X-Men Apocalipsis : People are Afraid

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No es ningún misterio que las películas de superhéroes conforman el núcleo de la narrativa épica del presente. Millones de dólares invertidos en la creación de los llamados “Universos Cinematográficos”, realidades paralelas donde no existe la pobreza ni la desigualdad pero sí la responsabilidad moral, la superación personal y, por sobre todo, el entretenimiento. Este año ya lleva tres estrenos de proporciones bíblicas y ganancias estratosféricas, afianzando la posición de vanguardia que tienen estos relatos en la industria hollywoodense.

Producto de nula coincidencia -y más bien de una silenciosa pero descarnada batalla empresarial- las gigantes de Marvel Studios y DC Entertainment, subsidiarias de las más grandes aún Disney y Warner Bros. respectivamente, soltaron al público sendas producciones que ponían a combatir entre sí a sus personajes más entrañables. Además de esta similitud, existe otro paralelismo entre Capitán América: Guerra civil (Anthony y Joe Russo) y Batman v Superman: El despertar de la justicia (Zack Snyder), que tiene relación con que en ambas la diferencia constitutiva entre seres humanos comunes y corrientes y seres meta-humanos con habilidades excepcionales se transforma en el telón de fondo para todos los conflictos desplegados. La problemática de los “dioses entre nosotros”, que se pregunta por la hegemonía tanto política como cultural del ser humano en la tierra, es la materia fundamental de la saga completa de Los Hombres X, pasando por todos los soportes, arcos y formatos. La supremacía de los mutantes, como manifestaciones del próximo paso en la evolución humana, levanta la pregunta sobre qué hacer con los seres “inferiores”, si convivir con ellos o someterlos a la voluntad de los más poderosos.

A diferencia de las películas mencionadas más arriba, el caso de X-Men: Apocalipsis adolece de presencia institucional ante el problema de la vulnerabilidad humana. Mientras que en CA: Guerra civil y en Batman v Superman se traslucían intentos gubernamentales por poner orden donde habitaba el caos, en X-Men tal figura es inexistente. La ausencia de figuras “humanas” de control da paso a un tratamiento más fundamental, carente de burocracias, preocupado por la naturaleza más primigenia del asunto. Pues cuando un mutante puede mover la tierra con su poder, si algo queda en claro, es que ésta no nos pertenece.

Apocalipsis (Oscar Isaac) es un mutante todopoderoso, cuya habilidad fundamental es transferir su conciencia de cuerpo en cuerpo, cosa que cuando uno decae, se transmuta en otro, acercándose a la inmortalidad. Además, en cada nueva posesión, adquiere el poder mutante de su receptor, aumentando así sus infinitas fuerzas. Es considerado un Dios por los antiguos egipcios, pero confinado a las profundidades de la tierra por el sacrificio de unos valientes que se enfrentan a su tiranía. Ahora, en plena década de los 80 del siglo XX, vuelve a despertar. Pasmado por la corrupción que infecta a la sociedad occidental, decide adueñarse de ella, para reconstruirla bajo su diseño, solo con los dignos como súbditos. La eterna disputa entre el profesor Charles Xavier (James McAvoy) y Erik Lehnsherr o Magneto (Michael Fassbender), adquiere una nueva dimensión cuando toda civilización conocida se ve amenazada por tamaño poder destructor. Así, los Hombres X deberán enfrentarse a Apocalipsis y sus cuatro jinetes, en la búsqueda por la salvación.

La inclusión de nuevos personajes siempre se agradece en este tipo de entregas, que tienen la capacidad de cumplir los anhelos más profundos de los fanáticos. En ese sentido, a la presencia ya conocida del Profesor X, Magneto o Mystique (Jennifer Lawrence) se suman las agradables incorporaciones de, entre otros,  Cíclope (Tye Sheridan) y Tormenta (Alexandra Shipp), Nightcrawler (Kodi Smit-McPhee) y Jean Grey (Sophie Turner), los que arman una galería de regocijos para los seguidores. Además, no faltan los detalles tal vez innecesarios, pero cuya presencia no hace más que deleitar al fanático al nivel más profundo posible. La sola pronunciación del “Arma X” bastará para muchos, pero dejemos eso hasta ahí.

