Brooklyn (John Crowley, 2015)

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No es poco común encontrar un drama de época dentro de las nominaciones a los Oscar, y este año ha sido el turno de Brooklyn. La cinta se enmarca en una tradición de filmes basados en las grandes olas de inmigración a Estados Unidos en el siglo XX, y hace un repaso por varios de sus tópicos. Desde la formación del crisol cultural hasta la búsqueda del sueño norteamericano, Brooklyn combina  los lugares comunes de las películas de inmigración con otros tópicos sacados del género coming of age. Y es que Brooklyn es una película que se mueve a nivel formal con suma discreción, entregando algunos de los aspectos más positivos, pero también sucumbiendo ante varios códigos que ya parecen más vicios dentro de la industria hollywoodense.

Nos encontramos con Eilis trabajando infelizmente en una pequeña tienda de un pueblo en Irlanda. Su hermana arregla los preparativos para permitirle realizar un viaje a Estados Unidos y así poder mejorar su nivel de vida. Los primeros meses resultan difíciles y la nostalgia se apodera de ella, dándole malos días en el nuevo trabajo y en casa. Sin embargo al conocer a Tony, un inmigrante Italiano, empieza a recuperar el entusiasmo hacia su nueva vida norteamericana. En medio del enamoramiento y la estabilidad laboral su hermana fallece en Irlanda, obligando a Eilis a regresar temporalmente a su país de origen. Aunque, una vez allí, la situación laboral que encuentra resulta inesperadamente favorable, al mismo tiempo que conoce a un apuesto soltero. El debate entre dos amores le obliga a replantear su decisión migratoria.

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Narrativamente Crowley plantea un triángulo amoroso que sirve como dualidad de decisiones en la mente de Eilis. Sus dos posibles esposos representan ingeniosamente sus dos posibilidades de vida, y la decisión que enfrenta al emigrar. En una historia de crecimiento basado en las decisiones de vida, Brooklyn logra establecer su punto principal sobre el  cómo plantearse entre dos caminos puede definir el carácter, y cómo un personaje puede evolucionar desde la inocencia y desprotección hasta la fortaleza necesaria para abrirse un mundo a través de estas decisiones. Pero es necesario apuntar cómo la cinta pasa subliminalmente sobre varios puntos en el medio, desarrollando otras narrativas de manera más coja.

Basada en una novela de Colm Tóibín, la cinta da la impresión de querer compilar más información de la que su minutaje y estilo de montaje son capaces de entregar. Es así como se desarrolla el primer romance de Eilis y Tony de manera pausada, y se entrega suficiente información como para poder compenetrarse, mientras que la segunda historia de amor sucede en algunas cortas escenas que nos hace difícil creer lo rápido que Eilis puede olvidarse de su pareja. Este apresuramiento se puede sentir desde la primera secuencia del film donde un montaje nos resume su descontento en Irlanda y la propuesta de vida de su hermana. Pero la infelicidad vivida en Irlanda se muestra apenas en un no-tan-mal día de trabajo, dejando como tarea para el espectador aumentar la infelicidad de Eilis con la imaginación. Los primeros minutos entregan también algunos ejemplos de los mayores defectos formales de la cinta: el uso de música dramática de cuerda acentúa los momentos tristes y una poco atractiva cámara lenta nos conduce emocionalmente de una manera más obvia de la que se podría apreciar. Mientras que el uso de los colores y la cinematografía resultan efectivos (incluso algunas escenas llegando a un nivel impecable de ejecución) estos códigos de dramatización automática entorpecen el goce de la obra.

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Crowley desarrolla entonces un clásico coming of age en el que nos podemos identificar con el crecimiento emocional de un personaje a partir de una serie de decisiones personales, pero donde la ambición narrativa enloda algunos de los aspectos más positivos en el desarrollo de la protagonista. Mientras que el planteamiento estético, si bien tímido, refuerza los mejores momentos del filme (el regreso de Eilis a Irlanda resulta particularmente bello a momentos), la inequidad en que las distintas narrativas se elaboran deja la impresión de que algunos segmentos de Brooklyn están apresurados en su resolución. Brooklyn supone el resultado de una película que respeta cada regla indicada por la buena factura hollywoodense. Y si bien esto no asegura una película correctamente ejecutada y pulcra, la sensación formuláica y la falta de una profundidad discursiva hacen de la película una experiencia agradable pero extremadamente tibia.

Héctor Oyarzún

Nota comentarista: 5/10

Título original: Brooklyn. Dirección: John Crowley. Guión: Nick Hornby (Novela: Colm Tóibín). Fotografía: Yves Bélanger. Reparto: Saoirse Ronan, Domhnall Gleeson, Emory Cohen, Julie Walters, Jim Broadbent, Michael Zegen, Mary O’Driscoll, Eileen O’Higgins, Emily Bett Rickards, Paulino Nunes. Año: 2015. País: Irlanda. Duración: 105 min.

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