La Jugada Maestra (Edward Zwick, 2014)

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En todos los deportes siempre han existido jugadores sobresalientes, íconos ungidos como los mejores de la historia, protagonistas de partidos épicos, rachas perfectas o peleas del siglo: epítetos surgidos casi de manera espontánea para graficar los eventos y las personalidades más destacados en cada disciplina deportiva. Y el cine, cómo no, ha servido para recrear y perpetuar esos grandes momentos del deporte. En la mayoría de los casos se ha recurrido al biopic para retratar a los protagonistas de tales eventos, historias de vida ficcionadas sobre los atletas que pasaron al panteón de las leyendas.

La jugada maestra es una más de tantas películas que nos quieren recordar alguna de esas justas épicas, en este caso en el ámbito del ajedrez, práctica deportiva que quizás no parezca en primera instancia tan atractiva como para llevarse a la pantalla, pero que a su favor tiene como protagonista a uno de sus máximos exponentes, el controvertido jugador norteamericano Bobby Fischer. La película, juega con las convenciones del biopic y se concentra en la que, a juicio de los entendidos, es la mejor partida en la historia de este deporte.

Ambientada en gran parte durante los años 70, en plena guerra fría, la política resulta ser el telón de fondo de la película (tal como lo fue en la propia vida de Fischer). La polaridad de ese tiempo entre EE.UU. y la Unión Soviética es llevada al tablero de ajedrez, algo parecido al combate ficticio que en Rocky IV enfrentó a Rocky Balboa con Ivan Drago, implicándose que solo un duelo deportivo parece resolver finalmente la dialéctica de qué potencia se impondrá sobre la otra.

Sin embargo, no es la política sino el registro biográfico y la psicología del personaje los polos por donde transita La jugada maestra; pero desafortunadamente ambos puntos no consiguen dialogar ni construir un relato uniforme, aun teniendo en cuenta que se disponía de una historia atractiva junto con una personalidad controvertida. El filme sin duda pudo llegar más lejos, pero se pierde en un diseño dispar, en primera instancia respecto al propio biopic del protagonista y, posteriormente, en el punto culmine de  la carrera de Fischer.

La irregularidad del relato es el gran pecado de La jugada maestra, al intentar abarcar gran parte de la compleja vida de Fischer. Estructuralmente, en un marco temporal de varias décadas, el filme primero se centra en la niñez y adolescencia de Fischer y en cómo este se convirtió en un genio del deporte ciencia. Tal segmento presenta largas incoherencias narrativas a partir de saltos temporales que parecen azarosos y sin un fin concreto que aporte algo más que una introducción a la vida de Fischer. No es sino hasta bien entrada la película que el espectador puede sintonizar con un relato que alcanza su justa medida recién en la antesala de la final mundial de ajedrez.

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Pese a las carencias, la sola presencia de una figura como Bobby Fischer acaba por sobreponerse a cualquier bache del relato, pues la cinta despliega en toda su dimensión la imagen carismática y magnética, la personalidad compleja de un genio que vivió gran parte de su carrera en una paranoia constante. En este sentido, la performance del también controvertido Tobey Maguire apuntala gran parte de la película, sobre todo en su primera parte, momento en que las debilidades de un guion que no logra tener un corolario coherente parecen insoslayables. Ese flojo entramado que se sostiene en la actuación tampoco encuentra un ritmo que sostenga lo narrado, tal tono recién se logra ya pasada la mitad la historia, cuando la apuesta de la película consiste en llegar al cenit de la narración con el partido final del mundial de ajedrez, algo así como en un buen western donde nos preparan para el esperado duelo final.

La gran virtud que se anota la narración es el deterioro paulatino de Fischer, hilo conductor a lo largo del filme. Declive que irá revelando una progresión en la paranoia, en sus miedos, desencadenado por distintos episodios: desde la persecución durante su más tierna infancia, cuando su madre, una reconocida judía comunista, era vigilada sistemáticamente por el gobierno estadounidense, hasta el delirio que lo acompaña en sus últimos días de vida. Esto se puede apreciar en las imágenes finales del metraje, proyecciones que dan pie para averiguar sobre los últimos padecimientos del campeón mundial, pero que la película negligentemente se niega a retratar. En tal sentido lo que se plantea y se deja a la interpretación es si la paranoia de Fischer es producto de su genialidad o si se trata de un trastorno clínico, o, por otro lado, si realmente estaba justificado, entendiendo el contexto histórico-político de la época que vivió.

Raúl Rojas Montalbán

Nota comentarista: 6/10

Título original: Pawn Sacrifice. Director: Edward Zwick. Guión: Steven Knight. Fotografía: Bradford Young. Reparto: Tobey Maguire, Michael Stuhlbarg, Peter Sarsgaard, Liev Schreiber, Lily Rabe, Conrad Pla, Seamus Davey-Fitzpatrick, Sophie Nélisse, Robin Weigert, Evelyne Brochu, John Maclaren, Andreas Apergis, Ilia Volok, Alexandre Gorchkov, Aiden Lovekamp. País: Estados Unidos. Año: 2014. Duración: 114 min.

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