Mapas imposibles: La retrospectiva de Raúl Ruiz en Cinemateca Francesa

les-destins-de-manoel-raoul-ruiz.jpg

Piratas atolondrados, mapas imposibles, geografías esperpénticas, viajes grotescos; pero también juegos infantiles, enroques fantásticos, vueltas de tuerca y laberintos novelescos sin salida aparente. Todos estos elementos multiformes y extravagantes componen, a veces dentro de un mismo filme, el universo narrativo único y apasionante de Raúl Ruiz, quizás nuestro cineasta más universal.

La reciente retrospectiva de la obra de Ruiz organizada por la Cinémathèque  Française entre los meses de abril y mayo de este año ha permitido a los cinéfilos parisinos y de otras partes del mundo –entre los que se contaban, por cierto, muchos chilenos– descubrir por primera o segunda vez la obra inclasificable  proteica de Ruiz, compuesta –las opiniones a este respecto difieren a veces de manera significativa– de algo así como 120 películas. A propósito del inabarcable universo ruiziano, Erik Bullot, uno de sus amigos más constantes, escribía: “La filmografía general de Ruíz es un continente disperso y lacunario […]. Los problemas de identidad que afectan a sus personajes podemos encontrarlos también en ella: filmes-fantasmas vueltos invisibles o virtuales, reutilización de un mismo título para dos obras diferentes, películas inacabadas, copias perdidas, etc.” (1).

Con respecto al contenido de la retrospectiva, que logró reunir un poco más de 70 filmes, quisiera detenerme rápidamente sobre algunas de las obras menos comentadas y –supongo– también menos vistas de la inmensa filmografía de Ruiz.

vlcsnap-2013-06-14-17h27m19s104_zpsba5d3127destins2

La primera sobre la que me interesa llamar la atención es Los Destinos de Manoel (1985), especie de tríptico un poco en el espíritu de El Territorio, esa otra cinta hilarante e insólita que Ruíz filmó en Portugal a comienzos de los años ochenta.

 Los Destinos de Manoel, también conocida bajo el título de Manoel en La Isla de las Maravillas, nos relata las aventuras insólitas de Manoel, un rapaz que es víctima de las más descabelladas alteraciones de las dimensiones del tiempo y del espacio. El filme, encargado por la televisión portuguesa en el cuadro de las celebraciones navideñas de 1985, es un festín de fabulaciones fantásticas y cuentos de hadas que se entreveran hasta el paroxismo, superponiéndose, negándose y, tan solo a veces, haciendo sentido. Con una estructura tripartita que saca partido de los formatos pequeños –que tan bien parecían sentarle al Ruiz de los años ochenta– Los Destinos de Manoel retoma los aires de libertad y de improvisación que filmes como Las Tres Coronas del Marinero –donde el exceso de composición terminaba por afectar el resultado final– habían olvidado.

Una secuencia especialmente delirante del tercer episodio merece ser comentada. La situación es la siguiente: Manoel asiste al cumpleaños de Marylina, una precoz campeona de ajedrez que celebra, cual vedette de la televisión, en una habitación de hotel que da al mar y en la que un grupo de niños de aspecto inquietante parece aburrirse mortalmente. El cuadro se debate entre la ternura y lo espeluznante: niños enfermos de cáncer, infantes superdotados y músicos experimentados comparten la escena con un marinero adulto cuyo trabajo consiste en transportar humanos “de un mundo a otro” y en proyectar juegos de sombras en las paredes.

 ojo.jpg

El ojo que miente, filme de 1992, es otra de las obras que merecen ciertamente ser editadas y difundidas. Bajo la falsa apariencia de un relato científico, esta película revela poco a poco una dimensión paródica que, hacia el final, se hace evidente en todo su esplendor –el título, desde ya, debería conducirnos en esa dirección. Suerte de comedia eclesiástica, a medio camino entre la sátira y el comentario social, El ojo que miente es al mismo tiempo un ejercicio de libertad y de imaginación lúdica en el que las referencias a Chile, a pesar de las distancias insalvables, no son menores.

La intriga de la película, a pesar de algunos giros un tanto torcidos que la complican de manera innecesaria, es más bien sencilla: un sacerdote francés se ve confrontado a una multiplicación exasperante de hechos fantásticos que son interpretados como milagros por la comunidad en la que vive. La premisa teológica de Ruiz, aquí, es tan simple como hilarante: ¿qué sucedería si los milagros  hechos cuya definición misma depende, en cierta medida, de su infrecuencia, de su carácter excepcional– se multiplicaran descontroladamente en el seno de una misma comunidad, desafiando todas las leyes de lo probable? La respuesta, para el artista, es bastante clara: asistiríamos a la banalización del milagro.

Lo interesante de la cinta es que todos los hechos milagrosos sean recreados por medio de trucajes cinematográficos que revelan a primera vista el artificio: el protagonista vuela de manera más que inverosímil, la virgen se aparece a los campesinos rodeada de un halo celeste ciertamente caricaturesco, una mano gigante de yeso invade el plano desafiando toda lógica. Estos procedimientos, después de todo, subrayan algunos de los presupuestos estéticos de Ruiz, para quien el trabajo del cineasta pareciera ser un ejercicio de transformación que consiste en hacer pasar el milagro, lo maravilloso, por algo trivial, intrascendente, cotidiano.

isla.jpg

 La Isla del Tesoro (1985), adaptación o “adopción” –el neologismo es del propio Ruiz– de la gran novela de aventuras de Stevenson, es otra de las películas de vocación internacional que naufragan en la filmografía de Ruiz como pequeñas embarcaciones autónomas. Con un casting digno de una superproducción –Martin Landau y Vic Tayback representando a los Estados Unidos y Melvil Poupaud, Anna Karina y Jean-Pierre Léaud representando a Francia–, este filme enrevesado y laberíntico, en el que nada parece tener sentido, obedece –es Serge Daney quien lo afirma– a la lógica del sueño infantil, con todas sus digresiones y  circunloquios.

