40 Festival Cine UC (3): La academia de las musas

academia

Las primeras imágenes de esta película nos sitúan en los contornos de una universidad de Barcelona, transitamos por sus pasillos y nos adentramos en una sala de clases. Un profesor de literatura (Raffaele Pinto) explica a sus alumnos (casi todas mujeres) la amplitud y la grandeza de La Divina Comedia del Dante. Lo que a él más le interesa es transmitir la belleza poética y filosófica que inaugura el poeta italiano, la aspiración amorosa a un ideal encarnado en la figura de Beatriz. Pero lo que busca Raffaele es algo más profundo, algo que se confunde entre su interés académico y los personales, más mundanos. Utilizando los diálogos platónicos, la literatura renacentista y el amor cortés de los primeros poetas provenzales, explora con sus alumnos las variaciones y cambios históricos que desembocaron en nuestra actual idea del Amor. Es inevitable que en ese intercambio de opiniones, las estudiantes repliquen o argumenten a favor o en contra de las ideas de Raffaele. Poco importa. Lo que él busca como profesor es explorar junto a ellas la dimensión del sentimiento amoroso y cómo este influyó en la evolución de la condición femenina. El problema comienza cuando Raffaele transgrede la distancia formal con sus alumnas y trastoca su rol de académico, trasladando sus ideas y conocimientos a la esfera de lo privado, arrastrando con ello a sus alumnas.

Esta es la base dramática de La academia de las musas, la nueva película del gran José Luis Guerín, un director que funda su cine en los inestables límites formales del documental y la ficción (En Construcción, En la ciudad de Sylvia) y, en función de ese fluctuante rango variado de impresiones, transita por los recodos de una mirada desconcertada ante la leve y acumulativa alteración de una realidad en apariencia uniforme. En La academia de las musas Guerín maneja con mano invisible los diálogos (¿Cuánto improvisados? ¿Cuánto intervenidos? Nada sabemos) entre el profesor y sus alumnas, franqueando la esfera de la charla de pasillo para convertirla en una discusión de dos amantes que luchan por convencer al otro sobre los contornos de la atracción amorosa. Aquí la mirada de Guerín evidencia su intención de hacer palpable la estrategia de Raffaele de dominar a sus alumnas a partir de su idea de volver a formar una “academia de las musas”, suerte de espacio de sumisión y vasallaje en donde el maestro y sus discípulas despliegan una red de relaciones erótico-filosóficas, restaurando los clásicos banquetes griegos. No queda claro si la manipulación de Raffaele con cada una de sus alumnas es motivada por un frío deseo de dominación o si existe en él una atracción involuntaria que acepta con todas sus contradicciones y consecuencias. Pero es indudable que Guerín no muestra real simpatía por él, más allá del insondable mundo interior que lo hace un personaje extrañamente singular. La prueba de esto último son las escenas en las que Raffaele debe enfrentar a su esposa, justificando sus actos. La cámara lo filma con un dejo de desprecio, lejano, casi escondido, mientras que su mujer aparece en primeros planos en donde replica y deja en ridículo a su esposo a partir del puro sentido común.

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La academia de las musas está filmada con una conciencia magistral de los formatos, que maneja Guerín según los acentos que busca subrayar a lo largo del film. Hay una belleza plástica en cómo recorre los espacios, como si homenajeara la imaginería romántica que defiende Raffaele y, al mismo tiempo, se burlara de las subordinaciones que implica el vasallaje amoroso. Como un insólito ejercicio visual, La academia de las musas habla de muchas cosas, pero por sobre todo indaga en los límites morales de nuestras estrategias para dominar al otro, y como el amor y el erotismo albergan un catálogo contradictorio e imprevisible de extravíos: un lugar en donde las palabras son alas de libertad y cárceles de dominación, un espacio en donde la imaginación puede ser inspiración y veneno. En las aguas primordiales del amor, se esconde un abismo oscuro que nos vuelve estúpidos, rehenes de nuestras propias elecciones. Todo esto ya lo sabíamos, pero Guerín se complace en recordárnoslo, más que por afán moral, como una variación más de las falseamientos que esconden las apariencias ordinarias. Guerín trabaja desde esa seducción tramposa de la realidad, y lo vuelve materia, imagen que late zigzagueante entre la simulación y la verdad.

Marco Allende

Nota: 9/10

Título: La Academia de las Musas. Director: José Luis Guerín. Guión: José Luis Guerín. Fotografía y montaje: José Luis Guerín. Reparto: Raffaele Pinto, Emanuela Forgetta, Rosa Delor Muns, Mireia Iniesta, Patricia Gil. País: España. Año: 2015. Duración: 92 minutos.

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