Fragmentos de Lucía (Jorge Yacoman, 2016) 2/2

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Douglas Sirk planteó alguna vez que no debería existir nunca un movimiento de cámara sin justificación dramática o ideológica. Mover la cámara, para él, influía inevitablemente desde su formalidad en nuestra cabeza, donde consciente o inconscientemente trataremos de relacionar estas decisiones con los personajes o la historia. Sirk hacía sobre todo un alegato contra la excesiva estilización del Dolly sin expresión, y contra la idea de que un movimiento de cámara inexpresivo pudiera dar un look más “cinematográfico”. No es el caso ni la intención de la película a comentar, pero si es una reflexión que se podría extender a la segunda cinta de Jorge Yacoman.

Una tradición de cine social, representada principalmente por los hermanos Dardenne, ha logrado de cierta manera justificar la cámara en constante movimiento. Habría que especular que podría haber pensado Sirk de Rosetta, pero lo cierto es que el constante movimiento del que hace uso la cámara de los hermanos en obras cómo esta parece muy lejos de estar injustificado, y en cambio solo refuerza dramática y discursivamente su obra. Pero ha sido el destino de varias estéticas que irrumpen e impactan terminar consolidando códigos estéticos que van perdiendo su poderío. Con distintos grados de efectividad, la cámara en movimiento constante ya representa un camino transitado para hacer una obra vertiginosa, y dónde nos podemos compenetrar emocionalmente con un personaje. Este es el estilo escogido en Fragmentos de Lucía, y una de las decisiones que hacen ruido en más de algún momento de la cinta.

Con un presupuesto limitado, y realizada con el trabajo a pulso que significa un crowfounding, sería engañarse negar que varios de los problemas de la cinta parecen provenir de faltas en el diseño de producción y de limitaciones monetarias. Y es aquí donde este estilo de rodaje callejero y Dardenniano pareciera confundirse y perder efectividad en más de alguna ocasión. Existen problemas de continuidad lumínica y brusquedades al mover la cámara que no parecieran decisiones estilísticas y que nos sacan a ratos de la historia. Distintos planos secuencia, herencia de esta factura intencionalmente desprolija, nos llevan a cuestionarnos si lo que vemos es la exploración de este estilo o alguna inexactitud técnica.

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Alrededor de Lucía, interpretada por Javiera Díaz de Valdés, gira esta historia de búsqueda de identidad en la ciudad de Valparaíso. Lucía llega a la ciudad después de recibir una misteriosa carta que daba pistas del paradero de su madre, a quién no ha conocido. Yacoman plantea confundirnos de la misma manera que el personaje principal lo está, y es aquí dónde residen algunas de las mayores virtudes de la obra. El retrato de Valparaíso es inhóspito, y se aleja bastante del aprovechamiento de postal que la ciudad ha brindado a más de alguna producción cinematográfica, y es perfecto como amenaza para los miedos del personaje. Lucía está confundida y dañada, y la ciudad responde agresivamente a sus ganas de emprender una búsqueda. Repleta de elipsis, la introducción a la obra logra suscitar interés en esta historia que se nos va entregando a cuentagotas, a manera de los grandes thrillers. Sin embargo, a medida que se van conociendo más detalles del misterio la ejecución resulta menos satisfactoria.

La historia tiene como centro a Lucía en todo sentido, al punto que uno se cuestiona si los otros personajes tienen responsabilidades más allá de cuidarla y ayudarla en su propósito. La cinta cambia la cara de los habitantes de la ciudad cuándo Lucía encuentra más de un aliado en un bar. De la misma manera que Yacoman aísla a Lucía formalmente desde el trabajo de cámara y actoral, cuesta comprender un poco la excesiva empatía que estos personajes muestran con ella después del encuentro nocturno. La fragilidad y su constante silencio ayudan a entender un primer acercamiento desde la gente hacia ella, pero cuándo la búsqueda se convierte en una esforzada expedición, no convence tanto la extremadamente desinteresada ayuda de estos desconocidos. Asimismo como todos los personajes giran alrededor de ella, las interpretaciones parecen descansar en Díaz de Valdés. El trabajo con no-actores ha dado innegables resultados excepcionales, incluso al ser mezclados con profesionales. La cinta realiza el ejercicio correctamente en varias ocasiones, con algunos secundarios que fluyen correctamente en sus contactos con Lucía. Sin embargo, la asimetría actoral se siente en más de una oportunidad, dando más de algún momento que nos saca de la experiencia de la obra. En parte por las actuaciones, pero también se podría decir que el retrato constante de la conversación casual parece en muchos casos poco natural.

Fragmentos de Lucía es una cinta que disipa el interés inicial que genera, y a medida que nos acercamos a la resolución final, que no detallaré, nos encontramos con una respuesta a la confusión aún más transitada que el mencionado estilo de cámara. Las incongruencias lumínicas y técnicas son más fácilmente ignorables cuando estamos ante una historia sólida, sobre todo una con elementos de thriller, ya que fácilmente puede engancharnos y así conducirnos hasta cualquier tipo de resolución. Sin embargo en Fragmentos de Lucía estos elementos de extrañeza nos llevan más a la confusión que a la intriga, y parecen residir más en los terrenos de lo inexacto que los de lo ambiguo. Nos queda una protagonista que sí logra convencernos en su papel, y un recorrido inusitado del Valparaíso patrimonial. Pero los elementos más amateur de la obra no logran pasar como encanto de cine planteado desde la sencillez productiva, porque sugieren que se trata de una obra que de haber gozado con una producción más potente no se hubiese visto obligada a cubrir al paso varias de sus carencias.

Héctor Oyarzún

Nota comentarista: 4/10

Título original: Fragmentos de Lucía. Dirección: Jorge Yacoman. Guión: Jorge Yacoman. Fotografía: Alejo Crisóstomo. Montaje: Jorge Yacoman. Música: Jurel Sónico. Reparto: Javiera Díaz de Valdés, Clara Otarola, Pablo Schwartz, Alejandro Sieveking, Diana del Río, América Ulloa. País: Chile. Año: 2016. Duración: 89 minutos.

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