on-top-of-the-whale.jpg

 El Techo de la Ballena (1982), película sobre el lenguaje que navega por un mar de lenguas reales y ficticias –inglés, español chileno, francés, holandés y alemán se mezclan, a veces sin solución de continuidad, con un idioma indígena en el que las hipótesis borgeanas más disparatadas parecen adquirir vida– vuelve al examen de algunos de los clichés de la relación Europa- Latinoamérica que Ruiz ya había explorado en sus primeros filmes franceses. A la vez reflexión sobre el exilio, el patrimonio cultural y denuncia de la naïveté europea en su encuentro frente a lo desconocido, este filme original, delirante y apoteósico es una explosión espontánea de humor cáustico, de filosofismo y, también, de colores y texturas.

Los procedimientos que Ruíz había utilizado ya en La Ciudad de los Piratas, y que tanto habían parecido servirle en la búsqueda de su lenguaje cinematográfico particular, son puestos aquí al servicio de una imaginación desbordante y ostentativa. Infelizmente, ninguna de estas películas ha sido editada hasta hoy en DVD. Es de esperar, sin embargo, que el trabajo de restauración necesario para su distribución en formato de disco sea llevado a cabo prontamente por profesionales competentes. Las esperanzas, en cualquier caso, no son vanas, pues las primeras muestras de una verdadera preocupación por el destino del patrimonio que los filmes de Ruíz representan ya comienzan a ser visibles.

Tan solo este año, y con motivo de la celebración de la retrospectiva, la Cinémathèque, en conjunto con el INA –Institutio Nacional del Audiovisual– ha editado un set de 8 filmes raros de Ruíz en formato DVD. El paquete contiene, a un precio más que conveniente, algunas de las películas más representativas del primer período francés del cineasta –Las Tres Coronas del Marinero (1983), La Vocación Suspendida (1978)– y otras que aparecen por primera vez en formato doméstico. De estas cabe destacar la críptica Bérénice (1983), basada en la obra homónima de Racine. Por primera vez después de su lanzamiento en salas, los admiradores de Ruíz podrán apreciar, además, en una edición correctamente restaurada, uno de los filmes más emblemáticos y controvertidos de su carrera: Diálogo de Exiliados, de 1974. La restauración de todas estas cintas estuvo a cargo de François Ede, antiguo camarógrafo y asistente de Ruíz, quien contó con la ayuda de un grupo de jóvenes colaboradores del INA. Es el propio Ede quien ha confirmado, por lo demás, en diversas entrevistas, que la intención de continuar los trabajos de restauración sigue en pie y que, aunque los obstáculos son grandes –sobre todo en lo que respecta a los litigios de derechos de autor– la energía de sus amigos y colaboradores, reunidos ahora bajo el patrocinio de la fundación Les Amis de Raoul Ruiz, presidida por el actor John Malkovich, es aún grande y parece estar más viva que nunca. Todo parece indicar, en fin, que dentro de los próximos años tendremos acceso a un número cada vez mayor de obras de Ruíz en formato doméstico.

 

Ignacio Albornoz Fariña

 

(1)Érik Bullot. Renversements 2. Notes sur le Cinéma. Paris : Éditions Paris Expérimental, 2013.

Publicado en Festivales | Etiquetado , , , , , , , , , | Deja un comentario

El final del día: Lejos de la espectacularización

El-final-del-día-1.jpg 

El final del día sigue al pueblo de Quillagua durante el comentado y actualmente apenas recordado 21 de Diciembre de 2012, o el día del fin del mundo de acuerdo al calendario Maya. La película de Peter McPhee nos informa a través de archivos de radio del contexto en que nos situamos, y salta de casa en casa para mostrar las reacciones del pueblo frente al catastrófico anuncio radial. Pero este clásico montaje de cinta apocalíptica no tiene el mismo efecto que en las ficciones Hollywoodenses en las que se ha utilizado reiteradamente. En este caso los pobladores, al no tener tele, escuchan la radio y el anuncio del fin del mundo funciona como compañía sonora de unos habitantes que no detienen su labor cotidiana ante éste. El final del día es una película llena de contrastes, y su mayor reflexión proviene de la constante sugerencia respecto a la diferencia entre Quillagua y el mundo exterior. La imitación de los filmes sobre el fin de la civilización adquiere un carácter extraño en un pueblo al que, como en la canción de Los Redondos, “el futuro llegó hace rato”.

El 2012 como fin del mundo nos llegó a la mayoría como un hecho mediático tratado como entretenimiento, como espectáculo, y McPhee constantemente hace referencia a la forma en que distintos medios trataron el hecho. Escuchamos constantes anuncios de radio o voces televisivas que reflexionan en torno al fin del mundo mientras las imágenes muestran un árido pueblo. Vemos a los habitantes de Quillagua obligados a transportar constantemente galones de agua debido a que, como sabremos más adelante en la cinta, su río está contaminado. Es acá donde se plantea otro contraste interesante entre narración sonora y visual. Mientras que el eje argumental, guiado por las voces en off, se cuestiona cómo sería vivir en un mundo sin celulares o donde haya que arrastrar el agua por la escasez, las imágenes nos colocan en un pueblo que ya está instalado en tal pesadilla televisiva.