Una de las falencias más evidentes en el film tiene que ver con determinados aspectos visuales, principalmente vinculados con las escenas de acción. El tema es extraño porque algunos efectos por computadora están bien logrados, armando secuencias interesantes desde la perspectiva de los combates. Pero hay otras cuya deficiencia es notoria, y en los años que corren, imperdonable. Pareciera que se destinó más tiempo y recursos a determinados planos y escenas, mientras que otras fueron descuidadas, afectando su verosimilitud considerablemente. Por su parte, el guion resulta un poco unidimensional a la hora de abordar la batalla entre el bien y el mal. Si bien tampoco es necesario exigirle virtuosismo literario, algunos elementos de la trama se notan algo obvios en los efectos que confieren al armado general. Sí hay una virtud, por pequeña que sea, relativa a la capacidad de reírse de sí misma, cosa que la película hace un par de ocasiones, recordando otras entregas de los Hombres X, cuyo destino fue nefasto.

Se podría cuestionar también el lugar de la película al interior del universo amplio de los X-Men, principalmente porque desde cierta perspectiva, en la versión anterior, Días del futuro pasado (2014), se cumplía el objetivo máximo de la saga al vincular las dos generaciones de mutantes, separadas temporalmente y unidas en esta película por el personaje medular, Wolverine (Hugh Jackman). Quizás la trama de Apocalipsis podría haber funcionado mejor como segunda película, reforzando para el cierre la historia de control y exterminio que motiva los viajes en el tiempo de su antecesora. Sea como fuere, pareciera que, como remedo de la tradición cristiana, se vuelve imposible evitar la trilogía, que es a la vez tres películas y una misma esencia.

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“People are afraid” se escucha decir en todas las últimas películas de superhéroes. La gente tiene miedo y la industria ha conseguido hacer materia de tal problema transversal, pero encarnándolo en superhéroes y mutantes, aligerando su gravedad. Puede que tal como están las cosas, necesitemos dioses fantásticos más que soluciones prácticas a los problemas que aquejan a la sociedad. Mal que mal, desde el amanecer de nuestra cultura hemos buscado relatos que den sentido a aquello que de alguna forma no podemos aprehender, que nos supera. En la actualidad es el entretenimiento corporativizado el que viene a apaciguar el terror que producen las circunstancias cotidianas, proporcionando un escape. No sería raro, entonces, que en el futuro nuestros superhéroes sean vistos como hoy vemos a los dioses de la antigüedad, una vía de sublimación para un contexto de suyo inconmensurable. El hecho es que el supuesto dominio de la raza humana sobre el planeta es a lo mucho una cosa pasajera, ya que hay fuerzas más grandes y poderosas frente a las cuales representamos poco y nada. Tal vez por esa razón en este tipo de cine no hay un supervillano que se llame “Corrupción” o “Cambio climático”, lo que suena a todo tono como un exceso de realidad. ¿Será por ese motivo que nadie se anima a hacer la película del Capitán Planeta?

José Parra

Nota comentarista: 7/10

Título original: X-Men: Apocalypse. Dirección: Brian Singer. Guión: Simon Kinberg. Fotografía: Newton Thomas Sigel. Reparto: James McAvoy, Michael Fassbender, Jennifer Lawrence, Oscar Isaac, Nicholas Hoult, Rose Byrne, Olivia Munn, Evan Peters, Kodi Smit-McPhee, Sophie Turner, Tye Sheridan, Alexandra Shipp, Lucas Till, Josh Helman, Lana Condor, Ben Hardy. País: Estados Unidos. Año: 2016. Duración: 144 min.

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