Chicago boys: dueños de un mundo libre

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Lo que se puso de manifiesto es que la propiedad pública no es una protección de lo común, sino una especie de forma “colectiva” de propiedad privada, reservada a la clase dominante, que puede disponer de ella a su antojo y expoliar a la población de acuerdo con sus deseos y sus intereses. Laval & Dardot (2015)

Los derechos de propiedad no son únicamente una fuente de libertad económica. También son una fuente de libertad política. Milton Friedman

Chicago boys aparece en una coyuntura local precisa, esto es, el ambiente de crisis de legitimidad y el malestar respecto a la orientación de políticas públicas de los gobiernos de la Concertación desde la década del noventa; un clima de desencanto del cual el cine chileno post 2011 viene dando cuenta de forma creciente (sobre estas narrativas del agotamiento ya he escrito un texto a inicios del 2015). A este desajuste narrativo Chicago boys suma una orientación genealógica y auscultadora respecto a los orígenes de la doctrina neoliberal  chilena, desde el punto de vista de los creadores de El Ladrillo, instructivo económico con el que la dictadura re-estructuró políticas económicas.

La historia comienza hacia la década del 50 y en el inicio hablamos un grupo de becarios en la universidad de Chicago, por ese tiempo, cuna de la llamada escuela monetarista. Es en este lugar donde conocen a dos maestros, ellos son Arnold Haberger y Milton Friedman, el segundo ya un conocido liberal recalcitrante que abogaba por la nula intervención del Estado y la auto-regulación del mercado como camino hacia la libertad social. Al inicio el filme cuenta con materiales de archivo en super8 y se presenta cierto ambiente de cofradía, una amistad en ciernes de un grupo compuesto por Ernesto Fontaine, Sergio De Castro (nombre clave y uno de los ministros de Pinochet) y Ricardo Ffrench-Davis, entre otros. A su vuelta, instalados en la Universidad Católica, serán bautizados como los “Chicago boys”, y vistos como una verdadera cofradía, esto aunque sus ideas serán mal recibidas por la propia derecha chilena en ese momento. Durante la UP parte del grupo observará como este país se ha ido al “carajo” y se irá fuera de Chile. Algunos celebran el día del golpe militar.

Lo que enfatiza el documental, en términos históricos, es el caso excepcional y acaso la paradoja. Por un lado, el hecho que sus ideas hayan sido prácticamente ignoradas y rechazadas hasta la dictadura de Pinochet, la que buscaba por cierto un modelo económico que ayudará a mejorar su imagen, dándole una nueva cara al país y la dictadura, poniéndolo “a tono” con la modernización económica en ciernes, la era “Reagan-Tatcher”. Segundo, que haya sido solo en el contexto de una dictadura especialmente represiva que poseía control sobre medios, leyes y aparatos policiales, dio las condiciones para que pudiera ser directamente “implantado” este sistema, reestructurando las relaciones Estado, economía y sociedad. Es decir, que sólo en las condiciones extremas haya podido ser instalada una doctrina social que propone un modelo des-regulado de la libre competencia de individuos. La relación entre ambas cosas -dictadura y economía- es algo que De Castro y Fontaine tienden a ignorar o rechazar como idea, French-Davies será más crítico al respecto. La tercera parte del filme está dedicada a mostrar el continuismo de la doctrina de manos de la Concertación. Esto lo hace con apenas una secuencia: el homenaje a Haberger, donde se encuentran presentes gran parte de la plana económica de los noventas y la presidenta Bachelet.

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Con todo esto, y con sutil detalle, el documental desliza ideas, gestos, actitudes que van graficando la ambición histórica de los boys  como el orgullo de su legado y su desprecio a un Chile de “rucas”, alejado del progreso modernizador  y el aumento del ingreso per cápita, donde el problema es menos la igualdad (demanda social que sería “fruto de la envidia”) que la pobreza como piso para competencia en igualdad de condiciones. Finalmente, su perplejidad ante el clima de malestar social después de 2011, en un Chile que a vista de ellos se ve próspero y desarrollado.

Esta perplejidad se concluye con una escena que a mí gusto es un acierto: como si graficara las cristalizaciones de la Historia, así como el ciclo no-resuelto, este documental termina con un think tank neoliberal al interior de la Universidad Católica, la casa matriz del grupo, lleno de frases de Friedman y un comentario sobre la campaña de desprestigio formulada por Naomi Klein, la voz de una joven generación de recambio. La escena termina con la sala vacía, las fotos de Friedman y el personal de servicio limpiando el lugar.

Iván Pinto Veas

Nota comentarista 7/10. Promedio del blog: 7/10. Título: Chicago Boys. Dirección: Carola Fuentes, Rafael Valdeavellano.  Guión: Carola Fuentes. Fotografía: Pablo Valdés, Sebastián Caro. Montaje: Rafael Valdeavellano. Sonido: Francisco Escobar. País: Chile. Año: 2015. Duración: 85 min.

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