El fin del mundo aparece siempre construido desde un afuera, tal como en las súper-producciones mainstream (2012 de Roland Emmerich), los mensajes de radio corresponden a una concepción espectacular que no mantiene mucha relación con las formas de vida que vemos en el documental. El fin del mundo en el pueblo de Quillagua no es recibido como en los medios de comunicación, ya que lo que estos describen como un post-apocalipsis es su diario vivir. En una notable escena el lenguaje juvenil de los conductores de una radio es montado junto al trabajo de dos ancianas, las que, sin decir muchas palabras, dan a entender cómo desde la jerga es posible denotar el exterior como un mundo aparte.

El contacto directo con los habitantes abre la reflexión a lo que se podría considerar la principal denuncia de la obra. Sin embargo, este contacto no es aleccionador ni se acerca en ningún momento a la prédica que suponen algunos documentales de denuncia. McPhee plantea un diálogo abierto con los habitantes, que nos lleva a reflexionar acerca de lo que significa el proceder humano en el momento terminal de un pueblo, pero dando un espacio holgado a sus actos cotidianos. En El final del día múltiples entrevistas parecen “desviarnos” del tema, y es que no todos los habitantes parecen tomarse tan en serio el anuncio. Su preocupación se centra más bien en los jóvenes que emigran del pueblo apenas pueden, y en la evidencia de una comunidad que va disminuyendo cada año. Lo convencional de las entrevistas –que genera otro contraste en el filme, relativo su diferencia con el cuidado manejo de cámara para las imágenes de naturaleza-, nos conduce por relatos amigables que no buscan hacer un retrato miserable. La gente de Quillagua no enfrenta el prematuro fin del mundo con el tono catastrófico y espectacular que escuchamos constantemente en off, sino con resignación y, a veces, amargura. Los habitantes indígenas del pueblo son de los pocos que hacen referencia directa a la noticia anunciada por el calendario Maya. Sin embargo, nuevamente, el contraste es enorme. Los habitantes explican como su visión implica un fuerte cambio de ciclo en la vida, dónde todos los habitantes del mundo pasarían por una renovación. El espectáculo del fin del mundo resulta bastante menos violento en boca de personas que tienen un acercamiento anterior, más directo y profundo con el calendario escatológico.

Captura de pantalla 2016-06-24 a las 11.17.22.png

Captura de pantalla 2016-06-24 a las 11.17.40.png

La película puede parecer a ratos errática en esta propuesta documental que no pareciera interesarse mucho en el anuncio que guía su trama. Y es que se nota una falta de control total sobre la narración planteada. Pero es aquí que a través de dos gestos esta incertidumbre termina siendo uno de los puntos más interesantes y efectivos del filme. En primer lugar están la narración y el ritmo que nos entrega su montaje, alejándose de nuevo de la espectacularidad que nos anuncian las voces en off, planteando un espacio de calma; y segundo, la capacidad de ser guiado por sus protagonistas. El final del día se nota como una obra que se dejó conducir más de una vez por el relato de los habitantes, proponiendo un discurso abierto, formado a través del diálogo. Estos modos de vida en peligro de extinción interesan verdaderamente a McPhee y no son un elemento narrativo intencionado únicamente para contribuir al armado de un objetivo previo. La narración conduce a los habitantes de Quillagua, y se deja conducir y seducir por las reflexiones que ellos desean sacar a luz. En este proceso se logra lo mismo en el diálogo con el público, dándonos más de un espacio para rellenar los silencios con nuestras propias reflexiones. El final del día es un ejercicio incierto, pero sincero, y que por lo mismo termina funcionando en muchísimos niveles.

Héctor Oyarzún

Nota comentarista: 8/10

El final del día. Dirección: Peter Mcphee. Guión: Peter Mcphee, Ignacio Ceruti, Gustavo Silva. Fotografía: Peter Mcphee, Ignacio Ceruti, Matías Céspedes. Montaje: Gustavo Silva. País: Chile. Año: 2015. Duración: 60 minutos.

 

Publicado en Cine Chileno, Críticas, Estrenos, Uncategorized | Etiquetado , , | Deja un comentario

Adiós al lenguaje (4): El animal comunista

Adieu-au-langage-Godard-et-d-essai

Con dos años de retraso y con déficit tecnológico respecto del  formato original en 3D (debido a que no causó interés por ninguna cadena equipada de multisala) llega a salas comerciales la primera película de Jean-Luc Godard desde Nuestra música (2004). A esta ausencia se le suma una recepción de la crítica local que produce serias dudas acerca de sus competencias y aperturas en términos de  canon. Más que críticas, los escritos aparecidos en medios como Wikén y La Tercera parecen concesiones entregadas a regañadientes a un cineasta que se lleva años detestando. A partir de aquello me puse a pensar que localmente tenemos una deuda seria con Godard. Me refiero a la falta de un estudio  retrospectivo que se refiera a los distintos momentos de una obra polimorfa hecha desde una consciencia indiscutiblemente histórica, la que el director documentó en su apabullante Histoire (s) du cinema, obra que hasta ahora no ha sido exhibida ni discutida públicamente en nuestro país.

Godard, por su parte, a estas alturas aburrido de una monumentalización que él mismo cimentó, se despide de 2D y reivindica el 3D alejándose de la conquista ilusoria del hiperrealismo para apuntar a un juego textural y pictórico de la imagen, desde una plástica primitiva. Aquí hay algún desfase: la experiencia que tuve hace dos años en Festival de Valdivia (3D) la recuerdo plástica y perceptual, la reciente en la sala del Cine Alameda (2D), me resultó más cerebral y discursiva. Se trata de dos películas diferentes y supongo que desde una mezcla de ambos visionados es que escribo. Sin embargo hay constantes.

