La gran apuesta (Adam McKay, 2015)

 

Una melancolía del cinismo

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De un tiempo a esta parte, y con mayor ahínco precisamente en el ahora, me sorprende notar la cantidad de producciones norteamericanas que tematizan acerca del poder y sus frecuentemente despiadados mecanismos de conservación. Pasando por la vasta influencia expositiva de series dramáticas recientes como House of Cards, Mr Robot o Game of Thrones, y a través de un abanico de películas contemporáneas, en las que resuenan las recientes Truth y Spotlight; La gran apuesta (The Big Short), la película que nos convoca en el presente artículo, no se debería identificar como un producto aislado, sino más bien como parte de una tendencia temática cada vez más visible en el cine hollywoodense, en el cual la industria pareciera estar arriesgándose a apelar a un público muchísimo más suspicaz en términos de su relación con la autoridad.

En principio, éste acercamiento a la crítica de los altos poderes se nos muestra al menos como un dato digno de cuestionamiento. ¿Estará la industria hollywoodense vocacionalmente conectada con las nuevas inquietudes de una masa cada vez más crítica, o simplemente se encuentra aprovechando la oportunidad económica de poner en escena conflictos que en nuestro creciente escepticismo social nos están siendo de gran actualidad e interés? ¿Querrán vendernos miedo, porque el miedo vende?  Los fines de esta nueva tendencia, o de lo que aquí llamaremos “filmes de sospecha” o “filmes de conspiración”, fuera de especulaciones nos quedarán lamentablemente ocultos, pero hablando de sus posibles efectos en el espectador, no podremos negar la fuerte desconfianza y el escepticismo político y moral que últimamente nos transfieren.

Ahora bien, centrémonos de una vez en The Big Short, película que recordemos está nominada al Oscar este año. Basándose en hechos reales (otra tendencia artística a discutir), la película nos narra la historia de un selecto grupo de banqueros, economistas y empresarios que descubren, cada uno por su cuenta, un enorme error en el mercado de las hipotecas de vivienda, que los anticipa a la histórica crisis que sufrió Estados Unidos y el mundo en el año 2007.

Narrada con un estética visual más bien barroca en recursos de montaje, algo recargada al movimiento y emparentada con cierta estética del collage, The Big Short pareciera tener un ritmo que a ratos se confunde entre el interés por sus personajes y el de emular a una bomba de tiempo. Si la película es leída principalmente desde el primer punto, obviando la tensión más ingenua del primero, nos encontraremos ante una película interesante, con varias actuaciones de gran realismo, y con un guión que distando de ser perfecto, logra evidenciar con cierta elegancia una mirada desconcertada de ciertos tópicos como el abuso de poder y la estupidización del consumo.

Si bien la forma en que McKay resuelve las cosas, entraña gran semejanza a la última obra de Martin Scorsese, The Wolf of Wall Street, la película resuelve su entrega estética con relativa originalidad. No se puede negar que existe una solidez técnica en el director, y al mismo tiempo una vocación para experimentar con formatos, citas, cortes y movimientos de cámara, lo que la hace una película bastante dinámica, aunque algo cansina en explicaciones conceptuales dadas en la rapidez del montaje.

De todas formas, el filme se comprende bastante en su esencia. La historia de los tipos inteligentes que lograron prever la crisis del 2007 y seguir las torpes maquinaciones económicas que la ocasionarían, es también la oportunidad de conocer como éstos personajes se relacionan con su propia sociedad. Este segundo punto, evidentemente muchísimo más importante que el primero, nos revela mucho acerca de lo que el filme piensa, o permite a sus personajes pensar.

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En principio, tenemos a Michael Burry (Christian Bale en una gran actuación), una suerte de genio matemático que adivina antes que nadie la crisis económica, pero que desde su carácter más bien retraído y poco empático, no logra comunicar satisfactoriamente a su jefe y a sus clientes la confianza suficiente para salvaguardarlos del desastre.

Por otro lado, tenemos a Mark Baum (un Steve Carell que se instala ya con propiedad en el terreno del drama) un inusual gerente de inversiones, extremadamente crítico de la corrupción, defraudado del capitalismo como fuente de felicidad (en esto marcado por el suicidio de su hermano), y aunque protector del bien social, paradójicamente apostando en contra de la estabilidad de los bancos.

