Los ocho más odiados (Quentin Tarantino, 2015)

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La octava película de Tarantino, The Hateful Eight, se configura como una suerte de sumatoria exacerbada de lo que ha desarrollado a lo largo de su filmografía. Diálogos rápidos, ironía, un montaje ágil, acompañado de mucha sangre y muchas balas. De alguna manera, Tarantino parece profundizar y agudizar su búsqueda -y en ese ejercicio su propia identidad como director- en el lenguaje del western o, mejor dicho, del spaghetti western.

La historia es más o menos así: un caza recompensas, John Ruth (Kurt Russell), tiene como prisionera a Daisy Domergue (interpretada por una fantástica Jennifer Jason Leigh); Ruth quiere llevar a Daisy a Red Rock, pueblo donde será ejecutada. Sin embargo, esto no parece ser tan sencillo, ya que una fuerte tormenta de nieve se avecina. Su travesía se ve interrumpida además, cuando en el camino encuentran al Major Marquis Warren (Samuel L. Jackson, que una vez más demuestra por qué Tarantino lo quiere en todos sus films), un negro que combatió en la guerra civil estadounidense junto a los soldados del norte, y que actualmente comparte oficio con Ruth; y a Chris Mannix (Walton Goggins), un joven racista que también luchó en la guerra de secesión, pero a favor del sur. La fuerte tormenta hace que Ruth recoja a los hombre en medio del camino; sin embargo, el mal tiempo los obliga parar en un refugio en mitad de trayecto, lugar en el que se encuentran con otros cuatro personajes.

El resto del film se desarrolla practicante en ese lugar, mientras afuera se desata la gran tormenta que con suerte les permite salir. No obstante, y aunque son muy pocas las escenas que ocurren en la nieve, vale la pena destacar el momento en que Mannix y O.B. (el cochero de Ruth, interpretado por James Parks), están construyendo un camino que va del refugio a una letrina. En ese momento vemos a los dos hombres en medio de la tormenta, intentado clavar unas estacas. El sonido diegético se mezcla con la banda sonora (compuesta por Ennio Morricone, otro estandarte del género spaghetti, que nuevamente se luce en su labor). La música se vuelve cada vez más protagónica, generando una fuerte tensión, que vaticina el devenir de algo terrible. En ese momento, no sucede nada, y parece ser una escena sin relevancia,  pero Tarantino maneja a la perfección el suspenso gracias a una cuidada puesta en escena. Asimismo, el desarrollo de gran parte del film en el refugio parece ser una suerte de guiño a The Thing (1982), película donde justamente, también actúa Russell.

Así, y a medida que avanza el relato, el director va componiendo su propio cuadro al interior del refugio, con un montaje que bien sabe cuando cambiar de ritmo; valores de planos; o seguir a los personajes. La oscuridad del interior contrasta con lo blanco de la nieve, así como el rojo de la sangre se hace cada vez más presente en la película. Los seis caballos de la carroza de Ruth, cinco negros y uno blanco, pasan al olvido, para sólo enfocarnos en los personajes, sus rostros, y uno que otro objeto dentro del lugar que Tarantino convierte en piezas claves (macguffin), casi como en una novela policial.

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Sin embargo, tal vez, la mayor particularidad del film reside en Daisy Domergue. Tarantino incorpora un personaje femenino potente y deslumbrante, a un género que suele dejar de lado a las mujeres. La chica está lejos de ser una princesa a la que se debe rescatar, es más bien bruta, ruda, sucia, sin miedo a los golpes, las balas y las malas palabras. Ella, sin duda, está a la altura de los ex soldados, caza recompensas, o vaqueros perdidos en la nieve. Y aunque el trato hacia el personaje interpretado por Jason Leigh, puede ser chocante por el nivel de violencia al que llega, Tarantino propone una igualdad de género, donde las mujeres son tratadas a la par con el sexo masculino, dando un giro en un mundo dominado por los hombres.

Hombres, que por lo demás, no van mejor en la escala valórica. En la película no hay héroes, o buenos. Hay alianzas, sí. Pero son tan frágiles que nadie puede estar seguro. Sin ir más lejos, Mannix, el próximo sheriff del pueblo, no parece poseer sentido de justicia, y es más bien racista, violento, y uno poco bobo. Así los ocho protagonistas del film, tienen una moral cuestionable, que varía de acuerdo a las necesidades de supervivencia, los intereses económicos, o viejas venganzas que salen a la luz. Por lo mismo, la justicia es abstracta, y ésta está en manos de quien desee tomarla. Notable es entonces, cuando el nuevo sicario de Red Rock (interpretado por Tim Roth), le explica a Daisy en qué contextos sería justo en que la asesinaran o no.

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Entonces es probable que cuando menos lo esperemos comience un sangriento y violento tiroteo, o enfrentamiento, que puede dejar fuera del camino a cualquiera.