Antes que nada, el espíritu destructivo presente en el título “adiós al lenguaje”, que a estas alturas debe leerse como clave lectura no sin dejo irónico. Esto está presente a modo de confesión o programa en dos referencias clave (“siempre me ha interesado la pobreza en el lenguaje”, “hay que ingresar un no pensamiento al pensamiento”) que se complementan con otras ideas, entre ellas la de una propuesta sobre el cine que se encuentra más vinculada a lo háptico/pictórico que a lo óptico/literario. Como bien apuntaba Mónica Delgado en su crítica, aquí se logra visualizar un desajuste lingüístico (“algo anda mal en el lenguaje”) vinculado a la multiplicación de la pantalla devenida inmediatez, el estado compulsivo y el espectáculo cotidiano, una suerte de degradación del cine por otros medios, que Godard pone a pensar.

¿Qué lugar puede o podrá ocupar el cine en esta nueva era de micro-pantallas? Godard repone, antes que nada, la posibilidad de involucrarnos y sumergirnos en experiencias complejas, múltiples y mutantes, logrando generar un “tiempo intermedio” entre zonas del pasado -el primitivismo experimental, la forma y materia bruta, el animal- y el futuro -la tecnología digital, el 3D- arrojando desde ese lugar una pregunta. En la versión 3D, de un comentario al aparato base- ilusorio del cine (en sus orígenes con lo tecnológico) se pasaba a evidenciar lo estereoscópico reflexiva y juguetonamente. Sabemos que Godard -aquí, allá y más acá- se encuentra hace ya mucho pensando el cine en ese “entre-acto” de temporalidades, montando y conectando distintos soportes para volver a reponer un pensamiento propio del cine, pero lo que se piensa en Adiós al lenguaje es su negatividad, aquello que es tanto pobreza del lenguaje como reivindicación de algo que está en el límite del discurso (“el no pensamiento”).

adieu2adieu

A las formas radicales de pobreza lingüística -en favor de la riqueza de lo perceptivo- les arroja ahora el principio político de un comunismo “bruto”. Lo arroja desde lo escatológico (la mierda), el amor (el encuentro, el erotismo, a partir del relato de dos amantes) y el animal. Se trata de un “perro filosófico” que deambula junto a la cámara en una evocación afectiva y compasiva, que sirve como imagen fundamental de un encuentro profano con el mundo. Se trata del animal como apertura al “bosque” perceptivo del mundo y la posibilidad de encontrar ahí una salida radical a la política a partir de un sitial en que el afecto, el encuentro y la renuncia aparecen como zonas desde donde pensar una salida que es también política. Un comunismo animal.

Pobreza del lenguaje, infancia, animalidad: elementos presentes como anclajes del mundo, o lugares donde este se abandona para empezar otro deambular, otra deriva, otro lugar a nombre de una mirada animal, unas flores en 3D, el llanto de un bebé y, al final, un aullido. Como nunca antes ha ocurrido con el final de una película de Godard, ese aullido tiene el sonido de un adiós melancólico. No tanto a la obra de un cineasta si no al crepúsculo de unas formas del lenguaje, unas formas del ser-con-otro que se realiza en el mismo lugar donde se destruye. Un nuevo comienzo desde la pobreza y la incertidumbre. Radicalmente solos.

Iván Pinto

Nota comentarista: 10/10

Título: Adiós al lenguaje. Título original: Adieu au langage. Dirección: Jean-Luc Godard. Guión: Jean-Luc Godard. Fotografía: Fabrice Aragno. Montaje: Jean-Luc Godard. Reparto: Héloise Godet, Zoé Bruneau, Kamel Abdelli, Richard Chevalier, Jessica Erickson, Alexandre Païta, Dimitri Basil. País: Suiza. Año: 2014. Duración: 70 min.

Publicado en Críticas, Estrenos, Uncategorized | Etiquetado , , , | Deja un comentario

Adiós al lenguaje (3): El perro negro

adieu1.png

Fui a ver la última película de Jean-Luc Godard al Centro Arte Alameda con alguien que nunca había visto una película del director. Cierto, no la mejor introducción, pero me interesaba saber la opinión y reacción de alguien completamente ajeno al sistema de imágenes que el realizador ha estado acumulando a lo largo de las décadas, ¿cómo se ve una película como Adiós al lenguaje ante unos ojos, digamos, más vírgenes?

A la salida de la película, cruzamos al frente a servirnos algo en la Fuente Alemana, yo pedí un churrasco italiano y la otra persona un lomito italiano. Dijo que quería hablar de la película urgentemente antes de que se le olvidara lo que había visto. Lo primero que me contó es que le perturbó mucho, sobre todo en cuanto a lo que es el audio, que encontró francamente abominable al cambiar constantemente los niveles, llegando a ser ensordecedor en unos puntos y casi silencioso en otros. En resumen, su primera impresión es que “le cargó”.

Ahora, antes de saltar a la yugular de esta persona, por una razón u otra, es necesario aclarar que no se trata de alguien que simplemente descarte cualquier tipo de aproximación experimental en el cine, sino que sintió, al menos cuando nos sentamos a esperar que nos sirvieran nuestros sándwiches, que dicha experimentación estaba realizada con el fin de provocar una reacción dañina. Es similar a mi reacción con otro tipo de cine experimental, por ejemplo, la razón por la cual no puedo ver el valor más allá del histórico en algo como Wavelength de Snow, ya que la combinación de la calidad de imagen y la banda sonora me provoca dolores de cabeza.

Es claro también pensar que no toda experimentación formal (tanto visual como auditiva) va a resultar exitosa, es decir, está en el nombre mismo: experimental. El cineasta expresa su mensaje (sensorial, político, estético) a través de una serie de estímulos que tratan de obtener un resultado en la imagen, el montaje, el sonido y, casi por consecuencia, en el espectador. El efecto que produce dirá si tal o cual experimentación resulta lo suficientemente exitosa como para avanzar las capacidades visuales del audiovisual, lo cual creo es, finalmente, una de las finalidades absolutas de este cine.

