Informe XXII Ficvaldivia (1): Militancias, imágenes que arden

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Une jeunesse allemande, el primer largometraje documental de Jean Gabriel Périot (a quien se dedicó una retrospectiva hace solo tres años en Ficvaldivia) es devorado por la presencia de Ulrike Meinhof, líder intelectual que pasa de ser una columnista de izquierda a una activista radical que fundó la Rote Armee Fraktion, de inspiración maoísta y en guerra abierta contra el estado; realizando acciones directas como robos, bombas, asesinatos en bancos, cuarteles de policía y atentados políticos. Un intenso viaje por el archivo que Périot va componiendo entre registros periodísticos y fragmentos de películas de Holger Meins, H. Bitomski e incluso Alexander Kluge, contrastando y enfatizando una guerrilla que pasa por el registro y el re-montaje (el documental cuenta con la intensa colaboración de la crítica e investigadora de cine militante Nicole Brenez). Aunque es cierto que hay muchos filmes dedicados a la RAF, el filme en parte es un homenaje al cine militante y a su vez es una pregunta intensa en torno a los motivos que llevan a un grupo de jóvenes universitarios para pasar a la clandestinidad y rechazar todos los estamentos de la sociedad. Périot aquí analiza condiciones sociales y épocales con solidez. Pero es Ulrike Meinhof quien se roba la película, sus diversas apariciones públicas, primero como polemista estable de la revista Konkret, en televisión como analista social y finalmente su paso al boicot que empieza contra la propia Konkret; el paso de “jugar a la revolución” a la “acción directa”. La dureza de las palabras de Meinhof en este paso, son también los de una época que ha pasado de la euforia celebratoria al nihilismo, cuestión que cierra con una escena de Alemania en otoño (Deutschland im Herbst, 1977), con el propio Fassbinder asimilando y discutiendo qué significa la RAF para una generación harta del país que habían recibido de sus padres.

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Meinhof y la militancia me volvieron a aparecer en dos filmes, pertenecientes a la sección Nuevos Caminos que este año bien llevó Gonzalo de Pedro. Machine Gun or Typewriter? de Travis Wilkerson, narración over en torno a un programa de radio, su locutor y una historia de un amor fugaz con un auditor. De inspiración situacionista y psico-geográfica, el filme es también una reflexión sobre la ciudad y el mapa y, por vía de los propios procedimientos de montaje entre imagen y sonido, una construcción icónica pero a la vez exploratoria entre el ruido y el grafismo, que recuerda tanto al futurismo soviético como al espíritu post-punk. Meinhof, pero así también el radicalismo político sale citado y el “machine gun” vs “typewriter” puede ser comprendido como acción o palabrerío. La historia de amor se transforma en una tortuosa ida y venida pasional entre ambos niveles y termina en un relato paranoico, de cazadores cazados y fantasmas que reaparecen.

Por su parte, Jim Finn sigue realizando las comedias utópicas desde el tacho de basura, entre el juego, el apropiacionismo y la herencia. El 2014 comenzó con la serie Inner Trotsky Child  (algo así como “descubriendo a tu niño Trotsky interior”), que este año continúa con Chums from acrros the void, especie de homenaje a héroes perdidos al interior de las censuras ortodoxas de la burocracia política de izquierda. Entre ellos, los homenajes a Luis Enrique Cerrada Molina, alias  “Machera”: un “Robin Hood” perdido en Venezuela y asesinado por la policía, hoy convertido en especie de santo popular; o Maria Spiridonova, vengadora soviética del pueblo ruso campesino de inicios del siglo XX. Entre la Historia y la utopía, pero así también entre el juego y la ironía, Finn sigue construyendo esa revolución “mental” para el siglo XXI.

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De las más de seis horas de Homeland (Irak Year Zero) de Abbas Fahdel, casi no sé qué decir. Se trata de un registro en dos partes, pre y post invasión norteamericana a Irak. La parte 1 empieza en el año 2003 desde el aviso de un inminente ataque. Fahdel registra la vida cotidiana de Irak, recorriendo la ciudad, el mercado, las calles y el ambiente social, así también, conocemos a sus sobrinos, familia y amigos desde cerca, siendo uno de los protagonistas Haidar, su sobrino de 12 años. Todo esto está contado desde una óptica cercana “desde adentro”, una crónica cotidiana, sin gran artificio pero mucha sensibilidad para comprender por qué registra lo que registra. El clima que va adquiriendo esta primera parte está dado por la belleza y la calma con que se vive en esta ciudad, al menos desde una cotidianeidad donde los otros, la convivencia y el encuentro son posibles, pero que a la vez se sabe amenazada, con cierta incertidumbre. Particularmente, la memoria de la guerra del golfo parece aún algo reciente y el testimonio de quienes estuvieron y sobrevivieron es algo que queda dando vueltas a lo largo de esta primera parte. La inquietud se transforma en una sombra cuando nos acercamos al final de la primera parte ¿Y ellos sobrevivirán…? Como es de esperar, la segunda parte es devastadora. No por lo cruenta (aunque hay hechos, claro, pero no se trata de la violencia expuesta), sino por la destrucción de un sistema de vida y la ruptura de los lazos comunitarios que es expuesta por parte de Fahdel con ojo milimétrico, cercano pero reflexivo. La incertidumbre afecta la seguridad urbana, la higiene y la integridad de los cuerpos frágiles: mujeres, niños, ancianos. La ciudad se hace de armas, surgen los ladrones pero así también la miseria. La devastación de la ciudad, los barrios y los monumentos, todo rastro de cultura es destruido y en su lugar llega ahora la tv satelital y el acceso a la cultura norteamericana. El filme-río; novela familiar, testimonio cercano de la guerra y la sobrevivencia, termina de forma repentina con la muerte de Haidar. El filme se vuelve un registro implacable, certero y devastador del daño al tejido, al universo íntimo que constituye la vida social, la precarización de la vida y la exposición radical de los cuerpos.

Iván Pinto Veas

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