A war, la otra guerra (Tobias Lindholm, 2015)

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No hace falta una búsqueda demasiado exhaustiva para caer en cuenta que la guerra es una temática recurrente en el cine. Tampoco debiese ser una sorpresa; también es un tópico recurrente en la historia y probablemente uno de los escenarios más dramáticamente cargados a los que se puede enfrentar cualquier ser humano. Las formas de abordar y tratar el tema han sido múltiples y sin embargo hay algo que subyace cualquier narrativa posible y que el director danés Tobias Lindholm parece entender bien: una guerra es todas las guerras.

Para dejar esto en claro Lindholm reduce la iconicidad de esta a lo más básico: un pequeño grupo de soldados daneses patrulla en una zona apartada en medio de Afganistán. No hay grandes escuadrones de helicópteros coreografiados, tampoco hay tanques ni aviones ni grandes salones de inteligencia; solo un pequeño grupo que metralleta en mano acampa y patrulla una tierra inmensa a la que nada los une. Y ese es el primer sinsentido que aparece, pues es en esos sinsentidos que la película repara constantemente.

A War, la otra guerra no es una película de guerra sino más bien una sobre la guerra. Y es a través de esa reducción, de ese despojarse de todos los aparatajes narrativos y emocionales a los que el cine bélico norteamericano nos tiene acostumbrados, que la cinta logra un relato que -pese a lo particular y relativamente insignificante del evento- es el espejo perfecto de cualquier contexto similar. Lindholm no se engolosina con las balas, las explosiones, los desmembramientos. Los hay, sí. Pero no es el goce visual de la sangre y la pólvora lo que mueve al danés, sino más bien una pregunta constante por el sentido de todo lo que significa el aparataje bélico. Lo ridículo de la burocracia militar queda en evidencia desde el primer momento, cuando tras ser atacados por talibanes el escuadrón que comanda Claus pierde un hombre porque en medio de la balacera no pudieron tramitar la ayuda.

La cámara en mano, siempre inquieta, se escabulle y narra desde adentro cómo una serie de arbitrariedades de ese tipo, propias de los tiempos de guerra, tocan la vida de quienes se están involucrados, ya sea en el campo de batalla o fuera de este.

La película entiende a la perfección cómo un evento tan traumático como el que trata atraviesa a quienquiera que se encuentre cerca. Tanto para militares y civiles, cuando son enfrentados por situaciones de tal dureza surge lo inquietante: ¿a quién responder? ¿Qué hace un puñado de soldados daneses patrullando el desierto? ¿A quién protegen? ¿A los civiles árabes, a una institución, a su propia patria o a sus compañeros soldados?

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A War, la otra guerra toma la distancia y posee la crudeza necesaria para plantear estas preguntas, porque entiende que no es necesario ensalzar ni engrandecer las cosas y que, finalmente, incluso esas historias infladas de heroicos personajes se vuelven ridículas cuando se enfrentan a la serie de sinsentidos que una guerra acarrea en realidad.

Cuando Claus se enfrenta a la posibilidad de volver a perder un soldado bajo fuego enemigo incurre en una falta en el código de batalla que deviene en un ataque con bajas de civiles. Claus es enviado de vuelta a Dinamarca, para enfrentar un juicio militar. La mitad de la película transcurre entonces entre los tribunales y la casa del comandante, no en el campo de batalla. Nuevamente no se necesita ni una bomba para dar cuenta del horror, porque ese horror va más allá del fuego y las balas; está adentro, son las decisiones que la guerra, cualquier guerra, obliga a sus participantes a tomar.

Hay un momento en la película donde un padre desesperado le pide ayuda al escuadrón de Claus. Los talibanes amenazan con asesinar a todos sus hijos, está desesperado. El padre busca a los soldados en su cuartel, les pide que por favor lo alojen, que su vida y la de sus hijos está en peligro. Claus dice que no puede. El código no lo permite, lo envía de vuelta y le promete llegar con ayuda apenas despunte el alba. A la mañana siguiente Claus y sus soldados van a buscar a la familia. Todos están muertos. Uno de los conscriptos da cuenta por radio: “los niños que ayudamos están muertos”. De alguna forma Linholm parece así decir que no hay ayuda posible. Una guerra es todas las guerras y si hay una sola cosa que una guerra trae por seguro es muerte. El resto son solo formas muy enredadas para tratar que tengan algún sentido.

Hernán Gutiérrez

Nota comentarista: 7/10

Título original: Krigen. Dirección: Tobias Lindholm. Guión: Tobias Lindholm. Fotografía: Magnus Nordenhof Jønck. Reparto: Pilou Asbæk, Tuva Novotny, Dar Salim, Søren Malling, Charlotte Munck, Dulfi Al-Jabouri, Alex Høgh Andersen, Jakob Frølund, Phillip Sem Dambæk. País: Dinamarca. Año: 2015. Duración: 115

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