Aunque no creo poder clasificar de manera absoluta esta última película de Godard como parte del cine experimental, sí creo poder decir con seguridad que hay cierta calidad de imagen y cierto juego con el sonido (que se vuelve tan 3D como la imagen) que es algo que nunca he visto. Quizás el punto más sorprendente será completamente imposible de sentir para quienes vean la película en el Centro Arte Alameda: la imagen en 3D se divide en dos, provocando una disonancia en los ojos, algo que en su proyección en Valdivia me provocó dolor de cabeza, pero uno agradable, al ser testigo de algo absolutamente radical en su propuesta.

adieiu3.jpg

Pero vuelvo a la persona con la que vi la película. Luego de explicarle que se trataba de un cineasta de más de ochenta años (“se notaba, claramente no se trataba de un pendejo leseando, era alguien que sabía lo que hacía”) y que la imagen en 3D causaba ciertos efectos especiales (“me habría gustado verla en 3D”), creo que la convencí de que pese a cargarle, la encontrara al menos medianamente interesante. Le manifesté mi opinión, la cual seguía siendo la misma que tuve al salir de verla hace casi dos años, que nos encontrábamos ante un corpus de citas sin atribuir, proyectadas por imágenes y por la voz de los avatares que pululan los planos.

Y es en la forma de presentar el conocimiento que de alguna manera articula la tesis de la película, sobre la muerte del lenguaje como forma precisa de la manifestación de los sentimientos y el conocimiento, donde la persona con la que fui a ver la película más se sintió identificada. Como tiene déficit atencional, vio su mente reflejada en el montaje acelerado y entrecortado de voces, imágenes, apariciones, bruscos cambios de tema, cortes a media frase… y la aparición de un perro, que parece que poco a poco trata de poner en orden lo que se quiere decir.

Espero no se moleste la persona con la que vi la película cuando cuente esto, pero me resulta fundamental. Siempre que a esta persona se le cruza una idea por la cabeza y la dice, olvidando justamente lo que estaba diciendo antes de eso, explica: “se me cruzó un perro”. Un perro negro. Como el perro de Godard que pulula en la naturaleza durante buena parte de su aparición, un perro que viene acompañado de una voz que busca rescatar lo más importante de lo dicho hasta el momento, el cual se mantiene puro ya que carece de lenguaje, es en su animalidad donde se convierte en el ser más sabio de la cinta, ya que lo conoce todo pero no necesita ni se ve obligado a comunicarlo. Tal como el perro negro de la persona con la que vi la película se cruza en su mente y la obliga a decir cosas que tal vez en su momento son importantes, tal vez más importantes que lo que estaba hablando, pero que ni esta persona misma sabe.

Jaime Grijalba

Nota comentarista: 9/10

Título: Adiós al lenguaje. Título original: Adieu au langage. Dirección: Jean-Luc Godard. Guión: Jean-Luc Godard. Fotografía: Fabrice Aragno. Montaje: Jean-Luc Godard. Reparto: Héloise Godet, Zoé Bruneau, Kamel Abdelli, Richard Chevalier, Jessica Erickson, Alexandre Païta, Dimitri Basil. País: Suiza. Año: 2014. Duración: 70 min.

 

Publicado en Críticas, Estrenos, Uncategorized | Etiquetado , , | Deja un comentario

Mi gran noche: Una puesta en escena vacía

Raphael-protagonista-gran-noche_73502753_84132_1706x1280.jpg

Se dice que el origen la palabra barroco proviene de la denominación que solían darle los portugueses a las perlas que tenían algún tipo de deformidad. Sin embargo, nuestra acepción más próxima con la palabra está en el “estilo barroco”, corriente artística en la que predominan los pliegues, las curvas, la carne y el claroscuro; donde el exceso y lo grotesco se convierten en una virtud para el artista, quien plasma en su obra cuanto recurso ornamental le parezca mejor para palear su horror al vacío y construir una puesta escena que, por medio de lo sensorial, transmita un mensaje religioso.

Mi gran noche se inscribe en la tradición barroca contemporánea que ha cultivado el director español Álex de la Iglesia en parte de su filmografía. La película, en un relato coral, cuenta la historia de lo que sucede en un set televisivo cuando, en pleno octubre, se está grabando el especial de año nuevo. Del plató nadie puede salir –lo que recuerda a El ángel exterminador (1962) del también español Luis Buñuel– porque fuera del estudio hay una revuelta con tintes apocalípticos de los ex empleados del canal, quienes se quejan de malas prácticas laborales, y porque el productor ejecutivo está obsesionado con terminar la grabación esa noche.

Así, entre los personajes que se cruzan en el mismo set, nos encontramos con Alphonso -seguramente en la mejor interpretación de Raphael durante su carrera-, un cantante venido a menos, egoísta y egocéntrico, que quiere utilizar el estelar para recuperar su fama; Adanne (Mario Casas), una suerte de David Bisbal mezclado con Chayanne, quien en la cúspide del estrellato no puede controlar sus instintos sexuales; o José (Pepón Nieto) -el último personaje en integrarse al set- que, al enamorarse de una de las chicas del elenco, se encuentra en la disyuntiva de entregarse a sus sentimientos o seguir siendo un “figurante de su propia vida”, como bien dice él mismo.

