Al final del túnel (Rodrigo Grande, 2016)

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Siempre he pensado que el cine argentino, en particular todas aquellas producciones de carácter más comercial que aspiran a la distribución internacional (y cuyo paradigma se encuentra en los trabajos de Juan José Campanella), tienen una interesante capacidad para adaptar su propia realidad a géneros cinematográficos de fácil identificación y tradicionalmente ligados a la industria norteamericana. Un ejemplo concreto lo tenemos en Fase 7 (Nicolás Goldbart, 2011), película poco conocida, inscrita en el registro de la ciencia ficción postapocalíptica que, en combinación con la comedia, instala su anécdota y su trama en un edificio de Buenos Aires para construir un relato que funciona perfectamente con tales pretensiones.

Similar juicio podemos emitir sobre Al final del túnel, excelente resultado en el intento por apropiarse de códigos cinematográficos, en este caso un thriller, pero sin renunciar a la identidad nacional, sobre todo desde los personajes.  Joaquín, un aproblemado y solitario inválido al borde del embargo, se involucra con una hermosa bailarina de striptease llamada Berta, madre de una niña, quien le devolverá el sentido de familia y que será fundamental para el desenlace del film. Residiendo juntos, los tres darán vida a una abandonada casona. La naciente relación parece revitalizar a Joaquín, hasta que una serie de extraños ruidos provenientes del sótano lo llevarán a descubrir que en la parte contigua de la vivienda se construye un túnel para robar un banco. De ahí en más, y luego de un comienzo algo flojo, el trabajo de Rodrigo Grande tomará un ritmo trepidante que poco puede envidiar a Hollywood.

Ya mostradas sus cartas, la producción argentina enfatiza su acento porteño y su acción hecha desde y para el contexto latinoamericano. Un punto fundamental es el ambiente. Todo transcurre en esa casa abandonada y su sótano, desde donde los ladrones preparan el atraco. La atmósfera proyectada es opresiva y oscura, muy parecida a la propuesta por David Fincher en La habitación del pánico, pero siempre más precaria e inestable, lo que impide cualquier escape para los protagonistas e imposibilita figurar a la policía como una opción de salvataje. El líder de la banda, un Pablo Echarri irreconocible, se funde en la oscuridad y la violencia y será fundamental como uno de los focos de la película, tanto como personaje como por su actuación. Abandonando su cómodo rol protagónico de teleserie argentina, da vida a un chorro argentino alevoso y sin escrúpulos que perfectamente se emparenta con nuestro conocido flaite. Se trata de un personaje verosímil, alejado por completo del ladrón de banco inteligente y sofisticado made in Norteamérica, producto de una caracterización genuina que, descontando exageraciones aisladas, construye un puente entre el relato ficticio y la cotidiana experiencia callejera.

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El trabajo de Rodrigo Grande es intenso e interesante desde el punto de vista de su propuesta. Pese a que el guión tiene algunos errores de continuidad, para un espectador entregado a la trama esa falla termina importando poco, pues se impone la identificación con el punto de vista del protagonista. En este sentido la historia toma vuelo y se vuelve intensa cuando, a la pasada, Joaquín intenta robarle una parte del dinero a los ladrones, ya que por tratarse de un inválido le proporciona a la trama un toque de humor negro y suspenso que a la vez genera curiosidad por saber cómo se resolverá el conflicto.

Al final del túnel termina siendo un trabajo bien pensado y muy bien estructurado, que como trasfondo y leyendo entre líneas, nos deja entrever todo un abanico de personajes inescrupulosos, desde su protagonista que intenta sacar provecho de la  circunstancia para salvar su propia situación hasta una policía que se encuentra coludida con los propios ladrones. Me pregunto si esta será una mirada crítica del director hacia su propio país, dado el planteamiento moral que aborda el filme. Me quedó dando vuelta esa idea, y quizá pueda estar hilando fino, pero se trata de algo que puede ser homologable a nuestra propia realidad: donde políticos, empresarios, flaites, todos nos encontramos viviendo en una sociedad en la que si no eres “vivo” te “cagan” a la pasada. Sea así o no, de todas formas es una manera de entender nuestra realidad, argentina, chilena, latinoamericana, que cabe dejarse expuesta.

Raúl Rojas Montalbán

Nota comentarista: 7/10

Título original: Al final del túnel. Director: Rodrigo Grande. Guión: Rodrigo Grande. Fotografía: Félix Monti. Reparto: Leonardo Sbaraglia, Pablo Echarri, Clara Lago, Federico Luppi, Javier Godino, Daniel Fanego, Aura Garrido. País: Argentina. Año: 2016. Duración: 120 min.

 

 

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