La chica danesa (Tom Hooper, 2015)

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Gerda y Einar Wegener se casaron a principios del siglo XX, cuando ella tenía diecinueve y él veintidós años. Ambos eran pintores, de hecho, se conocieron en la Escuela de Arte de Copenhague. Se dice que un día Gerda le pidió a su esposo que posara para ella con ropa de mujer, lo que habría desatado en Einar una condición que ya latente. De esta forma, y con el apoyo de Gerda, Einar se  fue transformando en Lili, quien a su vez, se convirtió en la modelo favorita de la pintora. Finalmente, y por motivos legales, el matrimonio se anuló. Gerda se volvió a casar, a pesar de tener reconocidas prácticas lésbicas mientras aún vivía con Lili, quien por su parte, se sometió a una serie de cirugías, que comenzaron con la extracción de sus testículos, y terminaron con la fallida implantación de un útero. Lili Elbe fue una de las primeras personas conocidas en someterse a una reasignación de sexo.

Tom Hooper, en la dirección, y Lucinda Coxon, en el guión, se inspiran en esta historia para articular La chica danesa (2015). Un film que, en una construcción evidente en sus elecciones narrativas y aburrida en términos visuales, transforma la historia en un ejercicio carente de profundidad, donde parecemos estar más bien ante una mirada ansiosa y a ratos ambiciosa, con un punto de vista que tropieza una y otra vez en simplificaciones y lugares comunes, dejando poco y nada de espacio para la reflexión y diálogo con el espectador. Y si bien la fidelidad a la historia no es algo que se quiera o se pueda exigir, sí es necesario hacerse cargo de lo que se busca plasmar. En este sentido, el film basado en el best seller de David Ebershoff, construye una historia errática, donde los problemas, o vacíos narrativos, coinciden también con elementos propios de la historia original, que no están a la altura en el relato de ficción.

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La película cuenta la historia de Gerda y Einar, un matrimonio que desde un comienzo se presenta como perfecto: son jóvenes, talentosos, están enamorados e intentan tener un hijo (sin éxito). Sin embargo, y aquí una de las primeras trampas narrativas, su estabilidad se quiebra cuando Gerda le pide a Einar que pose con los zapatos y medias de una modelo que aún no llega. Es como si una luz se encendiera en el cerebro de Einar –interpretado por Eddie Redmayne, que desde ese momento pareciera estar al borde de la sobreactuación–. Algo está sucediendo, no hay dudas, pero el instante se ve interrumpido cuando la modelo, una guapa bailarina amiga de la pareja, llega e interrumpe a Einar. La chica que lleva consigo un ramo de Liliums apoda a su amigo disfrazado de mujer como Lili, obviamente.

Ahí comienza la transformación de Einar, y Gerda –interpretada de muy buena manera por Alicia Vikander– lo apoya. En este sentido, pareciera que la esposa del pintor fuera el único personaje que se construye con un poco más de sentido, en tanto somos capaces de comprender sus contradicciones, dilemas, y emociones. Sin embargo, esta misma virtud se vuelve en su contra, ya que en la medida que el film se articula desde el punto de vista de Gerda, más conservador este se vuelve.

En esta línea, se nos presenta una paradoja: mientras más éxito tiene Gerda, más opacada se ve por Lili; quien por su parte acrecienta su feminidad en contraste con esposa cada vez más masculina. La situación es por lo demás injustificada –en tanto ni siquiera se esboza la posibilidad de que Gerda sea lesbiana–, por lo que la película cae en un contraste burdo sobre las maneras de ser mujer. De esta forma, cuando hacia el inicio del film un coleccionista le dice a Gerda que nunca será una gran pintora si no retrata a la modelo indicada, nos encontramos ante lo que será una seguidilla de reduccionismos frente lo que respecta la relación de la pareja, tanto como amantes, amigos o colegas.

Lo mismo sucede con una búsqueda visual carente de sentido y más bien preocupada de destacar una bien lograda ambientación. En el gesto estético de deslumbrar con la belleza de la antigua Europa y las vestimentas de época, se pierde el ejercicio de mostrar también lo esencial de la historia. Es una suerte de gran fiesta de disfraces, donde no accedemos a lo sustancial de los hechos. Tal vez por lo mismo, en la primera parte del film se insinúa más bien a Einar con un trastorno de personalidad, que raya en la locura y no se ahonda en el conflicto de la identidad propia y la problemática de haber nacido en el cuerpo equivocado. Y cuando se propone esta búsqueda ya parece ser un poco tarde, pues la historia ha tomado otro rumbo. Quizá por eso, la escena en que dos hombres golpean a Lili porque no saben si es hombre o mujer nos parece casi gratuita.

Así, la película se va poblando de detalles que sólo intentan subrayar y remarcar lo que ya está ultra destacado, presentando problemas de verosimilitud, como cuando Einar toca los vestidos de mujer a escondidas, o visita un prostíbulo para imitar los gestos femeninos –escena que a su vez es engañosa, ya que ésta es justamente después de que Gerda le pide a Lili que traiga a Einar de vuelta, porque necesita a su esposo–. Algo similar sucede cuando Lili toma una pastilla tras otra porque desea operarse nuevamente, a pesar de que evidentemente no está recuperada. El final se precipita y de pronto nos encontramos con la secuencia final que remata la construcción de un mundo de apariencias y superficies, que intenta ilustrar la libertad como un pañuelo que se escapa al viento.

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Finalmente, podríamos preguntarnos qué sucede si realizamos el ejercicio de abstraernos y olvidamos el móvil del film: en este caso un hombre que se siente mujer a inicios del siglo XX y que decide cambiar de género. O bien, qué pasaría si nos quedásemos sólo con el punto de vista que propone la película: la historia de una esposa abnegada y enamorada, que se sacrifica a sí misma para apoyar a su esposo hasta que la muerte los separe. Pero como en el cine forma es también el fondo, la dicotomía que se produce es por lo menos lamentable cuando se piensa que pudimos estar frente un relato transgresor, que tuvo la oportunidad de llevar a las salas y a la industria hollywoodense una mirada poderosa de un tema que aún es tabú y del que poseemos muy poca información. La chica danesa se vuelve entonces una película conservadora, plana y predecible, que no sale de los cánones de lo establecido ni visual, ni valóricamente.

María Luisa Furche Rossé

Nota comentarista: 4/10

Título original: The Danish Girl. Dirección: Tom Hooper. Guión: Lucinda Coxon. Fotografía: Danny Cohen. Reparto: Eddie Redmayne, Alicia Vikander, Ben Wishaw, Sebastian Koch, Amber Heard, Matthias Schoenaerts. País: Reino Unido. Año: 2015. Duración: 120 min.

 

 

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