Paradise: Love (Ulrich Siedl, 2012): Turistas del placer

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Paradise: Love abre la saga de Ulrich Seidl, sobre tres historias de mujeres que intentan cambiar sus vidas, de diferentes formas, ya sea a través del “amor”, la “fe” o la “esperanza. En esta primera película de la trilogía el director austríaco nos cuenta la historia de Teresa, una mujer en sus 50 que se va de vacaciones a Kenya.

En su país, Teresa trabaja con discapacitados y tiene una hija adolescente que no la acompaña en su viaje, el cual será una emancipación no solo de su rutina laboral, sino que también de su cuerpo, afectos y placeres.

Seidl, a lo largo de su filmografía, frecuentemente nos lleva hacia lugares extremos, sus historias incomodan y muestran lo más ruin de los hombres, lo más bajo de una sociedad europea que está casi inmunizada a las emociones. La mayoría de sus personajes transitan entre la bajeza de sus deseos más oscuros y la inefabilidad de sus destinos. No obstante Paradise: Love, si bien es una película con menos violencia física que sus predecesoras, consta con una violencia simbólica que es mucho mayor y más perturbadora.

La película abre con un magnífico plano en una pista de autos chocadores, Teresa está junto a las personas discapacitadas con las que comparte a diario en su  trabajo. La escena somete el relajo del juego a la violencia de los golpes de los choques, una exquisita síntesis de lo que se vendrá.

Ya en tierras africanas, como buen extranjero que mira todo a su alrededor con una cierta extrañeza y sorpresa alucinadora, la rutina de Teresa es la propia de un veraneante; descansa en su habitación, bebe en el bar con otras pasajeras o recorres las playas, intentando escapar de los comerciantes que la acechan con productos y tours.

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Es en estos paseos donde Teresa conoce a Munga, que más que insistir en venderle algo, le insiste en conocerla, en establecer una conexión más amistosa que comercial. De esta forma ambos comienzan a relacionarse. De aquí en adelante la película se va a centrar en cómo estos dos mundos se van “conectando” y “uniendo” hasta colisionar físicamente en el placer. Teresa, una mujer de mediana edad, rubia y voluptuosa, se enfrenta sexualmente a Munga, un hombre negro, joven y delgado.

Como es costumbre Seidl, filma sin tapujos, de forma directa y depurada, nos muestra los encuentros sexuales que llevan a cabo los personajes haciéndonos parte de su intimidad, de su ternura, es un momento donde ambos se esmeran por entenderse, por conectarse verdaderamente más allá de las diferencias que asoman a la vista.  Sin embargo, Munga  no es quien parece ser.

Teresa posee grandes particularidades que hacen de su personaje algo entrañable y un tanto indescifrable, nos sabemos bien qué la mueve, si el frenesí del turismo sexual o el asueto vacacional o la simple curiosidad de aventurarse. Tras varios días de descanso llegamos al día del cumpleaños de Teresa, para el cual sus amigas austriacas le hacen un particular presente, es en ese momento en donde Ulrich Seidl nos revela toda la barbarie de las personas que vienen del llamado “primer mundo”.

Por: Samuel Olivares

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