El Tila, fragmentos de un psicópata. La bestia interior

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El debut de Alejandro Torres inequívocamente aprovecha el antecedente de El chacal de Nahueltoro, a la vez que en varios momentos transmite remembranzas del cine de “crónica sicopática”, como Henry. Retrato de un asesino en serie, para dar cuenta de aquel criminal que a principios del dos mil fue llamado por la prensa como “el sicópata de La Dehesa”, y cuya historia resultó en forma de libro, El Tila. Un sicópata al acecho. Podemos rastrear similitudes del primer ejemplo en el intento por narrar la historia en fragmentos, que para el filme de Torres consta de cinco partes. Del segundo, la hierática atmósfera tipo rigor mortis y el efecto realista de bajo presupuesto. En el tercer caso, la presencia de una reportera que va a entrevistar al personaje cuando se encuentra detenido en la cárcel en espera de la resolución de su proceso, recuerda todo el seguimiento periodístico.

Aun cuando tan notables símiles puedan o no consignarse a la película, no quiere decir que el resultado sea equivalente. Si bien El Tila: fragmentos de un psicópata es correcta en muchos sentidos, actoral, de puesta en escena, narración; resulta tan gélida como el protagonista, carente de “nervio” o susceptible de efecto thriller. Como biopic funciona con pocos detalles respecto a la vida anterior (infancia, estadía en el Sename) a la carrera mortífera que hizo en casas de clase alta, secuestrando hogares y violando mujeres. El filme, evidenciando que se aboca a ficcionar una historia ya conocida, procede por cierto efecto de distender la acción con la presentación del efecto antes que la causa o la conclusión antes que el inicio de diversos episodios. Este redunda en evacuar la exageración emocional y distanciar la implicación a nivel espectatorial. En un principio resulta algo confuso este procedimiento, a la vez que algo efectista; pero a medida que avanza el metraje, paradoja, empieza a echarse de menos que ambigüedad y efectismo no sean empleados con la misma intensidad.

A esto se suma que resulta engañosa la promesa del título. Más que “fragmentos”, de recuerdos y subjetividad que suceden dentro de la cabeza de El Tila, seguidos a nivel de narración dislocada y puesta en escena por el filme; la película parece tener una tesis bastante clara y segura que contradice su intento de “incompletitud”. El Tila resulta complejo y polémico, tanto victimario como víctima, redimible como irredimible, loco como sensato en su reclamo social: “actuar por la necesidad de lo que no se tiene” para justificar su fijación por mujeres, cajas fuertes, y casas del barrio alto. Desprecio por los que no considera inteligentes como él. Ejemplo del fracaso de la recuperación y rehabilitación del sistema carcelario juvenil. Perturbado que solo considera como salida posible a su infierno personal el suicidio. Pesadilla del determinismo social que segrega a los que no tienen nada en sus CV excepto sus biografías. Alegato contra la justicia, la legal y la social, en definitiva.

Si hay algo fragmentario en la película es la sociedad que antagoniza al personaje, una fuerza casi abstracta, delegada en diversos rostros (madre, dirigente del servicio de menores, administrativa de alguna institución educación superior, fiscal, abogado, periodista, parejas, mujeres: madre, hija y su empleada) que se vuelve espectro borroso, de carácter punitivo y discriminador, como en la secuencia que muestra la detención del Tila al comienzo del filme.

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Demasiado énfasis resulta el punto flaco de un filme que por otro lado promete el desarrollo de una carrera talentosa, Alejandro Torres, a cargo también del guión, esboza en su trabajo momentos de talento, imaginación cinematográfica y manejo de la tensión entre espacio, actores y montaje, como en las secuencias de las invasiones a las casas, o en el uso de montaje y cámara en el accidente del camión. Si bien la casualidad ha llegado en el momento justo, El Tila: fragmentos de un psicópata, desde el cine, viene a recordarnos que hay más que hacer que el obvio y urgente cambio en la política de Estado respecto del Sename, como filme tiene una resolución más comprometida con lo propiamente cinematográfico que un trabajo que orbita con una similar temática de fondo, aunque de corte evidentemente más social: Volantin cortao. Ya sabemos, el cine no es un tema, es creación.

Álvaro García

Nota comentarista: 6/10

Título: El Tila: Fragmentos de un psicópata. Dirección: Alejandro Torres. Guión: Alejandro Torres. Fotografía: Vicente Mayo. Montaje: Martín Bohte. Reparto: Nicolás Zárate, Rodrigo Soto, Daniel Alcaíno, Daniela Ramírez, Trinidad González, Fabián Sanhueza, Jorge Becker, Karla Schwartz, Bárbara Santander, Alejandro Montes, Aliocha de la Sotta, José Luis Ortega, Bárbara Vera. País: Chile. Año: 2015. Duración: 97 mins.

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