, Jake Weary, Olivia Luccardi, Lili Sepe, Linda Boston, Caitlin Burt. País: Estados Unidos. Año: 2014. Duración: 100 min.

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