Sin embargo, no todas las tramas logran ser igual de interesantes o estar bien desarrolladas, y es que en el ejercicio de la sobrecarga el director no logra hacerse cargo de la abundancia: algunas historias, más que unirse a la narración de manera orgánica o fluida, se sienten parte de un pastiche y de un horror vacui que no termina de justificarse a sí mismo. A ratos dan ganas de volver a ciertos relatos mientras estamos viendo otros. Por ejemplo, siempre funciona el triángulo entre Aphonso, su hijo adoptivo y Óscar, el fanático más grande del cantante; pero no pasa lo mismo con las gruppies de Adanne o con la pareja de animadores.

migran.jpg

En esta misma línea, el montaje no siempre consigue llevarle el ritmo a la película ni a lo que sucede, éste funciona más bien cuando sorprende y nos saca de contexto construyendo momentos hilarantes y cómicos -como el primer accidente dentro del set o aquella pistola que cae del bolsillo de Óscar-, pero, al mismo tiempo, se pierde al volverse sobrecarga informativa o, en su defecto, cuando no se está diciendo nada y solo se muestra algo por el mero placer de sumar elementos a la puesta en escena. Es en tal instancia en que parece que el director abandona su devoción por lo barroco y se pierde el punto de vista de una propuesta que, más allá de sus exageraciones o no, es respetable cuando logra hacerse cargo de lo que plantea.

Aun así, y pese a los problemas narrativos que encontramos en el relato, la película no deja de ser interesante si la observamos desde uno de los principios básicos del barroco: la puesta en escena. En la fiesta todo es falso: las relaciones entre los extras, la comida, la bebida, las risas y, por supuesto, ni siquiera es año nuevo. Es una gran puesta en cuadro donde todo lo que se construye está en pos de mensaje artificial que se transmite de manera sensual, apelando exclusivamente a los sentidos. La exuberancia de este mundo lo vuelve grotesco, y lo que se presenta como lo bello es en realidad una perla deforme.

El cuestionamiento, no obstante, aparece cuando este ejercicio barroco se torna vacío, y por lo tanto, carente de motivos. En ese punto vale la pena preguntarse qué sentido tiene el relato, por qué vale la pena ver una película como esta, ya que no aporta a la búsqueda de un director que hace tiempo parece haber extraviado la pista de sus mejores relatos. Sin embargo hay algo que no debemos olvidar: Alex de Ia Iglesia nos transporta al interior del mundo televisivo que es en esencia lo vacío por excelencia, lo fugaz y lo atiborrado que en su súper-abundancia nos hace creer que estamos viendo todo, pero que realmente no permite distinguir nada. En ese punto Mi gran noche logra a acoplarse a la estética que construye y su puesta escena no es tan solo lo que se presenta, sino también lo representado en diálogo con un (tras)fondo.

migran32.jpg

Mi gran noche está lejos de ser una gran película, las risas que provoca son irregulares, la saturación de elementos visuales y narrativos se vuelve agotadora -a ratos sin un propósito justificado-, pero aún así existe en ella un ejercicio de puesta en cuadro donde lo que nos muestra es un espejo reflejando otro reflejo. Es en esa acción que el film no solo saca una que otra sonrisa, sino que también invita a la reflexión y al cuestionamiento de un mensaje que va más allá de una articulación estética por el mero goce de esta en sí misma.

María Luisa Furche Rossé

Nota comentarista: 7/10

Título original: Mi gran noche. Dirección: Álex de la Iglesia. Guión: Álex de la Iglesia, Jorge Guerricaechevarría. Fotografía: Ángel Amorós. Reparto: Raphael, Mario Casas, Pepón Nieto, Blanca Suárez, Carlos Areces, Luis Callejo, Carmen Machi, Jaime Ordóñez, Santiago Segura, Enrique Villén, Hugo Silva, Carolina Bang, Terele Pávez, Carmen Ruiz, Marta Guerras. País: España. Año: 2015. Duración: 100 min.

Publicado en Críticas, Estrenos, Uncategorized | Etiquetado , | Deja un comentario

Adiós al lenguaje (2): Formas de volver al lenguaje

adieu-au-langage-jean-luc-godard-2014-ii

La primera incursión de Godard en el 3D planteaba desde su título una visión pesimista y crítica al respecto. Les trois désastres le llamó, “los tres desastres”, a modo de traducción personal y declarativa respecto de la sigla. Era un corto de tres partes, al cual su última película, también en 3D, le debe mucho no solo por continuar interrogando al formato desde su ejecución, sino porque personajes, temas, ideas y hasta varios planos completos tienen una nueva cabida en Adieu au langage. No es de extrañarse, ya que la proliferación de citas, de frases, libros, autores, películas, escenas, sonidos, como también la autocita es desde hace décadas clave dentro del cine de Godard, pero vale la pena apuntar esta repetición ya que la reflexión en uno y otro film, como también la experimentación con el 3D, no son las mismas.

Técnicamente hablando, a diferencia de la superposición de imágenes en Les trois désastres, en donde usaba el 3D en relación a la técnica de montaje del fundido encadenado, radicalizando la experiencia del primer plano y el fondo, lo que hace en esta película es desdoblar la propia imagen, separar la pretensión 3D de imitar la visión tridimensional humana diferenciando lo que cada ojo ve. Esto, pues a diferencia de la visión humana en que al cerrarse un ojo el otro continúa viendo en tres dimensiones, el 3D se sustenta en la operación visual-mental que hacemos de ver simultáneamente las dos imágenes levemente semisuperpuestas. Si ese equilibrio se pierde y las imágenes se corren un poco más el ojo ya no puede visualizar la tridimensionalidad y el truco queda expuesto. De modo que la reflexión tampoco es la misma y carece del pesimismo condenatorio del cortometraje. Es posible, si volvemos sobre el título original del film y lo situamos en Vaud, el pueblo natal de Godard, leer tal enunciado como un juego en donde “adieu” funciona, dependiendo de la hora del día y la entonación con que se diga, como un adiós o como una forma de saludar.

