La Bruja: Las trampas de la fe

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De todos los géneros cinematográficos, el terror tal vez sea el más menospreciado por los críticos y la intelligentsia en general. Razones no faltan. Acapara muchedumbres y llena boleterías a partir de la manipulación de la pasión más primitiva del ser humano: el miedo. Como un mecanismo reciclado hasta el absurdo, decenas (centenas) de películas año a año inciden en argumentos, golpes de efecto, temáticas y modos de encuadre repetidos una y otra vez como un extenso déjà vu que reitera modelos ya conocidos, intercambiables, homogeneizados. Sin embargo, de vez en cuando la industria muestra grietas desde donde el género puede renovarse y mostrar su rostro más anárquico y poderoso: en la ambigüedad, las múltiples lecturas y la materia espectral que lo acerca tanto a la sustancia ilusoria y fantasmal que conforma al propio cine.

En medio de la mediocridad promedio, The Witch bien puede ser “la película de terror del año”, como lo fueron en su momento The Babadook o It Follows. ¿Qué comparte con ellas? Son películas en las cuales las perturbaciones emocionales de sus personajes no las exime de una visualidad atractiva, en las que el pavor de lo que es narrado va encadenado a lecturas laterales que anticipan o verifican ciertas angustias culturales.

The Witch se ubica en el año de 1630 y cuenta la  historia de una familia expulsada de una comunidad de colonos ingleses. La película nunca revela las razones de tal marginación, lo único que sabemos es que la familia (compuesta por los padres y cinco hijos) se asienta en un campo aledaño a un bosque. Buscando sobrevivir en medio de clima hostil y en condiciones deplorables, encuentran soporte en la oración y en la creencia de un Dios testamentario y lejano. La película los muestra como una familia cristiana fanática, que asume cada error y flagelo como un designio, un castigo a una fe endeble o una prueba que deben sobrellevar para encontrar el favor divino. El bosque que los cerca aparece como una presencia viva y oscura, representación de lo maligno que tienta y confunde, un espacio ligado al pecado congénito del ser humano.

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Una tarde la hija mayor, Thomasin (Anya Taylor-Joy), joven lozana y en las puertas de la adultez, es sorprendida por la desaparición fulminante de su hermano menor. El terror cunde en la familia. Como un acto reflejo, la familia culpa a un lobo de la desaparición del bebé. Es una explicación torcida e ilógica, pero la película intenta de diversos modos de dar a entender (los rezos matutinos y nocturnos, el calvinismo culposo y penitente, la oscuridad de un hogar iluminado por unas velas lúgubres, el frío y la turbiedad emocional que vincula a cada miembro de esa familia) que la línea que limita al fanático del loco es tenue y vaporosa. Lo que sigue a continuación es una sucesión de tragedias y horrores que se van acumulando y terminan por socavar todo rastro de cordura. The Witch, al estar contada desde el punto de vista de Thomasin, el personaje-eje de la película, es la descripción de ese  paulatino declive familiar y de cómo las creencias se convierten en veneno en el momento que todo es visto desde la perspectiva de una fe mal asimilada y la superstición que consuela y horroriza. En un momento la madre se compara a la esposa de Job o el padre atisba la opción de sacrificar a sus hijos, recordando a Abraham. Estragos de la intransigencia religiosa mudando en idolatría y paranoia colectiva.

The Witch puede ser leída de varios modos: como alegato por un fanatismo religioso que aún perdura de diversas formas en la cultura americana y que tiene raíces tan profundas como insondables. Casi desde sus mismos orígenes. No es casual que The Witch tenga como subtítulo A New-England Folktale (una historia tradicional de Nueva Inglaterra). También puede ser la parábola de la devastación psicológica que provoca la aislación. Hay una lectura sobre el paso de la adolescencia a la adultez en la figura zigzagueante y ambigua de Thomasin, pero es tal vez la parte menos lograda de la película, consumada en ese final algo morboso y obvio entre ella y el macho cabrío. De todos modos, The Witch acoge la mayoría de los elementos propios de los horrores atávicos (la oscuridad, el sexo, el incesto, la animalidad, el temor a Dios) y las recrea con inteligencia y precisión, asumiendo esa atmósfera sucia y fría desde la elegancia estética, entregando claridad narrativa en donde hay oscuridad y demencia.

Marco Antonio Allende

Nota comentarista: 9/10

Título: La bruja. Título original: The Witch: A New-England Folktale. Dirección: Rober Eggers. Guión: Robert Eggers. Fotografía: Jarin Blaschke. Música: Mark Korven. Reparto: Anya Taylor-Joy, Ralph Ineson, Kate Dickie, Harvey Scrimshaw. País: USA, Canadá, Reino Unido. Año: 2015. Duración: 95 min.

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