A mi juicio, lo interesante de estos dos personajes es que si bien ambos son hombres críticos que quieren ayudar a los demás, los dos tienen precisamente en común una leve tendencia antisocial que no les permite ver lo bueno de la gente, ni comunicarse con ella de maneras socialmente aceptadas. Ésta cualidad común es la que los convierte en denunciantes de un “otro incorrecto”, pero a la vez los aísla y los torna en una clase de auto-profetas. ¿Será que los verdaderos activistas sociales, en su cualidad de disconformes, son a la vez los más incapacitados para socializar correctamente? El filme pareciera plantearnos ésta incertidumbre, focalizándose en cómo la decepción para con la gente e inclusive el enojo hacia las actitudes de la masa, son el motor pero al mismo tiempo la fatiga de sus rebeldes.

Sobre los otros personajes del filme, se podría afirmar que lo común a la variopinta muestra que se nos presenta, es que todos están atados de una manera u otra a como funciona el sistema económico, y por ello, cada uno, aún profesando distintas filosofías y actitudes de vida, termina luchando por su propio interés. Entre sujetos que lucran con culpa y sujetos que lucran sin culpa; consumistas que odian el consumismo u otros que lo avalan auto-conscientemente, sólo hay algunos pocos rasgos de personalidad de diferencia.

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En este sentido de apertura moral, es notable la escena en la que el personaje de Steve Carell decide hacer negocios con el personaje de Ryan Gosling. Mientras sus colaboradores le insisten en que el tipo es alguien demasiado egoísta como para tenerlo de socio, Carell les replica mordazmente: “Sí, es cierto, pero es tan abiertamente egoísta, que casi me gusta”. Así, sin una mirada directamente acusatoria al interés propio de sus personajes, sino más bien denunciatoria de la hipocresía, la película maneja el conflicto del individuo versus la sociedad de una manera abierta y desde un cinismo irónico que calza con la actitud de Gosling, el narrador.

Para finalizar, me parece necesario hacer una leve descripción del curioso personaje de Brad Pitt (un Brad Pitt correcto, bien caracterizado). Es éste cuarto personaje el que, sin aparecer tanto en pantalla, me ha logrado llamar mucho la atención en términos morales. Habiendo ya vivido la decepción acerca de los grandes poderes, el personaje de Brad Pitt se pasea por las salas de negocio con una cautela y una tranquilidad inquebrantables: Meticuloso, prácticamente infiltrado en el mundo de los trajes ajustados, el hombre goza de una buena fortuna pero no pareciera importarle demasiado. Su ambición, a diferencia de la de los demás personajes, tiene sus propios límites, y gracias a ello, inclusive puede darse el lujo de ayudar a sus amigos a “hacerse ricos”. ¿Será ésta la manera en que los guionistas parecieran decirnos cómo se ha de vivir sabiamente en un mundo capitalista?  Quién sabe.

Entre tanto, podemos decir que The Big Short es una película entretenida, bien actuada, y que bajo una segunda lectura se muestra bastante interesante; no una de las grandes épicas que tematizan acerca de la ambición capitalista, sino más bien una correcta visión acerca de la decepción moral que conlleva mirarla de cerca. Saliendo del cliché, y sin aparentar un tono demasiado grandilocuente, la película se deja ver como una buena muestra del constante estado de tensión en que los intereses individuales se intrincan con los colectivos, en un mundo que pareciera estar cada vez más auto-consciente de la ley del más fuerte.

Rodrigo Delgado

Nota comentarista: 6/10

Título original: The Big Short. Dirección: Adam McKay. Guión: Adam McKay, Charles Randolph. Fotografía: Barry Ackroyd. Reparto: Christian Bale, Steve Carell, Ryan Gosling, John Magaro, Finn Wittrock, Brad Pitt, Hamish Linklater, Rafe Spall, Jeremy Strong, Marisa Tomei, Melissa Leo, Stanley Wong, Byron Mann, Tracy Letts, Karen Gillan, Max Greenfield, Margot Robbie, Selena Gomez, Richard Thaler, Anthony Bourdain. País: Estados Unidos. Año: 2015. Duración: 130 min.

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