83079122_o

Adiós al lenguaje es el film donde Godard, que ha dedicado su vida a pensar el cine como un lenguaje de su tiempo, se pregunta por las cuestiones culturales en las que determinadas técnicas y tecnologías surgen, y su reflexión sobre el 3D tiene que ver con la instalación totalitaria de estas. Su forma de producir el 3D y de jugar con él se aleja de las reglas que rápidamente se han instalado respecto a sus posibilidades. Como en el juego de un niño, todo es experimentación propia  sin necesidad de entender o seguir ninguna regla previa, solo probando hasta dónde puede llegar el mecanismo. Por eso la reflexión de la película tiene que ver con cómo hemos perdido la capacidad de lenguaje, de construirnos y pensarnos a través del lenguaje, de cómo el mundo es creado por la capacidad interna de mezclar imágenes y palabras, de cómo construimos y habitamos socialmente en el lenguaje, en tanto que las palabras marcan la presencia de algo que realmente no está allí versus la tendencia de nuevas tecnologías para clausurar el mundo y su sentido, usando vocablos, e inclusive solo siglas, que totalizan las posibilidades: 3D, HD, SMARTphone/tv,  FULL HD, 4K.

La trama del film es simple, pero está lejos de ser burda. Un hombre y una mujer tienen una relación, intentan conversar y entenderse, los vemos en varias escenas -en su mayoría desnudos-, preguntarse y responderse de una manera seria pero con cierta tendencia al absurdo. Por su parte, un perro, “el único animal que te ama más que a sí mismo”, filmado con una ternura inconmensurable pasea por paisajes y exteriores. En medio de una discusión entre los amantes se les cruza y restablece el balance. Dos palabras en grande se leen en los intertítulos: Naturaleza y Metáfora, la relación no es evidente sino sugerida. Imágenes de paisajes, naturaleza, paseos del perro, escenas de otros filmes, la vida conyugal y episodios callejeros componen la película, que en un minuto dice: “la mirada animal está en el límite del lenguaje, necesitamos esa otredad de la naturaleza, que no es salvaje sino enteramente libre, donde podemos volver a mirar al mundo desde la extrañeza”.

auldog

En el aforismo que abre el film se lee: “Los que no tiene imaginación se refugian en lo real, a menos que el no pensamiento opaque el pensamiento”. Lo real puede ser visto sin que produzca pensamiento, sin pensamiento ni imaginación el cine no es nada y tampoco el mundo. “¿Se puede pensar un concepto de África?” repiten una y otra vez los personajes del film. La pregunta queda instalada.

Godard se permite convertir una de las tecnologías más absurdas y empobrecedoras de lenguaje cinematográfico, como es el 3D, en un discurso sobre sí mismo, desde el cuál continuar cuestionando y pensando el mundo que habitamos, su historia, sus procesos y sus posibles futuros, dejándonos una vez más sin aliento.

Vanja Milena Munjin Paiva

Nota comentarista: 10/10

Título: Adiós al lenguaje. Título original: Adieu au langage. Dirección: Jean-Luc Godard. Guión: Jean-Luc Godard. Fotografía: Fabrice Aragno. Montaje: Jean-Luc Godard. Reparto: Héloise Godet, Zoé Bruneau, Kamel Abdelli, Richard Chevalier, Jessica Erickson, Alexandre Païta, Dimitri Basil. País: Suiza. Año: 2014. Duración: 70 min.

Publicado en Críticas, Estrenos, Uncategorized | Etiquetado , | Deja un comentario

Adiós al lenguaje (1): La materialidad del 3D

Adieu-Au-Langage

Que una película como Adiós al lenguaje de Jean-Luc Godard sea estrenada comercialmente solo se debe a la fama y renombre del cineasta franco suizo. ¿Cabe la posibilidad de que una película así llegue a las salas en otras circunstancias? ¿Cómo ese tipo de propuesta pudo haber sido parte de la selección oficial de un festival como el del Cannes? Hay toda una propuesta visual que la hermana con Histoire(s) du cinema, pero a diferencia de aquel film mastodóntico donde se esboza una memoria antihistoriográfica del cine, en Adiós al lenguaje, el mecanismo de irrupción es el 3D desde una perspectiva distinta a la que la vienen abordando cineastas experimentales, como Ken Jacobs por ejemplo. ¿Qué implica el uso del 3D para Godard? No solo es vehículo para un atentado contra la narrativa convencional, para ir mellando el arte aristotélico en su linealidad o consecución como ha pasado con gran parte de su cine -si no en todos los demás trabajos anteriores-, y es más bien aquí un asunto de doblegar la imagen netamente desde lo formal.

En algunos países, como pasó en España y ahora en Chile, se estrenó en 2D, lo que implica una mutilación y muerte del film. Porque precisamente es una película hecha desde el 3D y para dar una lectura del cine desde este mecanismo de representación. ¿No es acaso un delito pasar en 2D una película hecha para indagar sobre la naturaleza del 3D en el siglo XXI? Precisamente el poder de Adiós al lenguaje radica en una escena fundamental, cuando el 3D adquiere la posibilidad de ir más allá de la profundidad de campo, ir más allá de un asunto de percepción y de la necesidad de crear una historia que deba ser leída como en cualquier otro film. En esta escena vemos a uno de los personajes asumir una naturaleza fantasma, de ser uno y otro a la vez, y que es en determinado sentido la idea que gobierna el film: una pareja en crisis matrimonial, un narrador omnisciente que parece ser la voz reflexiva de un perro filosófico, o la incursión de juego de tiempos, como si fuera por momentos un film anacrónico o simplemente la irrealidad captada desde este halo fantasmagórico. Hay una idea del ser doble y su simulacro, y si no es en 3D esta interpretación prácticamente no existe.

godadi

Godard propone al 3D como el encuentro con una ilusión absolutamente física. Transposición de imágenes, cuerpos yuxtapuestos, la inmersión en un entorno de profundidad, donde el espacio del 3D (que es aprovechado en esa ilusión como lo hacían los cineastas experimentales en su búsqueda del efecto óptico) queda en un plano secundario frente a los cuerpos en total fantasmagoría. El adiós al lenguaje del cine queda plasmado en esa negación de lo narrativo para dar rienda suelta no a un asunto de percepción o de texturas, sino a una afirmación que la posibilidad de este recurso va hacia la apuesta de entender el cine como un contacto directo con el espectador, en la materialidad indescriptible del cine.