Y aunque Tarantino parece no tener piedad, y sus personajes tampoco, hay momentos, lo menos por lo demás, donde existe una pequeña humanidad, algo de lealtad, sentimientos quizá, en esta tropa de matones. Y eso, dentro de la sangre, la tormenta de nieve, y la violencia brutal, logra una extraña emoción, donde nos damos cuenta que en la necesidad de sobrevivir a toda costa, hay códigos y lealtades que no se olvidan.

The Hateful Eight se suma al imaginario que el director ha ido construyendo a lo largo de su filmografía, y en especial a lo realizado en Inglourious Basterds (2009) y Django Unchained (2012). Es en esta empresa donde pareciera que Tarantino está registrando su marca, que recoge del western lo que mejor le queda para contar su historia, pero con un sello propio, otorgando así un aire pop y contemporáneo al género de vaqueros.

María Luisa Furche R.

Nota comentarista: 9/10

Título original: The Hateful Eight. Dirección: Quentin Tarantino. Guión: Quentin Tarantino. Fotografía: Robert Richardson. Montaje: Fred Raskin. Música: Ennio Morricone. Reparto: Samuel L. Jackson, Kurt Russell, Jennifer Jason Leigh, Demian Bichir, Walton Goggins, Tim Roth, Bruce Dern, Michael Madsen, James Parks, Dana Gourrier, Zoë Bell, Channing Tatum, Lee Horsley, Gene Jones, Keith Jefferson, Craig Stark, Belinda Owino. País: Estados Unidos. Año: 2015. Duración: 167 min.

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Una respuesta a Los ocho más odiados (Quentin Tarantino, 2015)

  1. Gonzalo Díaz dijo:

    Hola, soy Gonzalo Díaz, también escribo en este sitio y hace unos días fui a ver The Hateful 8. La verdad no fui con la postura del fiel feligrés de Tarantino puesto que no lo soy, así que igual eso contribuyó a cierta objetividad ajena al furor hormonal que su cine suscita. De partida, de spaguetti western no tiene nada, con mucha suerte los parajes pueden tanto hacer referencia a El gran silencio del maestro Sergio Corbucci, pero tampoco tiene tanta importancia. La música es fenomenal, pero la partitura de Morricone no remonta a este género, todo lo contrario, hace pensar en algo siniestro, en algo más proximo al misterior y lo tenebroso. No estoy diciendo que todo lo mencionado sea en detrimento del filme, pero hay que ser más riguroso.
    Este señor, desde Jackie Brown, que no le veo algo interesante y creí que la película de turno lo sería, y lo cierto es que es más interesante que el vacío creativo que se expande después del filme protagonizado por Pam Grier (Las dos Kill Bill, Death Proof, Bastardos y Django sin cadenas).
    ¿Hay atmósfera?, sí, la hay, y da cuenta de cierta maduración, pues es una atmósfera similar al inicio de Los bastardos sin gloria solo que esa atmósfera se produce en solo una escena (la única que me gustó de esa película), en cambio aquí es en toda la película, cuestión que se vuelve un tedio ya que se pierde la capacidad de asombro.
    ¿La foto es hermosa?, lo es, pero ¿para qué ocupar 70 mm si todo transcurre en una cabaña?, que desaprovechado y pretencioso a la vez.
    ¿Hay tensión?, sí, pero convengamos que la “tensión” tiene su limite, más allá de eso es dilatación, y en el filme de Tarantino sucede eso. Si vas a dilatar algo con “diálogos con estilo” no solo da cuenta de majadería y un exacerbado amor propio (cuestión que los fan boys adoran, por eso lo justifican como si fuese un gran líder), sino que su película se escapa hacia zonas que no interesan mucho, solo hacen mas duro el asiento. Por algo se emplea el recurso de narrar lo que no fuimos capaces de descubrir en este Adivina quien? de tres horas. Eso quiere decir que tan inteligente no es. De acuerdo, es una propuesta nueva para lo que estamos acostumbrado en la senilidad de su cine desde Kill Bill, pero tampoco lo salva.
    En lo personal, pienso que no es la peor película de Tarantino, igual se agradece que no repita la formula de la “venganza” de la cual me tenía saturado. Es un filme que tiene sus momentos y la violencia de verdad que perturba (no hace reír como sus otras obras), pero más allá de eso no tiene mucho. El supuesto “misterio” que esconde la trama es algo poco trascendente, que genera mucha expectación y poca sorpresa, por lo tanto, no sacrificaría de nuevo tantas horas para sorprenderme nuevamente y, más encima, de modo tan breve. Es buena dentro de lo que se le puede rescatar, pero es inútil en cuanto a innovación.
    PD: el western ya es pop por si mismo, no necesita “cosas pop” para ser más pop. Es un valor intrínseco.
    Saludos.

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