Vida sexual de las plantas (Sebastián Brahm, 2016)

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En semanas consecutivas me ha correspondido escribir sobre estrenos nacionales, y si bien las películas son completamente diferentes, hay algo que me parece confirmarse de manera rotunda para el presente del cine chileno de ficción. El tan mentado tema de la “intimidad” está lejos de ser un problema en sí mismo y no debiera arrastrar consigo una carga determinada que influencie su juicio. Ayer en el drama familiar localizado en Chiloé, Joselito (de Bárbara Pestan), hoy en el conflicto amoroso de Vida sexual de las plantas (segundo largometraje de Sebastián Brahm), la intimidad tiene un lugar central al interior de ambas propuestas, con rendimientos disímiles en los dos casos, pero atestiguando que la inmersión del cine en determinadas cotidianidades no lo priva imperativamente de discurso, desplazando la pregunta desde el lugar de la narración hacia la materia de esta, donde se concentran los nodos más interesantes para el análisis.

Bárbara (Francisca Lewin) sufre el quiebre radical de sus planes futuros cuando su novio Guillermo (Mario Horton), sufre un accidente y cuyas secuelas lo dejan mentalmente inestable, con la inteligencia emocional de un preadolescente. La tímida certeza con la que se advenían matrimonio e hijos queda puesta en entredicho y al poco tiempo Bárbara se harta de cuidar a un niño en cuerpo de hombre. Inicia una nueva relación con Nils (Cristián Jiménez), un ingeniero que podría cumplir sus expectativas de madurez pero con la duda constante en el ámbito del deseo, y cómo este se equilibra con sus aspiraciones amorosas. Descrita así, la historia podría pensarse como un dramón digno de telenovela para bajar el almuerzo. Y si bien coquetea de lejos con dicho código, Vida sexual de las plantas se separa de tal registro al menos por dos razones fundamentales.

En primer lugar, con un guión inteligente y un balance elocuente entre el drama afectivo y la comedia. La progresión dramática está dispuesta de una manera interesante en este sentido, haciendo un juego con el paso del tiempo tanto al interior de la historia como para los actores que la interpretan. El rodaje se tomó las mismas pausas que demandaba la trama, haciendo de la elipsis narrativa también una elipsis en los términos de la producción. Esta estrategia, descrita en prensa como una cualidad destacada del film, si bien suena atractiva y colabora en el régimen de la interpretación, su rendimiento a la hora de ver la película completa puede quedar abierto al debate. Esto porque el paso del tiempo no alcanza a posicionarse como un elemento crucial para su desarrollo, donde no queda del todo claro cuánto tiempo cubrió la historia y si eso era realmente importante. Se presenta una separación en el orden de las estaciones, pero la diferencia entre otoño o primavera tampoco incide demasiado, más allá del colorido de los fondos.

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El segundo elemento que otorga densidad particular al film tiene que ver, precisamente, con las actuaciones. No es difícil encontrar ejemplos dentro de la cinematografía local reciente donde la dimensión cotidiana adolece de ritmo y claridad en su puesta en escena, y muchas veces los rendimientos actorales tienen no poca responsabilidad. En el caso de Vida sexual de las plantas, los altibajos emocionales a los que están sometidos los personajes son llevados a cabo de buena forma por los protagonistas. La historia transita en la vereda de las dudas y los resentimientos. En dicho camino, el facilismo de lo obvio no deja de ser una alternativa atrayente, sin embargo, el camino optado aquí le saca provecho a los silencios e incomodidades, haciendo del drama una cuestión más compleja. Tampoco deja de llamar la atención la participación del director Cristián Jiménez en uno de los roles más significativos. Si bien su interpretación está a la altura en buena parte de sus escenas, es curioso cómo Nils no deja de recordar a los personajes de la última película de Jiménez, La voz en off (2014), con el mismo tono y una personalidad similar, como si proviniera de su mismo universo. Y al considerarse la actuación del propio Brahm en Soy mucho mejor que voh (Ché Sandoval, 2013) si estaremos presenciando atisbos de un curioso círculo, virtuoso o vicioso, de directores-actores solo el tiempo lo dirá.

Delineadas las que veo como principales bondades del film, me gustaría detenerme en un elemento que considero el menos logrado del armado, que tiene que ver con la esfera erótica de la propuesta, en términos principalmente visuales. A los 35 años, Bárbara deambula entre pasiones carnales y perspectivas de crecimiento, con la pregunta por la maternidad como horizonte medio. Ahí, si bien no creo pertinente una demanda por lo explícito, sí cabe preguntarse por la mirada sobre el cuerpo y el deseo. La amenaza de la “tentación” funciona de algún modo como antagonista o al menos como una suerte de imán que atrae a la protagonista de vuelta a un estado que considera superado. Como tal, el erotismo no se alcanza a posicionar como un centro de gravedad que vaya causando tal mella en Bárbara. Las escenas sexuales no carecen de verosimilitud pero tampoco están filmadas de tal modo que transmitan la importancia que parecieran tener para la toma de decisiones de los personajes. Puede que sea solamente una cuestión de marketing, pero la película se describe como “drama erótico”, cosa que no se percibe como tal, terminando por causar algo de ruido.

Tal vez la promoción no le hace adecuada justicia a lo que el film demuestra en estricto rigor; ya con el tema del erotismo recién descrito, ya con el comentario sobre la temporalidad en la filmación, comentado algunas líneas más arriba. Quizás una autodescripción menos pomposa acercaría al espectador de forma más fidedigna a los postulados mismos que el visionado ofrece; una mirada seca y tensa de la perspectiva femenina sobre la familia, el amor y las mutuas dependencias. Si bien la película vive de su propio contenido y no de la descripción que de sí misma haga, una inadecuación de esta naturaleza no deja de llamar la atención, aunque de todos modos no le resta mérito a su puesta en imagen.

José Parra

Nota del comentarista: 7/10

Título: Vida sexual de las plantas. Dirección: Sebastián Brahm. Guión: Sebastián Brahm. Fotografía: Benjamín Echazarreta, Sergio Armstrong. Montaje: Sebastián Brahm. Sonido: Roberto Espinoza. Reparto: Francisca Lewin, Mario Horton, Cristián Jiménez, Nathalie Nicloux, Gloria Laso, Ingrid Isensee, Gabriela Aguilera. País: Chile. Año: 2015. Duración: 94 min.

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