Mónica Delgado

Nota comentarista: 9/10

Título: Adiós al lenguaje. Título original: Adieu au langage. Dirección: Jean-Luc Godard. Guión: Jean-Luc Godard. Fotografía: Fabrice Aragno. Montaje: Jean-Luc Godard. Reparto: Héloise Godet, Zoé Bruneau, Kamel Abdelli, Richard Chevalier, Jessica Erickson, Alexandre Païta, Dimitri Basil. País: Suiza. Año: 2014. Duración: 70 min.

Publicado en Críticas, Estrenos, Uncategorized | Etiquetado , | 1 Comentario

Los Castores (3/3): Por un nuevo documental ambiental

CASTORES_IMAGENES_1.jpg

Hay documentales que fueron hechos para poner de forma manifiesta una opinión o punto de vista, algunos hechos para hacer un juicio sobre nuestra sociedad, e incluso hay algunos que tratan de provocar el cambio de actitud en la audiencia que lo está viendo. A mí me gustan algunos de esos documentales.

Lo que quiero decir, es que al menos cuando partieron eran piezas bien construidas, ya que representaban el punto de vista de alguien. Eran piezas eminentemente autorales, como las películas de Michael Moore, y sin importar la posición desde la cual uno era testigo de lo que pasaba, aplaudías lo que producía el talento técnico a la hora de construir y editar una pieza que buscaba tu convencimiento.

Pero, personalmente, creo que ha habido un abuso de este tipo de narrativa y estilo visual, instalado por directores como Moore o Spurlock, ya que ahora cada documentalista busca hacer un “importante descubrimiento”, o emitir una “frase demoledora”, o simplemente entrar en el ámbito de un “tema importante”. Hay una predisposición a una mirada ecológica o social y, aunque positiva por su existencia en tanto la necesidad de un punto de vista, cada vez resulta más “bruto” a la hora de presentarla.

Entra entonces Los Castores, una película sobre una crisis ambiental: los castores se están apoderando de la Patagonia chilena, haciendo represas, desviando ríos, destruyendo árboles milenarios, volviendo el suelo completamente inutilizable para siembra, árboles o siquiera para el pastoreo. Incluso el documental hace la salvedad de que el daño que realizan estos animales es de tres a cinco veces más grande que el que podría llegar a hacer el ser humano mediante represas artificiales o con las operaciones mineras que han sido tan bulladas en los últimos años.

El gobierno no está tomando en cuenta el riesgo de lo que sucede, así es como irrumpen nuestros protagonistas: una pareja de biólogos que hace todo lo posible para investigar lo que sucede y lo que podría llegar a hacerse para frenar la plaga, llegando al límite de ellos mismos tener que matar a todo castor que encuentran. Con esa premisa, alejada de lo que podría ser un típico documental sobre una crisis  natural, podemos apreciar el punto de vista de los realizadores: se ponen del lado de los biólogos y la gente que está siendo profundamente afectada por los animales, sin importar los posibles derechos (inexistentes) que podrían tener.

CASTORES_IMAGENES_6 (1).jpg

Sin embargo, al mismo tiempo, los directores no se esconden de los elementos que podrían poner en duda la meta de estos biólogos, que parecen ser el único ejército que combate la plaga. Podemos ver como la mayor parte de la gente que se queja contra los castores es de clase alta, patrones latifundistas que sólo ven la pérdida de ganancia como principal consecuencia de todo el incidente. Luego está también la larga secuencia en la que encuentran a un castor muerto y empiezan a disecarlo. O las constantes escenas en que uno de los biólogos trata de dispararle a un grupo de castores con un rifle.

Así es como cuando se presenta un buen argumento a favor de la desaparición de los castores, sobre todo en un ecosistema tan frágil como es en el que se encuentran, nos vemos confrontados con el horror de algunas de las acciones que los personajes realizan para reducir esa comunidad animal. Incluso vemos a la pareja matar y luego cocinar a uno de los castores, sólo para saber a qué sabe (y luego encuentran que sabe bastante bien). El documental se queda en estos momentos, y es ahí donde aparece la oportunidad de la discusión e incluso la controversia.

Este documental ganó el premio a Mejor Película en la competencia chilena del Festival de Cine de Valdivia, y debo decir que para el año de su estreno original (el 2014), no creo que haya mejor película chilena. Es una cinta completa, que hace muchas preguntas y genera discusiones más que entregar el punto de vista de los realizadores como respuesta final. Aunque uno termine entendiendo que los castores son una plaga que debería desaparecer, acaba preguntándose si tal vez no habrá formas mejores de hacerlo.

Jaime Grijalba

Nota comentarista: 8/10

Nota promedio del sitio: 8.5/10

Título: Los Castores. Dirección: Nicolás Molina, Antonio Luco. Guión: Pablo Núñez, Nicolás Molina, Antonio Luco. Fotografía: Nicolás Molina. Montaje: Camila Mercadal, Valeria Hernández. Sonido: Roberto Espinoza, Roberto Collío. País: Chile. Año: 2014. Duración: 68 mins.

 

Publicado en Cine Chileno, Críticas, Estrenos, Uncategorized | Etiquetado , , | 2 comentarios